Medición frutihortícola en Córdoba revela aparente exceso alimentario y una gran deuda productiva nacional

Córdoba produce menos de lo necesario: el cinturón verde solo alcanzaría a cubrir el 21,3% de las frutas y verduras recomendadas

Un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) evaluó si la Región Agroalimentaria de la Ciudad de Córdoba (RACC, conocida como cinturón verde) podría abastecer a su población con una dieta saludable según las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA). El resultado es contundente: si todos los habitantes de la ciudad consumieran las porciones recomendadas, la producción regional alcanzaría apenas el 21,3% de las frutas y verduras necesarias.

Qué mide el estudio y por qué importa
Los investigadores desarrollaron un Índice de Autosuficiencia Alimentaria que cruza la capacidad productiva local con los patrones de consumo regionales. La herramienta estima qué proporción de los alimentos consumidos por una población se produce dentro de la misma región, conectando por primera vez en América Latina dos campos que suelen abordarse por separado: la producción agrícola y la nutrición poblacional.

El trabajo advierte que la estructura productiva del territorio no responde necesariamente a las necesidades de una dieta saludable. Mientras el discurso oficial suele indicar que Argentina “produce alimentos de sobra”, medir en toneladas de materias primas (como soja) no equivale a medir acceso a alimentos frescos ni seguridad alimentaria y nutricional de las personas. Así lo señala Matías Scavuzzo, autor del estudio y docente de la UNC.

Producción versus consumo real y recomendado
Según la investigación, la RACC dispone de 1.290 hectáreas dedicadas a hortalizas, con una producción anual reportada de 82.651 toneladas (sin contar cultivos industriales intensivos de papa, batata y zanahoria). En frutas, se incluyó a Colonia Caroya como núcleo frutícola, con 81,61 hectáreas y un promedio de 1.668 toneladas anuales.

Aun considerando el consumo actual —que ya es bajo en relación con recomendaciones de salud— la producción regional no cubre la demanda: alcanzaría aproximadamente el 56,2% de las frutas y el 77,58% de las verduras que hoy consumen los cordobeses según la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS). En cambio, si se adoptara la guía nutricional de consumir al menos cinco porciones diarias de frutas y verduras (una porción = medio plato de verduras o una fruta mediana; excluye papa, batata, choclo y mandioca), la producción local cubriría solo el 21,3% de esa meta.

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Patrones de consumo y desigualdad
La ENNyS muestra que el 50% de la población de la región centro del país consume entre dos y cuatro porciones de frutas y verduras al día, un promedio que ronda los 225 gramos. El consumo aumenta con el nivel de ingresos: las familias con mayores recursos ingieren hasta 50% más verduras que las de menores ingresos. Ese vínculo entre disponibilidad económica y dieta evidencia que la falta de acceso está marcada tanto por oferta como por poder adquisitivo.

Erosión del cinturón verde y consecuencias
La tesis doctoral de una de las investigadoras vinculadas al estudio documentó que el cinturón verde de Córdoba perdió alrededor del 75% de su superficie productiva entre la década de 1980 y 2020. Ese proceso combinó trasformaciones del uso del suelo —urbanizaciones en el sur de la ciudad y expansión de agricultura industrial en el noreste— con decisiones económicas que priorizaron cultivos comerciales o de exportación sobre la producción de alimentos frescos para el consumo local.

La reducción del área productiva no solo impacta la disponibilidad de alimentos frescos: también trae consecuencias sociales (pérdida de empleo de pequeños productores), ambientales (reducción de biodiversidad y servicios ecosistémicos) y tecnológicas (falta de mejoras en manejo del agua para riego y otras prácticas clave para la horticultura).

Causas estructurales: mercado, políticas y prioridades
Los autores subrayan que el sistema alimentario responde a incentivos económicos y a decisiones de mercado que determinan qué se cultiva y qué se comercializa. La concentración en commodities y el énfasis en cultivos de interés industrial o exportable pueden favorecer la narrativa de “excedentes” de producción nacional, sin atender que esos excedentes no se traducen en frutas y verduras accesibles para la población urbana.

Además, la investigación pone en cuestión la concepción de soberanía alimentaria cuando los intereses globales y las grandes empresas orientan la producción hacia modelos que no priorizan la salud nutricional ni la seguridad alimentaria local.

Propuestas y medidas para aumentar producción y consumo
Los autores y entrevistados proponen varias medidas concretas para mejorar la autosuficiencia y el acceso a frutas y verduras frescas:

– Ordenamiento territorial: promover el acceso a tierras periurbanas para la producción de alimentos, recuperando y protegiendo su uso agrícola frente a procesos de urbanización o monocultivo industrial.
– Gestión del recurso hídrico: inversiones en mejoras de riego y manejo del agua para aumentar la eficiencia productiva de la horticultura local.
– Fomento de prácticas agroecológicas: promoción de bioinsumos y manejo integrado de plagas que reduzcan riesgos para la salud de vecinos y la biodiversidad.
– Políticas públicas integradas: conformar una mesa de economías regionales para coordinar producción, comercialización y apoyos estatales que permitan a la producción resistir cambios macroeconómicos.
– Entornos alimentarios comunitarios: impulsar programas de educación alimentaria, mercados locales, canastas populares y otras medidas que faciliten el acceso a alimentos frescos.
– Reglamentación y subsidios: un Estado presente que regule y promueva políticas a favor de la salud pública y del pequeño productor, incluyendo campañas, programas y normativas orientadas a favorecer la oferta de productos saludables.
– Medidas fiscales y de precio: debate sobre gravámenes o incentivos para que los precios relativos no premien productos ultraprocesados frente a frutas y verduras. En la discusión pública apareció la propuesta de que una fruta no debería costar más que un alimento ultraprocesado, y que se evalúen impuestos que internalicen los costos de salud asociados a dietas poco saludables.

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Limitaciones y rol del consumidor
Los investigadores reconocen que el consumidor es un actor con limitada capacidad para revertir solo el escenario: factores estructurales, económicos y de acceso influyen más allá de la voluntad individual. Por eso insisten en la necesidad de políticas públicas y de coordinación institucional para generar cambios sostenibles.

Implicancias para la soberanía alimentaria
El estudio, primera aplicación regional del Índice de Autosuficiencia Alimentaria en América Latina, aporta evidencia para el debate sobre soberanía alimentaria. Mostrar que una región productiva no garantiza por sí sola el acceso a una dieta saludable obliga a repensar estrategias: no basta con producir alimentos, sino que hay que producir los alimentos que la población necesita, en cantidad, calidad y proximidad.

Conclusión
La investigación de la UNC revela una brecha notable entre lo que produce el cinturón verde de Córdoba y lo que sería necesario para una alimentación saludable conforme a las guías nacionales. Cubrir esa brecha requiere medidas integradas: recuperar tierras periurbanas, mejorar riego, adoptar prácticas menos contaminantes, apoyar a pequeños productores y rediseñar políticas que promuevan entornos alimentarios que hagan accesibles frutas y verduras. Sin ese enfoque, la idea de “excedente” nacional seguirá siendo insuficiente para garantizar salud y soberanía alimentaria locales.

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