Permitanme mantener una postura esceptica respecto al tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Union Europea y sobre cuanto podria beneficiar a la economia argentina. Ese escepticismo no nace de rechazo ideologico al comercio internacional, sino de una evaluacion realista de las fortalezas y limitaciones relativas de Argentina frente a sus socios y compradores potenciales, de la naturaleza de la demanda en los mercados objetivo y de las condiciones en las que se negocio este acuerdo.
En terminos de escala productiva, la diferencia entre Brasil y Argentina en granos y carnes es relevante. Brasil es un competidor con una capacidad de produccion muy superior: millones de toneladas mas de soja, maiz y carne. Esa escala le permite a Brasil aprovechar economias de escala, bajar costos unitarios y competir con mayor agresividad en precios en los mercados internacionales. Desde la perspectiva argentina, enfrentarse a una competencia brasilena de ese tamano dentro del mismo bloque puede limitar la capacidad de crecimiento de nuestras exportaciones si no se adoptan politicas comerciales y productivas especificas para diferenciar nuestra oferta.
Otro punto central es la orientacion actual de los mercados compradores de productos argentinos. Durante las ultimas decadas, la principal demanda de diversos productos clave de la agroindustria argentina ha venido principalmente de paises fuera de la Union Europea: India es uno de los mayores compradores de aceites y grasas vegetales; China lidera la compra de poroto de soja; Vietnam es un actor relevante en importaciones de harina de soja y maiz; otros destinos importantes incluyen a Brasil, Argelia, paises de Medio Oriente y el Sudeste Asiatico para productos como lacteos y pollo. Esta diversificacion regional muestra que el patron exportador argentino esta menos dirigido a Europa que a Asia, Medio Oriente y America Latina. Abrir o consolidar mercados en esos destinos sigue siendo estrategico, incluso si el acuerdo con la UE ofrece ventajas arancelarias.
Ademas, el contexto demografico y de consumo de la Union Europea es distinto al de mercados en crecimiento. Europa es una region con crecimiento poblacional acotado y con tendencias de consumo muy especificas, donde factores como normas sanitarias, trazabilidad, preferencias por productos con certificacion de sostenibilidad y, en algunos segmentos, demanda por productos no transgenicos o con especificaciones de origen cobran un peso mayor. Es decir, no basta con tener acceso arancelario; hay que cumplir estandares tecnicos y cumplir procesos de certificacion que muchas veces implican costos adicionales. En consecuencia, incluso con reducciones arancelarias, la competencia por entrar y ganar espacio en gondolas europeas puede ser compleja y costosa para empresas y productores argentinos.
Otra dimension a considerar es el momento en que se concreta este acuerdo. Se trata de un tratado negociado durante mas de dos decadas, en un mundo que ha cambiado sustancialmente desde que comenzaron las negociaciones. La arquitectura del comercio global y las prioridades geopoliticas han evolucionado: hay un resurgir del bilateralismo, cambios en cadenas globales de valor y una mayor preocupacion por la seguridad alimentaria y las normas ambientales. La UE, por su parte, ha desarrollado un marco regulatorio amplio que, ademas de facilitar comercio para ciertos productos, introduce requisitos y salvaguardias disenadas para proteger a productores europeos y los estandares de sus consumidores. En muchos casos, esas normas implican cargas administrativas y de cumplimiento que elevan los costos de transaccion para los exportadores del Mercosur.
Desde el punto de vista politico, tambien es necesario reconocer motivaciones que van mas alla del puro intercambio economico. Para la Union Europea, un acuerdo con el Mercosur tiene implicaciones geopoliticas: puede ser una forma de mantener influencia en America del Sur ante la creciente presencia de otros actores globales. Para Brasil, en particular, la culminacion del acuerdo responde a intereses de su poderosa agroindustria que busca consolidar nuevos mercados. Para Argentina, los beneficios netos dependeran de como se articulen politicas internas -como incentivos a la transformacion industrial, mejoras en logistica, inversion en trazabilidad y en certificaciones- y de que grado se aprovechen las oportunidades arancelarias sin quedar expuestos a una competencia que erosione precios.
No debe olvidarse la cuestion de las salvaguardas y los subsidios. El texto del acuerdo incluye mecanismos de proteccion temporal y contemplaciones sobre aspectos sensibles, asi como la promesa de mantener ciertos niveles de apoyo a productores europeos. Eso significa que aunque se abran cupos o se reduzcan aranceles, la competencia efectiva en bienes sensibles puede seguir estando condicionada por medidas no arancelarias o por subsidios que distorsionen precios internacionales. En ese marco, las ventajas arancelarias pueden resultar menos determinantes de lo esperado si los mercados europeos mantienen instrumentos para proteger su produccion interna.
Desde una mirada practica, lo que podria maximizar los beneficios para Argentina es una estrategia combinada: diversificar y profundizar relaciones con mercados donde ya tenemos posicionamiento creciente (Asia, Medio Oriente, Africa), aumentar el valor agregado de nuestras exportaciones (industrializacion y procesamiento local de commodities), mejorar infraestructura logistica y de comercializacion, y adoptar politicas de promocion que faciliten el cumplimiento de normas sanitarias y ambientales exigidas por la UE. Tambien es importante fortalecer la capacidad de las pymes agroindustriales para cumplir requisitos de trazabilidad y acceder a certificaciones que abran segmentos de mercado con mayor valor.
En sintesis, el acuerdo Mercosur-UE puede ofrecer oportunidades para determinados sectores argentinos, especialmente aquellos capaces de cumplir requerimientos de calidad y trazar nichos diferenciados (como ciertos vinos, citricos y carnes con certificacion especifica). Sin embargo, las ganancias no son automaticas ni uniformes. La diferencia de escala con Brasil, la orientacion de nuestros principales compradores hacia otras regiones, las exigencias regulatorias europeas y las salvaguardas incluidas en el trato configuran un panorama donde los beneficios dependen en gran medida de politicas publicas y decisiones empresariales internas. Es razonable esperar que, si bien algunas cadenas productivas puedan aprovechar el acuerdo, otras podrian enfrentarse a una competencia mas intensa o a condiciones que limiten su expansion.
Espero equivocarme en mi evaluacion y desearia que el acuerdo traiga efectos netamente positivos y generalizados para la economia argentina. Pero la prudencia exige reconocer que, sin politicas complementarias de productividad, transformacion y apertura diversificada de mercados, la firma del acuerdo por si sola no garantiza que los beneficios llegaran a todos los sectores ni a todas las regiones del pais. Por lo tanto, la interpretacion mas util del acuerdo no es verlo como una solucion unica, sino como una oportunidad que requiere acompanamiento estrategico y capacidad de adaptacion.


