Javier Milei eligió el escenario con más peso simbólico del agro para consolidar una narrativa que combina señales económicas con un pedido político: apoyo explícito al rumbo del Gobierno.
En una jornada fresca y soleada por momentos, el mandatario irrumpió en la pista central en la caja de una pickup negra, flanqueado por su hermana Karina Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo. Fue recibido por el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino, quien luego le entregaría un pisapapeles con el logo de la entidad, en un gesto que rememoró una anécdota del año anterior. Las tribunas estaban repletas. El campo, expectante.
Frente al público, Milei desplegó una batería de anuncios. Confirmó una rebaja de los derechos de exportación que afectará a los principales productos del agro: la carne aviar y vacuna pasarán de tributar 6,75% a 5%; el maíz y el sorgo, de 12% a 9,5%; el girasol bajará a 5,5% y 4%, según el caso; la soja, de 33% a 26%; y sus subproductos, de 31% a 24,5%.
“No les pedimos que nos den las gracias, sino que nos acompañen sosteniendo este rumbo”, afirmó. “Estas reducciones son permanentes y no tendrán vuelta atrás mientras yo esté en el Gobierno”, subrayó Milei, buscando cerrar una grieta histórica con el campo.
“Tienen un Presidente que los respeta”
El discurso presidencial combinó promesas económicas, apelaciones emotivas y un mensaje electoral. “El campo tiene que apoyar este modelo, que respeta la libertad, premia el mérito y quiere devolverle al productor lo que es del productor: el fruto de su esfuerzo”, dijo Milei en un pasaje clave.
También apeló a la historia y a Juan Bautista Alberdi: “Cultivar el suelo es hacer Patria”, repitió, tras definir al agro como el motor económico más productivo del país. “Ustedes generan casi todas las divisas netas”, enfatizó, cuestionando la histórica carga fiscal sobre el sector.
Luego se permitió una defensa cerrada de su política exterior y sus numerosos viajes, criticados por dirigentes de la oposición y hasta por su vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien estuvo ausente pese a haber confirmado su presencia. “Nuestros viajes al exterior han sido de provecho económico para el país”, sostuvo. “Es curioso que los critiquen quienes usan los viáticos del Congreso para pasear o hacer política”, lanzó, sin disimular la tensión interna.
En el cierre, arengó al público con un mensaje que condensó su visión: “Tienen un Presidente que valora y respeta al sector agropecuario entero. Estoy seguro de que muy pronto ustedes también comenzarán a ver los frutos de este plan, del cual todos ustedes son parte indispensable. ¡Viva la libertad, carajo!”.
La Rural acompañó, pero mantuvo el reclamo
El presidente de la SRA, Nicolás Pino, dio su discurso antes que el mandatario. Fue elogioso, pero firme. “Desde 2002, el campo aportó más de 200.000 millones de dólares por retenciones. ¿Dónde está ese dinero?”, preguntó, cuestionando con dureza a los gobiernos anteriores.
“Eliminarlas no es un capricho. Es una necesidad”, dijo. Aunque reconoció los avances del Gobierno, insistió en que el objetivo debe ser llegar al “cero retenciones”. Su único traspié fue un lapsus que despertó risas: quiso decir “más temprano que tarde” y dijo “más tarde que temprano”, pero enseguida corrigió el furcio.
Pino también se metió en la discusión sobre la presión impositiva a nivel provincial y municipal. “Algunas provincias cobran ingresos brutos que superan el peso de las retenciones”, alertó. Y agregó: “Las tasas viales se pagan, pero los caminos no se mejoran”.
Además, envió un mensaje institucional con un fuerte respaldo al accionar judicial contra la corrupción. Aplaudió la condena a Cristina Kirchner y repudió la expropiación de YPF, en un dardo directo al gobernador Axel Kicillof.
Un cierre con gestos y símbolos rurales
La jornada tuvo también una fuerte carga simbólica. Tras los discursos, Milei se fundió en un abrazo con Pino e intercambiaron los textos. Luego, el Presidente saludó a funcionarios, recibió una cucarda de un jinete, y hasta subió a una cosechadora que detuvo su marcha solo para que pudiera abordarla.
Antes de retirarse, pasó por el pabellón 9 a ver los caballos de polo de La Dolfina y recibió un casco de manos del polista Adolfo Cambiaso. Todos gestos pensados, medidos, para sellar el mensaje: el Gobierno quiere al campo como socio estratégico y aliado electoral.





