Hermanos Soneira rotan soja y maíz en Formosa estilo Brasil y logran doble cosecha gruesa

Una combinación de clima subtropical, tecnología y manejo intensivo permitió que productores formoseños entregaran el lote “primicia” de soja del ciclo 2025/26: un lote certificado que cumplió los requisitos de la Bolsa de Comercio de Rosario y fue subastado con fines solidarios. El remate se concretó el 24 de abril y la tonelada se pagó a 1,8 millones de pesos; el comprador fue el Banco Macro y lo recaudado se destinó a un programa de UNICEF. El lote, con un rendimiento promedio de 38 quintales por hectárea, sumó 36 toneladas y salió desde la planta de Renova SA en Timbúes.

La experiencia de los hermanos Diego y Gabriel Soneira, socios de Santa Cecilia SRL, ejemplifica cómo en partes del norte argentino se está adoptando un esquema de doble cosecha al estilo brasileño: siembras tempranas de granos de verano seguidas de un ciclo tardío que permite volver a sembrar en la misma campaña aprovechando humedad y temperaturas. Esto plantea oportunidades productivas, pero también exige mayor trabajo, vigilancia fitosanitaria e inversión en tecnología.

La explotación a la que pertenece el lote reconocido está ubicada a unos 15 kilómetros de Subteniente Perín, en Formosa, cerca del límite natural con Chaco marcado por el río Bermejo. Allí sembraron el 1° de septiembre de 2024 variedades de soja DM60i62 ipro en una superficie inicial de 630 hectáreas y cosecharon el 2 de febrero de 2025. Poco después de esa cosecha planificaron una siembra tardía de maíz que esperan recolectar entre julio y agosto próximos.

Un modelo productivo intenso y con alto componente tecnológico

En diálogo con Infocampo, los Soneira describieron un sistema de rotación pensado para mantener el suelo cubierto y activo, con el objetivo de incrementar materia orgánica e infiltración. La zona cuenta con un régimen pluviométrico cercano a la isoyeta de 1000 mm anuales y un largo periodo libre de heladas, condiciones que favorecen la intensificación en secano.

Sin embargo, esa ventaja climática trae desafíos: mayor presión de malezas, insectos y enfermedades. Para mitigarlos, la explotación incorpora tecnologías de protección IPRO, siembra directa y una fuerte dependencia de aplicaciones realizadas por drones —una respuesta a la imposibilidad de entrar a ciertos lotes con maquinaria terrestre debido a humedad o irregularidad del terreno. La siembra, en cambio, se mantiene con métodos convencionales de siembra directa.

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Los hermanos también señalaron que, aunque la práctica recuerda a lo que se hace en áreas agrícolas de Brasil, es todavía poco habitual en muchas provincias argentinas. Asesoran y producen en Chaco y Santiago del Estero y, según explicaron, no han visto esquemas similares con tanta continuidad en esas regiones.

Pautas agronómicas y manejo para sostener la doble cosecha

Una rotación tan intensa exige ajustes en fertilización, fecha y densidad de siembra y manejo de residuos. Entre las pautas que aplican:

  • Analizan el perfil hídrico antes de decidir la siembra temprana: solo avanzan si el perfil de agua está lleno, lo que consideran una medida defensiva clave.
  • Monitoreo continuo para la fertilización: reconocen que los maíces de primavera suelen requerir mayor aporte porque la mineralización del suelo en invierno es más lenta.
  • Rotación diversificada y uso de materiales resistentes para mitigar problemas como el spiroplasma de maíz; en algunos lotes repiten maíz sobre maíz para aumentar carbono y asegurar rendimiento.
  • Ensayos con grupos CREA para definir densidades y calendarios de siembra adaptados a la zona, ya que los parámetros convencionales del centro y sur del país no siempre funcionan aquí.

Además, experimentan con otros cultivos como porotos y algodón, que ya muestran resultados prometedores en ensayos previos. La clave, dicen, es mantener el suelo cubierto y activo: en Formosa la temperatura media supera por un par de grados a la de provincias vecinas, lo que acelera la descomposición del rastrojo y obliga a una estrategia de cobertura permanente.

Infraestructura, logística y la idea de un potencial subexplotado

Más allá del clima y la técnica, los productores destacan que parte de las limitaciones históricas para el desarrollo agropecuario en Formosa responden a la intensidad del trabajo requerido y a la falta de adaptación de prácticas por parte de quienes no están habituados a lluvias concentradas y crecimiento vegetativo acelerado.

En cuanto a logística, los hermanos cuestionan la percepción de que Formosa está aislada: tras medir distancias y recorrer rutas, aseguran que la provincia cuenta con una red vial asfaltada de extensión y calidad comparables o superiores a las de Chaco o el norte de Santiago del Estero. Reconocen que aún faltan servicios y una oferta consolidada de contratistas, pero ya se están armando circuitos de logística para atender la demanda.

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Otro factor atractivo es el precio relativo de las tierras, todavía por debajo del promedio de otras provincias agrícolas; los productores esperan que, como ocurrió en otras regiones, el valor inmobiliario acompañe el desarrollo productivo una vez que se consolide la inversión y la cadena de servicios.

Implicancias y desafíos para escalar el sistema

El caso de Santa Cecilia SRL sirve como muestra de que la intensificación responsable puede aumentar la producción en zonas subtropicales del país, pero también subraya la necesidad de inversiones en tecnología, capacitación y servicios de apoyo. Escalar este modelo requiere:

  • Mejor monitoreo fitosanitario y protocolos regionales para el manejo de plagas emergentes.
  • Programas de asistencia técnica que difundan buenas prácticas de fertilización y conservación del suelo.
  • Incentivos para el desarrollo de infraestructura de transporte y una red de contratistas especializada en trabajos con drones y maquinaria adaptada.
  • Políticas que acompañen la adaptación de productores tradicionales a sistemas de alta intensidad y continuidad.

Si se consolidan esas condiciones, Formosa podría ampliar su participación en la oferta nacional de granos, sumando rendimientos y doble ciclo productivo sin agotar recursos. La prueba de fuego será lograr que más productores adopten las técnicas adecuadas y que la cadena logística y de servicios evolucione al ritmo de la producción.

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