domingo 1 febrero 2026

Batacazo del peronismo en el interior bonaerense: el voto rural que sorprendió y dejó atrás al oficialismo

La elección legislativa bonaerense del 7 de septiembre dejó un resultado inesperado en las zonas rurales: el peronismo volvió a imponerse en municipios clave del agro, tras dos décadas de hegemonía opositora.

El resultado electoral en la provincia de Buenos Aires dejó un dato inesperado: el regreso del peronismo a las urnas del interior rural. Llamado muchas veces “voto del campo”, en realidad se trata del sufragio de pueblos y ciudades donde la actividad agropecuaria sostiene el movimiento económico regional. Ese voto, diverso en su composición y difícil de encasillar, se inclinó por Fuerza Patria y marcó un giro en secciones donde históricamente el kirchnerismo y sus aliados habían quedado relegados.

El peronismo nucleado en Fuerza Patria logró una victoria contundente, con alrededor del 47 % de los votos frente al 33,7 % obtenido por La Libertad Avanza (LLA), lo que significó más de 13 puntos de diferencia. El triunfo no sólo tuvo impacto en el conurbano, donde el peronismo mantiene su bastión, sino que sorprendió en el corazón productivo de la provincia, allí donde el agro define no sólo la economía sino también buena parte de la identidad política y social.

El triunfo provincial y la nueva geografía electoral

El resultado general mostró que Fuerza Patria se impuso en seis de las ocho secciones electorales bonaerenses, incluyendo la Primera, Segunda, Tercera, Cuarta, Séptima y Octava. La Libertad Avanza sólo logró imponerse en la Quinta y Sexta sección.

El mapa municipal también evidenció la magnitud del triunfo: el peronismo se quedó con 95 de los 135 municipios, mientras que LLA se impuso en apenas 23, quedando el resto en manos de fuerzas locales. La recuperación territorial fue contundente y, en muchos casos, se trató de distritos donde el peronismo había sufrido derrotas por márgenes de entre 15 y 25 puntos en elecciones recientes.

Para el oficialismo nacional, el golpe fue duro. Tras nueve meses de gestión, Javier Milei enfrenta no solo un desgaste político acelerado por un escándalo de corrupción, sino también el rechazo al ajuste económico que golpea a las clases medias urbanas y a los sectores productivos rurales. Esa combinación erosionó apoyos que en 2023 parecían sólidos, incluso en distritos tradicionalmente adversos al kirchnerismo.

El voto rural: un regreso después de 20 años

La cuarta sección electoral, que reúne a buena parte del interior bonaerense y a zonas rurales estratégicas como Pehuajó, Junín, Chivilcoy, Lincoln, Carlos Tejedor o Trenque Lauquen, fue el escenario de la mayor sorpresa. Allí, el peronismo se impuso con cerca del 40 % de los votos contra el 30 % de LLA, en lo que significó la primera victoria peronista en esa región desde 2005.

En algunos municipios, el resultado fue aún más categórico: en localidades con fuerte impronta agropecuaria, Fuerza Patria superó el 50 % de los sufragios, marcando un quiebre en la hegemonía opositora que se había consolidado durante dos décadas. El fenómeno fue calificado por dirigentes peronistas como un “voto cosechadora”, en alusión al giro inesperado en la zona núcleo agrícola, históricamente crítica con el kirchnerismo desde el conflicto con el campo en 2008.

Ignacio Kovarsky, presidente de CARBAP, interpretó el cambio como el resultado de múltiples factores. “El productor agropecuario es diverso en su pensamiento. Con la experiencia vivida con el kirchnerismo era difícil pensar que se optara por esa alternativa. Pero hubo un ausentismo fuerte, y también errores estratégicos del gobierno actual al descartar alianzas que podrían haberlo fortalecido”, señaló en diálogo con Palabra de Campo.

Kovarsky destacó además el peso de los intendentes en este giro rural: “En la cuarta, que siempre la perdí, y en la segunda sección, hubo jefes comunales como los de Junín, 9 de Julio o Chivilcoy jugando del otro lado. Cuando sumás esos apoyos, ves que el bloque que antes acompañaba a Cambiemos terminó fragmentado”.

