Río Negro propone sumar 10.000 hectáreas para producir más maíz y evitar importaciones

De la mano de la explosión ganadera, la provincia del norte patagónico duplicó en los últimos años su producción de maíz. No obstante, aún “pierde” cada año unos U$S 20 millones para traer el cereal de otras provincias y cubrir toda su necesidad de alimentación animal.

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Río Negro está reconfigurando su mapa agropecuario con una apuesta clara: más maíz y más riego para alimentar una ganadería en expansión.

El cambio ya duplica la superficie implantada con maíz y plantea la posibilidad de convertir a la provincia en un referente agropecuario en la región patagónica.

EL MAÍZ QUE NECESITA RÍO NEGRO

Tras cinco fines de semana consecutivos de exposiciones rurales, la provincia exhibió resultados de una política sostenida entre Estado y productores.

El área maicera pasó de 12.000 a 28.000 hectáreas, las pasturas y forrajes superan las 50.000 hectáreas y aún persiste un déficit de 103.000 toneladas anuales que obliga a compras externas.

Ese vacío tiene un impacto económico directo: según la Provincia, cubrir la demanda local evita la salida de divisas y costos logísticos por alrededor de U$S 22 millones al año.

En las ferias, productores, cabañeros y autoridades resaltaron que la expansión agrícola complementa la cadena de valor ganadera y genera oportunidades de inversión privada.

La genética bovina acompañó ese avance y la provincia pasó de 10 a 25 cabañas con reproductores premiados en el circuito patagónico.

El rodeo provincial subió de 400.000 a 700.000 cabezas, la eficiencia reproductiva mejoró de 52 % a 62 % y la faena alcanzó unas 170.000 cabezas anuales.

INFRAESTRUCTURA Y RIEGO, LAS CLAVES DEL MAÍZ NORPATAGÓNICO

La estrategia institucional es nítida: infraestructura para riego y electrificación que reduzca costos y acorte la cadena entre cultivo y feedlot.

Más maíz, alfalfa y pasturas cerca de los rodeos implican menores fletes, más recría, mayor engorde y una mayor fracción del valor agregado quedando dentro de la provincia.

Regiones como Valle Azul, Cervantes y el Alto Valle muestran la coexistencia viable de riego, maíz y producción de carne, mientras el Valle Medio concentra cerca del 50 % de los animales que se engordan y unas 11.000 hectáreas de forrajeras.

En el Valle Inferior la agricultura ya es una base creciente para la actividad ganadera y en General Conesa la electrificación del Plan Castello sentó las condiciones para ampliar producción en Guardia Mitre y Negro Muerto.

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La Provincia ya proyecta obras para Margen Norte y la modernización de sistemas existentes, buscando consolidar áreas bajo riego y reducir la volatilidad climática.

Ese paquete de infraestructura pretende sostener la expansión agrícola que demanda la cadena cárnica y atraer inversiones privadas que agreguen valor localmente.

Inversión, políticas y herramientas financieras

Río Negro obtuvo U$S 60 millones del Banco Interamericano de Desarrollo para ampliar riego y electrificación en distintas regiones productivas.

Además, el gobierno sumó recursos por $10.000 millones para sistemas de riego agrícola y el PAR Maquinaria por $3.000 millones para equipamiento agropecuario y forrajero.

Las líneas de financiamiento, garantías y programas de maquinaria buscan reducir el costo de entrada para productores que quieran escalar hectáreas y productividad.

En paralelo, se actualizaron las leyes de Marcas y Señales, Fauna y Carnes, resultado de un trabajo conjunto entre entidades rurales, el Ministerio de Desarrollo y la Legislatura.

El gobernador Alberto Weretilneck subrayó que hacen falta unas 10.000 hectáreas más para lograr el autoabastecimiento forrajero y que la importación actual le cuesta a la provincia alrededor de U$S 22 millones por año.

La consigna oficial es clara: producir acá lo que hoy se compra afuera para retener valor, empleo y divisas dentro de la economía provincial.

El potencial de Río Negro para asemejarse a un “Corn Belt” regional depende ahora de decisiones sobre riego, conectividad, mercado y manejo ambiental.

Si las obras, el financiamiento y la adaptación climática se mantienen, la expansión del maíz y los forrajes puede traducirse en más carne terminada localmente y beneficios directos para productores y consumidores.

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