Las lluvias caídas en los últimos días en el centro y norte de Santa Fe, que fueron de entre 28 y 90 milímetros según la zona, “revirtieron las difíciles situaciones” que había provocado la sequía.
Las precipitaciones repercutieron positivamente en los sembrados de girasol, maíz y soja.
“Los montos pluviométricos acumulados fluctuaron desde mínimos de 28 a 30 milímetros y máximos de 85 a 90, con la particularidad de la baja y regular intensidad de las lluvias.
Eso posibilitó la infiltración de cada milímetro caído, permitiendo así la lenta y eficiente carga de agua en los perfiles de los suelos”.
IMPACTO EN EL MAIZ
Las largas etapas sin lluvias, en especial en las etapas finales de su desarrollo hizo que los productores resolvieran destinar grandes porciones de los lotes al picado/embolsado para autoconsumo, aunque en la semana también comenzó la trilla con destino comercial.
La sanidad de los sembradíos se encontró muy bien, sin presencia de insectos ni enfermedades.
IMPACTO EN LA SOJA
Las parcelas presentaron variaciones negativas en sus estados por el clima de los primeros 16 días del año, “observándose limitaciones en su crecimiento, amarillamiento o marchitamiento de hojas y, en lotes puntuales, la pérdida de plantas por mortandad”.
Ante el cambio ambiental se estaría ante una posible reacción de los cultivares, dependiendo de la etapa fenológica en que cada uno de ellos se encontraba cursando.





