Solo el 26% de los campos miden sus suelos y eso agrava el déficit nutricional

En el inicio de la nueva campaña de maíz, desde Fertilizar AC destacaron la importancia de realizar análisis de suelos y ajustar la fertilización para aprovechar el potencial del cultivo, y no solo lograr más rendimiento, sino un aprovechamiento más eficiente del agua.

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El maíz volvió a afirmarse como uno de los pilares de la agricultura argentina por su aporte a la balanza comercial y su rol en las cadenas animales y de agregado de valor. La última campaña superó las 10 millones de hectáreas sembradas y alcanzó una producción cercana a 70 millones de toneladas, cifras que explican su centralidad productiva y económica.

Más allá de los números, el cultivo impacta directamente en la producción de alimentos y en la generación de divisas, por lo que su manejo define ingresos y sostenibilidad para miles de productores. Optimizar la fertilización en maíz es hoy una palanca clave para aumentar rendimientos sin comprometer la fertilidad futura.

FERTILIZACIÓN EN MAÍZ

María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC, subraya que la campaña cuenta con agua y genética de alto potencial, pero que la nutrición puede convertirse en el límite del rendimiento. “Con condiciones favorables, es cuando más debemos conocer qué nutrientes aporta el suelo y cuáles complementar”, explicó la directiva.

El maíz también tiene un peso estratégico en sistemas ganaderos y lecheros, donde el silo representa más del 40 % de la alimentación animal, por lo que su calidad incide en otras cadenas productivas. Mejorar productividad y calidad nutricional del cultivo repercute en la eficiencia alimentaria del sector pecuario.

El brevísimo avance genético de las últimas décadas amplió el potencial del cultivo y permitió siembras tempranas y tardías en ambientes diversos, pero ese salto exige mayor precisión en la nutrición. La reposición de nutrientes en Argentina sigue siendo inferior a la extracción, con déficits en nitrógeno, fósforo, azufre y zinc.

Un ejemplo para dimensionar la demanda: un maíz que rinda 120 quintales requiere aproximadamente 260 kg de nitrógeno y 48 kg de fósforo como nutriente, entre otros elementos. La brecha de aplicación de fertilizantes explica en buena medida por qué, en promedio nacional, se cosecha alrededor de un 30 % menos del grano potencial.

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MÁS AGUA IMPLICA MAYOR OPORTUNIDAD PRODUCTIVA

Los perfiles de suelo recargados por lluvias recientes abren una ventana productiva para maíz, pero no garantizan por sí solos mayores rendimientos sin una nutrición adecuada. La disponibilidad hídrica debe acompañarse de diagnóstico y fertilización balanceada para transformar agua en grano.

En la última campaña se repuso menos del 40 % de los principales nutrientes exportados con los granos, lo que amplía la brecha entre rendimientos actuales y potenciales. Los ensayos de la Red de Estrategias de Fertilizar AC muestran que una nutrición correcta mejora la eficiencia en el uso del agua entre un 22 % y 44 %.

Cuando el cultivo está bien nutrido, la eficiencia pasa de menos de 12 kg de grano/mm a casi 17 kg de grano/mm, lo que en un escenario de 500 mm de agua representa una diferencia aproximada de 2.500 kg de maíz por hectárea. Mejorar la nutrición permite que cada milímetro de agua rinda más en producción.

EL ANÁLISIS DE SUELOS, PUNTO DE PARTIDA

A pesar de su bajo costo relativo y alto retorno informativo, los análisis de suelo no son aún una práctica generalizada en los lotes argentinos. Solo el 26 % de la superficie analizada se muestrea anualmente, según una encuesta de Fertilizar AC, mientras que un 9 % nunca lo hace y un 17 % lo hace con muy baja frecuencia.

El diagnóstico adquiere mayor relevancia frente a perfiles recargados, porque agua y nutrientes deben pensarse de forma integrada para no desaprovechar oportunidades productivas. El 30 % de los productores realiza análisis de nitrógeno todos los años y el 23 % lo hace para fósforo, lo que revela vacíos en la información decisiva para el manejo.

Se recomienda evaluar fósforo extractable, zinc y azufre en los primeros 20 centímetros del suelo y la disponibilidad de nitrógeno (nitratos) hasta los 60 centímetros en pre siembra para planificar correctamente. El análisis de suelo es la inversión más pequeña dentro del costo de implantación y una de las que más decisiones mejora.

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La adopción del muestreo varía por región: en el sudeste y oeste el 44 % muestrea todos los años, mientras que en el norte ese porcentaje baja al 15 % y un 26 % de productores declara no muestrear nunca. Fertilizar sin diagnóstico equivale a trabajar sobre supuestos cuando existen herramientas para ajustar la nutrición por lote.

AJUSTAR EL NITRÓGENO AL POTENCIAL DE CADA LOTE

El nitrógeno es uno de los factores que más condicionan el rendimiento y para un objetivo de 12.000 kg/ha el cultivo necesita absorber aproximadamente 260 kg de nitrógeno/ha. Adecuar la dosis exige conocer la oferta inicial del suelo y la mineralización esperada de la materia orgánica.

Hoy existen tecnologías para monitorear el estado nutricional durante el ciclo, como sensores de vegetación, clorofilómetros e índices NDVI que ayudan a detectar deficiencias a tiempo. Herramientas como el Nan (nitrógeno incubado en anaerobiosis) permiten estimar el potencial de mineralización y ajustar recomendaciones por ambiente.

NUTRIR HOY SIN COMPROMETER EL SUELO DE MAÑANA

Cerrar las brechas nutricionales es la principal oportunidad para elevar rendimientos y mejorar la eficiencia de los recursos, al tiempo que se protege la fertilidad a largo plazo. Pasar de recomendaciones generales a estrategias por lote es clave para aprovechar genética y disponibilidad hídrica sin erosionar el capital productivo.

Los balances muestran que la agricultura argentina sigue extrayendo más nutrientes de los que repone, una tendencia que limita la capacidad productiva futura si no se corrige. “Cada cosecha se lleva nutrientes y, si sistemáticamente extraemos más de lo que devolvemos, estamos consumiendo fertilidad”, advirtió María Fernanda González Sanjuan.

Diseñar planes integrados basados en análisis de suelo, fertilización balanceada de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc y monitoreo durante el cultivo es la hoja de ruta recomendada. La decisión técnica hoy determina la productividad y la sostenibilidad del maíz de mañana.

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