Argentina tiene genética, producción y demanda internacional, pero aún no logra convertirse en el **protagonista global** de la carne vacuna que podría ser. El Congreso de Carnes del NEA, realizado en Margarita Belén, Chaco, puso en evidencia por qué ese salto exige cambios en producción, comercialización y coordinación de la cadena.
El empresario Miguel de Achával fue contundente: “Todavía no somos protagonistas” y atribuyó la situación a la forma en que se vende y clasifica la carne. Para él, la clave está en aprovechar una genética diferenciada para ofrecer productos con identidad en mercados exigentes.
Hoy, gran parte de la producción argentina se comercializa como commodity, una decisión que borra las ventajas comparativas del país y lo posiciona a competir por precio. De Achával señaló que **vender el 70 % de la carne congelada** impide diferenciarse de competidores como Brasil o Paraguay.
La propuesta central pasa por la clasificación de la carne sobre la res, que permitiría identificar calidad y mantenerla por corte hasta el consumidor final. “Hay que ver qué hay debajo de ese cuero”, resumió, argumentando que la genética debe orientarse a producir atributos que los compradores valoren y paguen.
Otro obstáculo es la falta de sincronía entre los distintos eslabones de la cadena, con plazos productivos muy desiguales que dificultan la planificación. De Achával detalló esos tiempos: un genetista o criador tarda 4 años, un recriador 8 meses, un feedlotero 4 meses y en un frigorífico la carne no pasa más de 4 días.
La apertura de mercados amplía oportunidades pero también exige adaptación rápida por parte de productores e industria. La habilitación de Japón, pese a un arancel de 38 %, fue destacada como un reconocimiento sanitario que valida la labor del SENASA y abre la puerta a nichos de alto valor.
La urgencia de generar valor en origen
Desde lo público, Mariela Kasko, subsecretaria de Ganadería del Chaco, enfatizó la necesidad de agregar valor en la región y evitar la exportación de terneros para completar ciclos en otras provincias. Su objetivo es que el Nordeste procese y aporte valor local, lo que requerirá infraestructura, financiamiento y capacitación.
Diego Rodríguez, de la Asociación Braford Argentina, subrayó que el país está en transición y que los cambios de contexto económico obligan a ver la ganadería como un negocio. Rodríguez reclamó reglas previsibles para inversiones a largo plazo y advirtió que “tener buenos precios no significa tener rentabilidad”.
La transformación demandará, además, un cambio cultural que no puede limitarse a los productores, ya que industria y política deben alinear señales y demanda. Sin acuerdos de largo plazo la inversión se retrae, sobre todo en zonas donde el ciclo productivo puede extenderse hasta 5 años.
Qué falta y qué puede acelerarlo
Para avanzar, especialistas y referentes apuntan a medidas concretas: implementar sistemas de clasificación por res, mejorar trazabilidad, promover la genética orientada a atributos comerciales y consolidar inteligencia de mercados. Esos instrumentos permiten segmentar la oferta y dejar de competir únicamente por precio.
También son necesarias políticas que incentiven el agregado de valor en origen, acceso a financiamiento acorde a los plazos de la actividad y mecanismos de coordinación entre productores, feedlots, frigoríficos y exportadores. Sin previsibilidad ni señales claras, la cadena seguirá perdiendo oportunidades en nichos premium.
La apertura comercial reciente abre ventanas para productos diferenciados y pagos superiores, pero exige uniformidad de procesos y estándares que hoy no están generalizados. Como resumió uno de los panelistas, el mercado próximo será exigente y quienes no se adapten quedarán fuera.
La oportunidad para Argentina existe y es real, pero el camino requiere tiempo, inversiones y acuerdos entre actores diversos. Convertir genética y producción en valor exportable implica coordinar tiempos, clasificar correctamente y sostener reglas que permitan planificar a mediano y largo plazo.
Por Mariana Reinke. Palabra de Campo reporta desde Margarita Belén, Chaco, con foco en la transformación de la cadena cárnica y su impacto en productores y mercados internacionales. Este proceso definirá si la Argentina pasa de actor de reparto a protagonista en la carne vacuna global.



