domingo 1 febrero 2026

Nuevas técnicas genómicas: ¿revolución o riesgo para la agricultura europea?

La Unión Europea avanza en la desregulación de las nuevas técnicas genómicas, un avance que promete transformar la agricultura, pero que no está exento de controversias y desafíos.

La agricultura europea se enfrenta a una encrucijada tecnológica. La introducción de las nuevas técnicas genómicas (NTG) abre una ventana de posibilidades para transformar los cultivos agrícolas, mejorando la productividad y resistencia de las plantas. Sin embargo, este avance científico también genera intensos debates sobre sus impactos ambientales, sociales y económicos. Mientras que algunos defienden las NTG como una herramienta indispensable para afrontar los retos del cambio climático y la seguridad alimentaria, otros alertan sobre los riesgos que podrían traer consigo, especialmente en un continente donde la regulación de los organismos modificados genéticamente (OMG) ha sido históricamente estricta.

Nuevas técnicas genómicas: ¿qué son y cómo afectan a los cultivos?

Las nuevas técnicas genómicas son un conjunto de herramientas avanzadas que permiten modificar el ADN de las plantas con una precisión y rapidez mucho mayores que los métodos tradicionales. A diferencia de los OMG, que incluyen genes de otras especies, las NTG modifican los propios genes de la planta, lo que las hace más naturales, o al menos eso argumentan sus defensores. En términos sencillos, se trata de crear cultivos con características mejoradas, como mayor resistencia a plagas, sequías o enfermedades, sin necesidad de introducir genes extraños.

Una de las grandes ventajas que promueven sus defensores es que los cultivos modificados mediante NTG podrían adaptarse mejor a condiciones adversas. Esto incluye la capacidad de resistir periodos de sequía prolongados o temperaturas extremas, dos de los efectos más preocupantes del cambio climático. Además, los cultivos obtenidos con NTG podrían necesitar menos pesticidas y fertilizantes, lo que contribuiría a una agricultura más sostenible y menos perjudicial para el medio ambiente.

Otro punto importante es que estas nuevas tecnologías también podrían mejorar la calidad nutricional de los alimentos. Por ejemplo, los cereales modificados genéticamente para reducir el gluten podrían ofrecer soluciones a las personas con intolerancia a esta proteína, una cuestión de salud creciente en muchas partes del mundo.

La reacción de los consumidores y los agricultores

A pesar de las promesas que conllevan las NTG, la opinión pública en Europa sigue siendo escéptica. En ciudades como Berlín, Lyon y Varsovia, los consumidores han expresado su preocupación sobre los posibles efectos secundarios de estas nuevas tecnologías. En general, muchos se muestran dispuestos a aceptar los beneficios de las NTG, pero solo si se llevan a cabo estudios más exhaustivos y se garantiza que no haya riesgos para la salud o el medio ambiente. Además, la transparencia juega un papel clave: los consumidores quieren saber si están comprando productos modificados mediante estas técnicas. Es por eso que la mayoría de los entrevistados en las encuestas realizadas en Europa coinciden en que estos productos deben ser etiquetados correctamente, para que cada persona pueda tomar decisiones informadas.

Desde el punto de vista de los agricultores, las NTG también generan incertidumbre. Mientras que algunos ven en ellas una forma de mejorar la productividad de sus cultivos y adaptarse mejor a los desafíos climáticos, otros temen que estas innovaciones sean dominadas por grandes corporaciones agroquímicas, lo que podría restringir el acceso a las semillas modificadas y aumentar los costos. La posibilidad de que los monopolios de patentes se hagan con el control de las semillas es una preocupación que no se puede ignorar, especialmente si se considera que las grandes empresas tendrían el poder de fijar precios y restringir el acceso a estas tecnologías.

La Unión Europea y la desregulación de las NTG

La Unión Europea, históricamente estricta con los OMG, ha comenzado a revisar su legislación sobre las NTG. En 2023, la Comisión Europea propuso una nueva regulación que diferencia entre los productos obtenidos mediante NTG y los OMG tradicionales. Los primeros recibirían un tratamiento más flexible, permitiendo su comercialización sin tantas restricciones, mientras que los segundos seguirían sujetos a las estrictas normas de evaluación de riesgos, etiquetado y autorización.

Esta propuesta ha generado reacciones encontradas. Los defensores de las NTG argumentan que su desregulación es una oportunidad única para mejorar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad agrícola en Europa. Por otro lado, los opositores temen que esta flexibilización pueda abrir la puerta a riesgos medioambientales impredecibles y efectos sobre la biodiversidad que no se pueden prever en este momento.

Además, las patentes de las NTG se han convertido en un punto clave del debate. Algunos miembros del Consejo Europeo y del Parlamento Europeo defienden la libre competencia y la posibilidad de que las pequeñas empresas puedan beneficiarse de estas innovaciones, pero otros advierten que la concentración de las patentes en manos de grandes corporaciones podría excluir a los pequeños agricultores y generar monopolios.

La regulación y el futuro de las NTG

A medida que la regulación se sigue desarrollando, es importante reconocer que la situación está evolucionando rápidamente. Aunque varios países europeos, como España, han mostrado un interés favorable hacia las NTG, en otros países se mantienen posiciones más conservadoras, con prohibiciones aún vigentes en algunas regiones. El debate sigue abierto y no hay consenso sobre cuál será el futuro de estas tecnologías en la agricultura europea.

La desregulación de las NTG podría tener implicaciones de gran alcance no solo para la agricultura europea, sino para la seguridad alimentaria mundial. La capacidad de producir alimentos más resistentes, saludables y sostenibles es una necesidad urgente, pero hacerlo de una manera que no ponga en peligro el equilibrio ambiental ni el bienestar de los consumidores es un desafío constante.

La entrada de la inteligencia artificial en la mejora genética también podría marcar un hito en este campo. Investigadores ya están explorando cómo la IA podría ayudar a diseñar cultivos aún más eficientes y resistentes. Aunque este avance podría acelerar el desarrollo de cultivos adaptados a condiciones extremas, también abre nuevas preguntas sobre el control, la transparencia y la equidad en el acceso a estas tecnologías.

El futuro de la agricultura europea está en juego, y las decisiones que se tomen en los próximos años sobre las NTG influirán en la forma en que los agricultores y consumidores se relacionan con la tecnología en el sector agroalimentario. Sin duda, el camino hacia una agricultura más sostenible, equitativa y resiliente depende de cómo se gestionen estas innovaciones científicas en un entorno global cada vez más interconectado y desafiante.

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