El Mercosur elevó la presión diplomática sobre la Unión Europea (UE) en la recta final de las negociaciones del acuerdo de libre comercio que ambas partes discuten desde hace más de dos décadas. Tras una reunión en Río de Janeiro, los cancilleres de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay advirtieron que las salvaguardas agrícolas propuestas en Bruselas deben ajustarse estrictamente a lo ya pactado y no pueden introducir restricciones adicionales a los productos sudamericanos.
En un comunicado conjunto, los ministros de Relaciones Exteriores afirmaron que “la adopción de cualquier reglamento sobre salvaguardas entre las partes tiene que estar en plena conformidad con lo que ya fue pactado en el Acuerdo”, y recordaron que tales mecanismos deben respetar además las normas multilaterales de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El corazón de la disputa: el agro
La tensión surge por la presión de agricultores europeos, principalmente en Francia e Irlanda, que reclaman mayores protecciones frente a las exportaciones de carne vacuna, granos y alimentos del Mercosur. Para los países sudamericanos, aceptar nuevos condicionamientos equivaldría a vaciar de contenido el capítulo agrícola, considerado la mayor conquista del tratado.
Los cancilleres también remarcaron que el Mercosur se reserva el derecho de aplicar sus propias salvaguardas si fuera necesario, un gesto que busca equilibrar el juego político frente a Bruselas.
La urgencia de firmar antes de diciembre
El debate se acelera en un año clave. Brasil ejerce la presidencia temporal del Mercosur hasta diciembre, y el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva considera prioritario dejar sellado el acuerdo durante su mandato.
En ese sentido, la Comisión Europea propuso recientemente un pacto interino, que permitiría aplicar de manera provisional la reducción de aranceles y las concesiones comerciales, sin necesidad de ratificación inmediata en los parlamentos de los 27 Estados miembros. Ese mecanismo agilizaría la apertura de mercados, aunque el acuerdo completo —que incluye disposiciones políticas y ambientales— deberá esperar más tiempo.
Nuevas fronteras comerciales
La cumbre en Río de Janeiro no se limitó a la agenda con Europa. Los cancilleres firmaron un acuerdo de libre comercio con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), integrada por Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia, lo que habilita un mercado de casi 300 millones de consumidores y un PIB superior a 4,3 billones de dólares.
Asimismo, el bloque sudamericano expresó su firme propósito de concluir este año las negociaciones con Emiratos Árabes Unidos, confirmó la retomada del diálogo con Canadá el 9 y 10 de octubre y se comprometió a ampliar el acuerdo de preferencias arancelarias con India. También se destacan los diálogos exploratorios con Vietnam, Indonesia y Japón, que buscan consolidar la proyección asiática del bloque.
Lo que está en juego para el agro del Mercosur
El capítulo agrícola del acuerdo con la UE es el más sensible y estratégico: define el acceso preferencial de carne vacuna, maíz, soja, frutas y alimentos procesados a un mercado de más de 440 millones de consumidores de alto poder adquisitivo.
Cualquier intento de modificar esas condiciones mediante nuevas salvaguardas es visto como una amenaza a los beneficios esperados para productores y exportadores. Para el Mercosur, garantizar que el texto se respete es esencial para transformar el acuerdo en un motor de crecimiento para el agro y la industria alimentaria regional.
El reloj avanza hacia diciembre. El Mercosur apuesta a dejar cerrado uno de los acuerdos comerciales más ambiciosos de su historia, pero el éxito dependerá de que Bruselas no ceda a las presiones internas que buscan blindar a sus agricultores.