En la misma línea, Horacio Salaverri, ex presidente de CARBAP, consideró que el voto agropecuario reflejó una combinación de factores políticos y sociales. “Ha habido una mezcla que se ha dado y en ese sentido ha sido producto de esta elección. Dentro del ausentismo también se encontraron productores que no se sintieron con voluntad de acompañar al gobierno, ya sea por errores en los planteos estratégicos o por la forma de proceder”, afirmó.

Dónde se dio el batacazo rural

El regreso del peronismo al interior se verificó en tres secciones rurales clave. En la Segunda, la Cuarta y la Séptima Sección Electoral, Fuerza Patria logró victorias que no alcanzaba desde 2005.

En la Cuarta Sección, integrada por 19 municipios del noroeste bonaerense, Fuerza Patria obtuvo el 40,2 % de los votos, superando a LLA (30,28 %) y a Somos Buenos Aires (19,95 %). El peronismo se impuso en 15 de los 19 distritos, con triunfos categóricos en General Pinto (57 %), Carlos Tejedor (56,8 %), Rivadavia (55 %), Chacabuco y Alberti (cerca del 50 %). Los libertarios sólo lograron imponerse en Trenque Lauquen, General Villegas, 9 de Julio y Lincoln.

En la Segunda Sección, que reúne a los municipios del norte bonaerense, Fuerza Patria alcanzó el 35,45 %, por encima de LLA (29,84 %), y desplazó a una oposición que en comicios anteriores lo había derrotado por más de 15 puntos.

La Séptima Sección, con apenas ocho municipios del centro de la provincia, también dio la nota: el peronismo logró el 38,23 %, superando a LLA (32,8 %) y quedándose con las tres bancas de senadores provinciales en juego. Ganó en distritos como 25 de Mayo, Bolívar, Olavarría, General Alvear y Tapalqué, mientras que los libertarios sólo se quedaron con Azul.

Este giro electoral en secciones rurales es significativo porque refleja la decisión de comunidades donde el agro condiciona la vida social y económica. Y aunque se lo conozca como “voto del campo”, en realidad son pueblos y ciudades enteras donde no sólo votan productores, sino también trabajadores, comerciantes y vecinos cuya vida está atravesada, de manera directa o indirecta, por la actividad agropecuaria.

Reclamos pendientes en las comunidades rurales

El llamado “voto del campo” no puede analizarse sin considerar las demandas estructurales que atraviesan al agro bonaerense y que, en buena medida, explican el humor social en esas comunidades.

Uno de los reclamos más urgentes es la falta de infraestructura. En municipios como Carlos Casares o Bolívar, amplias zonas productivas permanecen bajo agua por las lluvias de invierno, con caminos rurales intransitables, pérdidas de cultivos y productores que deben desprenderse de hacienda de manera forzada. La afectación no se limita al sector agropecuario: comerciantes, transportistas y docentes también ven interrumpida su vida cotidiana en comunidades donde la transitabilidad define el día a día.

A ese cuadro se suma una rentabilidad en caída, que se instaló en el agro desde hace varias campañas. Las retencionesse llevaron gran parte de los márgenes, en un contexto agravado por los precios internacionales bajos de los commodities agrícolas. Esta situación limita la capacidad de inversión, desalienta la adopción tecnológica y frena las expectativas de crecimiento, incluso en zonas de alta productividad.

Así, la decisión electoral en el interior bonaerense no puede leerse únicamente como un movimiento coyuntural. Es, en buena medida, la expresión de un malestar profundo en comunidades donde la política nacional y los problemas estructurales del agro se combinan para moldear el voto.

Consecuencias y proyección política

El resultado en el campo bonaerense tiene un valor simbólico y estratégico. No sólo permitió al peronismo ensanchar la ventaja provincial, sino que proyecta un escenario más complejo para el oficialismo en la antesala de las elecciones nacionales de octubre.

Para Axel Kicillof y el peronismo, el triunfo en el interior rural representa una recomposición histórica: recuperar después de 20 años el voto de la cuarta sección electoral es un logro que reconfigura el tablero político bonaerense y nacional. Para Javier Milei, en cambio, supone una alerta roja: si hasta el campo le da la espalda, sostener la gobernabilidad y encarar el próximo turno electoral será una tarea cuesta arriba.

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