Precio del asado permite comprar casi 2,8 kilos de cerdo y dispara ventas de milanesas

La nalga de cerdo cuesta $10.000 frente a $25.000 la vacuna; la producción del sector creció un 12,4% interanual en agosto pasado

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El cerdo le gana espacio a la vaca en la canasta y en la parrilla

La brecha de precios entre la carne vacuna y la carne de cerdo está reconfigurando la elección del consumidor argentino y empujando a las carnicerías a cambiar su oferta habitual. Este desplazamiento cobra relevancia para los presupuestos familiares, la cadena de valor y las perspectivas de exportación del sector porcino.

Un informe de la Federación Porcina Argentina (FPA) muestra que el asado vacuno promedia alrededor de $23.000 por kilo, mientras que el pechito de cerdo se vende a cerca de $8.200 por kilo, lo que equivale a que con el mismo monto se pueden adquirir aproximadamente 2,8 kilos de cerdo. En paralelo, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (Ipcva) indicó que en agosto el asado de tira promedió $17.650 por kilo, con una caída mensual del 0,3 %.

Según el relevamiento de la FPA, en carnicerías los cortes vacunos analizados resultan, en promedio, 128 % más caros que sus equivalentes porcinos, y en hipermercados la brecha promedio es del 95 %. Esa diferencia de precio se traduce en mayor compra de cortes porcinos por parte de consumidores que buscan rendir su presupuesto sin renunciar a preparaciones tradicionales.

En mostradores, la nalga vacuna promedia $25.000 por kilo frente a $10.000 por kilo en la nalga de cerdo, una brecha del 150 % que permite llevar 2,5 kilos de cerdo por el precio de 1 kilo de vacuno. Situaciones similares se observan en la bola de lomo y la cuadrada, con diferencias de precio que superan el 100 % y habilitan la compra de más de dos kilos de cerdo por cada kilo de carne vacuna.

“El pechito de cerdo siempre tuvo mucha demanda y hoy se consolida como el reemplazo natural del asado vacuno; lo nuevo es el fuerte crecimiento de cortes para milanesas como la nalga, la bola de lomo y la cuadrada”, explicó Agustín Seijas, director ejecutivo de la Federación Porcina Argentina, en diálogo con este medio. Esa preferencia ya se refleja en el mostrador y en la dinámica de ventas de las carnicerías.

La mayor brecha registrada fue entre el lomo vacuno ($35.000 por kilo) y el solomillo de cerdo ($12.000 por kilo), una diferencia del 192 %. Otros ejemplos marcan el mismo rumbo: el bife angosto a $18.000 frente al carré porcino a $8.200, lo que equivale a adquirir alrededor de 2,2 kilos de costillitas de cerdo por el precio de un kilo del corte vacuno.

Oferta y consumo: milanesas, hamburguesas y envasados

En supermercados la distancia es menor pero sigue siendo significativa: el pechito de cerdo figura a $7.800 por kilo contra $17.500 del asado vacuno, lo que equivale a unos 2,25 kilos de cerdo por cada kilo de asado. El carré porcino se comercializa a $7.600 frente a $17.500 del bife angosto, lo que deja una relación cercana a 2,3 kilos contra uno.

El crecimiento de la producción acompaña la demanda interna: el sector cerró agosto con un incremento interanual en faena del 11,1 % y en producción del 12,4 %, según la FPA, mientras que el consumo per cápita se ubica por encima de 20 kilos de cerdo por habitante al año. Estos números reflejan una adopción sostenida de la proteína por parte de los consumidores, que la valoran por precio y versatilidad culinaria.

Las carnicerías ya incorporan de forma habitual milanesas de cerdo, hamburguesas y carne picada, y los supermercados amplían su oferta de productos envasados al vacío como costeletas y carne picada. Además, la comercialización por plataformas digitales y el envasado en atmósferas controladas favorecen un mayor acceso y conveniencia para el consumidor urbano.

En el frente externo, las exportaciones mostraron un avance sostenido en 2026 y, en lo que va del año, están cerca de alcanzar el volumen total de 2025, que fue de poco más de 12.000 toneladas. Para los directivos del sector, consolidar y ampliar mercados internacionales es una prioridad estratégica que acompaña la expansión del consumo interno.

¿Por qué importa este cambio de patrón? Porque altera la demanda relativa de proteínas en la canasta, presiona a la cadena vacuna y abre oportunidades de inversión y empleo en el sector porcino. Los migrantes de consumo y las empresas deberán ajustar precios, cortes ofrecidos y estrategias comerciales para responder a una demanda que hoy prioriza precio y practicidad.

Para productores y comercializadores, la foto actual exige monitoreo de costos, eficiencia en faena y logística, y una mirada activa hacia las exportaciones para sostener el crecimiento. Para las autoridades, el desafío pasa por acompañar la competitividad y la sanidad animal para que la sustitución de consumo sea sustentable y beneficie tanto a consumidores como a la cadena productiva.

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