La primera quincena de junio dejó una señal contundente para los mercados agrícolas: los fondos de inversión volvieron a imponer las reglas del juego. La liquidación de posiciones compradoras en Chicago provocó una fuerte corrección en soja, maíz y trigo, arrastrando las cotizaciones internacionales y generando incertidumbre entre productores, exportadores e industriales.
Sin embargo, detrás del movimiento financiero aparece una realidad mucho más compleja. Los fundamentos de oferta y demanda que habían quedado parcialmente relegados durante los últimos meses vuelven a ocupar el centro de la escena y comienzan a mostrar que la campaña 2026/27 podría presentar escenarios muy diferentes para cada cultivo.
Esa es una de las principales conclusiones que surge de los informes de mercado elaborados por Javier Buján y Marcelo Yasky, de la consultora KIMEI, junto con la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ).
Los fondos apretaron el botón de venta
Durante buena parte de 2026, los mercados agrícolas convivieron con una importante acumulación de posiciones compradoras por parte de fondos especulativos. Esa apuesta comenzó a construirse en febrero, cuando el mercado intentaba anticipar riesgos climáticos, tensiones geopolíticas y una eventual recuperación de la demanda.
Pero junio marcó un cambio de humor.
En soja, la falta de avances concretos en las compras de China a Estados Unidos aceleró la salida de posiciones alcistas. En paralelo, Brasil sigue abasteciendo agresivamente al mercado mundial con una cosecha récord, mientras las condiciones climáticas estadounidenses acompañan el desarrollo de los cultivos.
En maíz ocurrió algo similar. Los fondos decidieron reducir exposición y trasladar capital hacia activos considerados más seguros, profundizando una tendencia bajista que ya venía insinuándose desde mayo.
Incluso el trigo, que posee fundamentos más favorables, quedó atrapado en esa corriente vendedora. Sin embargo, los analistas consideran que allí podría encontrarse una de las diferencias más importantes para los próximos meses.
El mercado vuelve a mirar la oferta real
Cuando el dinero especulativo pierde protagonismo, los mercados agrícolas suelen volver rápidamente a las variables tradicionales: producción, consumo, exportaciones y stocks.
Y es precisamente allí donde comienzan a aparecer señales interesantes.

Según los balances proyectados por el USDA y analizados por KIMEI, la soja enfrenta un escenario relativamente cómodo desde el punto de vista de la oferta global. Las existencias mundiales se mantienen elevadas y la demanda todavía no muestra una aceleración capaz de absorber rápidamente ese volumen disponible.
La situación del maíz es distinta.
Aunque el mercado atraviesa actualmente una etapa de abundante disponibilidad, las proyecciones para 2026/27 muestran una reducción significativa de la producción estadounidense por menor superficie sembrada y una caída de los stocks mundiales proyectados.
El trigo, en cambio, comienza a exhibir algunos de los fundamentos más alcistas entre los grandes cultivos.
El trigo podría transformarse en la sorpresa del próximo ciclo
Mientras la soja continúa luchando contra una oferta abundante y el maíz intenta encontrar un piso, el trigo empieza a mostrar señales de mayor tensión estructural.
El informe de junio destaca que la producción mundial proyectada para 2026/27 caería en aproximadamente 24 millones de toneladas, con retrocesos previstos en Estados Unidos, Argentina, Australia, Canadá, Rusia, Ucrania y la Unión Europea.
El dato no es menor.
La campaña 2025/26 tuvo la particularidad de registrar buenas producciones en prácticamente todos los grandes exportadores del mundo. Repetir ese escenario parece poco probable, especialmente cuando empiezan a aparecer problemas climáticos en distintas regiones productivas.
En Estados Unidos, por ejemplo, el trigo de invierno ya muestra deterioros asociados a la falta de precipitaciones y las perspectivas de siembra para el próximo ciclo resultan menos ambiciosas que las actuales.
Al mismo tiempo, la demanda mundial sigue creciendo y algunos analistas observan con atención la posibilidad de que China vuelva a incrementar su participación como comprador internacional luego de varios años de utilizar sus propios inventarios.
China vuelve a ser la gran incógnita
Si existe una variable capaz de modificar rápidamente las expectativas de los mercados agrícolas, esa es China.
Para la soja, la falta de compras estadounidenses es actualmente uno de los principales factores bajistas. El gigante asiático continúa priorizando el abastecimiento desde Brasil, donde la cosecha récord le permite acceder a mercadería abundante y competitiva.

Sin embargo, en trigo la situación podría ser diferente.
Los informes destacan que los stocks chinos habrían comenzado a reducirse respecto de campañas anteriores, abriendo la puerta a una mayor actividad importadora en el futuro.
Para los operadores internacionales, cualquier modificación en el comportamiento de compra chino tiene capacidad para alterar rápidamente el equilibrio global de precios.
Lo que ocurre en Argentina importa más de lo que parece
Mientras Chicago concentra la atención mediática, el mercado argentino continúa mostrando particularidades propias.
En soja, el comportamiento de la industria aceitera está funcionando como un factor de contención para los precios. Los buenos márgenes de molienda permiten que parte de esa rentabilidad se traslade a la compra de mercadería, amortiguando parcialmente las bajas externas.
A esto se suma un dato que merece atención: todavía existe un enorme volumen sin precio definido.
Según los cálculos de KIMEI, permanecen sin precio unas 40,3 millones de toneladas de soja, equivalentes al 79,3 % del volumen total pendiente de comercialización.
En maíz ocurre algo similar. Más de 34 millones de toneladas permanecen sin precio fijado, mientras que aún resta comercializar alrededor de un tercio de la oferta disponible.
En trigo, aunque el porcentaje comercializado es mucho más elevado, el mercado presenta una fuerte segmentación entre exportación e industria molinera. Mientras los valores de exportación rondan los US$ 210 por tonelada, determinados molinos llegan a convalidar entre US$ 250 y US$ 330 para calidades específicas.
El clima será el árbitro del segundo semestre
La gran pregunta que hoy se hacen productores y operadores es si las bajas recientes representan una oportunidad comercial o el inicio de una etapa más prolongada de debilidad.
La respuesta todavía depende de factores que recién comenzarán a definirse durante las próximas semanas.
El desarrollo climático de los cultivos en Estados Unidos será determinante para soja y maíz. Cualquier episodio de estrés hídrico durante julio o agosto podría modificar rápidamente las estimaciones productivas y provocar una reacción alcista.
En trigo, el foco estará puesto en la evolución de las cosechas del hemisferio norte y en la confirmación de los recortes productivos proyectados para la próxima campaña.
La conclusión que deja junio
El mercado agrícola acaba de recordar una vieja lección: los fondos pueden mover los precios durante semanas, pero los fundamentos terminan definiendo las tendencias de fondo.
Hoy la soja enfrenta un escenario desafiante por la abundancia de oferta y la falta de señales claras desde China. El maíz atraviesa una etapa de transición, con valores deprimidos pero con balances futuros más ajustados. Y el trigo emerge como el cultivo que reúne la mayor cantidad de argumentos para sostener una recuperación si se consolidan los problemas productivos previstos para 2026/27.
Por eso, detrás de las bajas que preocuparon al mercado durante junio, podría estar comenzando a construirse una nueva etapa. Una etapa donde ya no será suficiente mirar únicamente a los fondos de inversión, sino que habrá que volver a observar de cerca aquello que siempre termina definiendo el negocio agrícola: el clima, los stocks y la demanda mundial.


