Durante décadas, el sorgo ocupó un lugar silencioso dentro de la agricultura argentina. Mientras la soja y el maíz concentraban buena parte de las inversiones y de la innovación tecnológica, el cereal quedó asociado a los ambientes más restrictivos y a los planteos de menor inversión, una imagen que hoy comienza a cambiar de manera acelerada.
La necesidad de diversificar las rotaciones, la aparición de nuevos híbridos, la incorporación de tecnologías para el control de plagas y la búsqueda de sistemas más resilientes están devolviendo al sorgo un papel estratégico. En ese escenario, RAGT Semillas, compañía de origen francés con presencia global y que en Argentina fortaleció su posicionamiento tras integrar el histórico programa de mejoramiento de Tobin Semillas, se consolidó como uno de los principales referentes del cultivo y concentra buena parte de la inversión genética destinada al sorgo.
“El sorgo siempre estuvo en la cabeza del productor“, afirmó Santiago Galán, ingeniero agrónomo y responsable técnico para el Centro-Norte de Santa Fe de RAGT Semillas, durante una entrevista con Palabra de Campo. Sin embargo, explicó que el cultivo comenzó a recuperar superficie porque los productores empezaron a comprender que ya no alcanza con aprovechar su rusticidad: hoy necesita el mismo nivel de manejo que cualquier otro cultivo de alta tecnología.
De cultivo “rústico” a cultivo de precisión
Para Galán, el mayor cambio de los últimos años no estuvo únicamente en la genética.
“El productor todavía tiene incorporado que el sorgo es un cultivo rústico“, señaló. Esa percepción llevó durante muchos años a sembrarlo en los lotes menos productivos, dedicarle menos seguimiento durante el ciclo y postergar incluso las labores de cosecha.
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El técnico sostiene que esa lógica ya quedó atrás. “Hoy insistimos mucho en el manejo porque el cultivo evolucionó muchísimo, mientras que la forma de producirlo quedó bastante relegada respecto de otros cereales”, explicó.
Ese cambio de paradigma explica buena parte del renovado interés por el sorgo en distintas regiones del país.
El rol de RAGT en el desarrollo del cultivo
RAGT es uno de los grupos semilleros más importantes de Europa y mantiene una fuerte especialización internacional en sorgo. En Argentina, la empresa amplió significativamente su programa de mejoramiento tras incorporar el negocio de Tobin Semillas, una de las marcas históricas del cultivo en el país, con el objetivo de fortalecer el desarrollo genético y expandir su presencia hacia otros mercados de Latinoamérica, África y Asia.
La compañía también fue una de las primeras en introducir tecnologías de tolerancia al pulgón amarillo de la caña de azúcar, una de las plagas que más preocupó al cultivo en las últimas campañas, y continúa desarrollando nuevas herramientas para elevar el potencial productivo de sus híbridos.
“RAGT tiene una historia muy grande con el sorgo, una base genética muy sólida y la última tecnología disponible“, destacó Galán. “Hoy ofrecemos genética de punta acompañada por tecnología y un equipo técnico convencido de que el cultivo todavía tiene muchísimo para crecer en Argentina”, agregó.
El manejo explica buena parte de los rindes
Según el especialista, los avances genéticos ya permitieron elevar considerablemente el techo productivo.
“Si las condiciones acompañan y el manejo es el adecuado, hoy tranquilamente se pueden lograr entre 9.000 y 10.000 kilos por hectárea“, aseguró.
Pero inmediatamente aclaró que esos resultados dependen de una secuencia de decisiones agronómicas.
“Todo converge en el manejo“, resumió. La elección del híbrido, la fertilización, la densidad de siembra, la profundidad, el barbecho, el monitoreo permanente y la cosecha forman parte de un paquete tecnológico que hoy resulta determinante para expresar el potencial del cultivo.
Incluso advirtió que el sorgo continúa siendo uno de los cultivos menos monitoreados por los productores, una situación que puede generar pérdidas importantes frente a plagas como el pulgón amarillo.
Santa Fe y Chaco lideran una nueva expansión
En la actualidad, Santa Fe y Chaco aparecen como las provincias donde el sorgo vuelve a mostrar el mayor dinamismo, aunque Córdoba, Entre Ríos y las provincias del NOA también ofrecen un importante potencial de crecimiento.
Galán explicó que el cultivo posee una amplia ventana de siembra, que puede comenzar a principios de octubre y extenderse hasta diciembre. Sin embargo, el aumento de los episodios de calor extremo está obligando a revisar las estrategias tradicionales.
“Estamos haciendo experiencias para adelantar algunas fechas de siembra cuando la temperatura del suelo lo permite, o incluso retrasarlas hacia mediados de noviembre para escapar de los golpes de calor de enero y febrero”, explicó.
El efecto chicharrita volvió a ponerlo en el radar
Uno de los grandes impulsores recientes del sorgo fue la crisis provocada por la chicharrita del maíz.
Galán recordó que esa situación llevó al cultivo a superar 1,2 millones de hectáreas, aunque posteriormente la superficie retrocedió hasta ubicarse entre 850.000 y 900.000 hectáreas. El objetivo del sector es volver a recuperar ese nivel de implantación durante los próximos años.
“Aspiramos a que el cultivo siga creciendo y vuelva a alcanzar entre 1,2 y 1,3 millones de hectáreas“, sostuvo.
Diversificar para reducir riesgos
Más allá de su adaptación a condiciones de estrés hídrico, el técnico considera que el principal aporte del sorgo pasa hoy por la diversificación de los sistemas agrícolas.
“Está bueno hacer un mix“, afirmó. “Los números son muy finitos y diversificar es una buena herramienta. Incluso el sorgo llegó a valer más que el maíz en los últimos tiempos, por lo que creemos que muchos productores deberían volver a incorporarlo dentro de sus planteos”.
Además del destino tradicional como grano, el cultivo ofrece alternativas para alimentación animal, silaje, producción de etanol, alcohol y distintos usos industriales, ampliando las posibilidades comerciales para el productor.
Un año Niño también puede jugar a favor
Aunque suele asociarse al sorgo con los ambientes secos, Galán aclara que esa definición resulta incompleta.
“Cuando realmente llueve, el sorgo también explora todo su potencial“, explicó. La diferencia con el maíz aparece principalmente durante las campañas con déficit hídrico, donde el cereal mantiene una mayor estabilidad productiva.
Con pronósticos que anticipan una campaña influenciada por El Niño, el sector observa un escenario favorable para seguir consolidando el crecimiento del cultivo. Si esa expectativa climática se combina con mejores manejos y una mayor adopción tecnológica, el sorgo podría comenzar una nueva etapa dentro de la agricultura argentina, esta vez no como una alternativa de segunda línea, sino como un componente cada vez más importante de los sistemas productivos.



