Las lluvias que azotaron el norte de Santa Fe en los últimos meses ya no son un hecho puntual: en amplias zonas se acumularon volúmenes que equivalen a una temporada completa en apenas semanas. En varios puntos se registraron acumulados superiores a 1.000 milímetros y episodios de 200 a 350 mm en pocos días. Con suelos saturados y sin capacidad de infiltración, hay campos anegados donde las cosechadoras no pueden entrar, cultivos sin levantar y vías rurales intransitables que impiden trasladar la producción y agravan una campaña que se va deteriorando día a día.
Héctor Faín, productor en Villa Minetti (departamento 9 de Julio), describe la situación como caótica: afirma tener alrededor de 70.000 hectáreas afectadas en la zona, con sectores donde el agua supera el metro de profundidad. Con maíz y soja listos para cosechar, hoy no hay forma de avanzar y cada jornada que pasa incrementa el riesgo de pérdidas y la degradación de granos.
En lo que va del año, Faín reporta registros próximos a 1.035 mm en su zona, cerca de un 40% por encima de la lluvia habitual anual. Más allá del volumen, el problema es que el agua no se evacua: la planicie regional no facilita el escurrimiento y las napas están al tope, por lo que el agua se mantiene estancada durante semanas.
En muchos campos, las áreas elevadas que normalmente quedan a resguardo también terminaron anegadas. La soja, que en varias áreas ya estaba en inicio de cosecha, es la más comprometida: con el paso del tiempo la calidad del grano cae y el rendimiento potencial se reduce, advierten los productores.
A pocos kilómetros, el productor y asesor Amílcar Martel confirma el mismo panorama: sus 200 hectáreas de soja están completamente bajo agua, con niveles entre 30 y 50 centímetros. Además, relata pérdidas de insumos almacenados —por ejemplo fertilizantes que se echaron a perder tras la entrada del agua— y la necesidad de mover la hacienda en busca de lugares secos, con la consiguiente merma en la ganancia de peso de los animales.
Situación
En el departamento Vera también reportan un panorama crítico. Lluvias intensas recientes —de entre 200 y 350 mm— terminaron de saturar las cuencas bajas y volvieron a complicar el normal desarrollo de la campaña regional. Productores y técnicos señalan que la reiteración de episodios extremos pone en evidencia deficiencias estructurales: falta de mantenimiento de canales, ausencia de obras de drenaje y una red vial rural insuficiente para garantizar conectividad en situaciones de emergencia.
La limitada infraestructura obliga a medidas de emergencia: traslado de hacienda por largas distancias, alquiler temporal de campos a precios elevados, ventas forzadas de ganado y contratiempos en campañas de prevención sanitaria, como la vacunación antiaftosa. En muchos casos, aun pudiendo cosecharse, no existe manera práctica de sacar la cosecha porque los caminos quedaron cortados.
Desde la Sociedad Rural local, su presidente Sebastián Volkart advierte que estos episodios dejan de ser extraordinarios y pasan a constituir un problema recurrente: cada lluvia intensa reaviva las mismas falencias —viales, hídricas y de conectividad— que terminan impactando de forma directa en la rentabilidad y la sustentabilidad de las explotaciones.
Ante la emergencia, la entidad reclamó a las autoridades provinciales medidas inmediatas y de largo plazo: mejora de la red vial rural, obras hídricas que permitan evacuar excedentes, alivio fiscal y acceso a financiamiento para los productores, agilización de trámites para declarar la emergencia y medidas transitorias como flexibilizar requisitos para el traslado de ganado y habilitar corrales temporarios para pequeños productores.
En un documento dirigido al gobierno provincial la Sociedad Rural de Vera subrayó que el problema responde a una combinación de factores climáticos y déficit de infraestructura, y señaló que el departamento —con más de 22.300 km2— necesita decisiones políticas y planificación estratégica que incluyan mantenimiento de canales, recuperación de trazas y proyectos de almacenamiento y desagüe.
Expertos consultados apuntan además a la necesidad de medidas prácticas a corto plazo para mitigar el daño: habilitar corredores de emergencia, priorizar arreglos de accesos a silos y chacras, facilitar maquinaria con orugas o equipos de alto flotación para operaciones en suelos blandos, y fortalecer líneas de crédito y seguros agrícolas para los productores que enfrentan pérdidas. A mediano y largo plazo, subrayan, serán necesarias inversiones sostenidas en infraestructura hídrica y un plan de mantenimiento de la red rural para reducir la vulnerabilidad ante futuros eventos pluviométricos extremos.





