En Mendoza se talan olivos diariamente mientras la olivicultura pierde rentabilidad y hectáreas

La cosecha de olivas en Mendoza transita una temporada heterogénea: hay zonas con rendimientos y calidad aceptables, mientras otras sufren una caída de producción y superficie por factores climáticos y económicos. Ante la pérdida de hectáreas y la competencia de otras provincias, la estrategia dominante entre quienes mantienen la actividad es apostar por la calidad premium del aceite de oliva virgen extra (AOVE) y la diferenciación como vía para sostener la rentabilidad.

Cosecha y rendimientos según zonas
Productores y referentes locales describen la campaña como “normal” en términos generales, aunque con grandes variaciones según el microclima y el manejo del cultivo. Gabriel Guardia, de Corazón de Lunlunta, afirma que hay “bastante aceituna”, pero que los rindes dependen fuertemente de la disponibilidad de agua: en zonas con más lluvia se observan rendimientos más bajos y aceites con características organolépticas más suaves; en áreas más secas, los rendimientos mejoran. Maipú aparece como un distrito con buenos resultados, mientras que el este provincial ha sido golpeado por humedad y granizo.

Miguel Zuccardi, de Zuelo, describe una campaña “más baja” para Mendoza en conjunto, en particular para la variedad arauco destinada a conserva, porque la cosecha anterior fue excepcional. En sus olivares la producción es “media”, aunque con indicadores de alta calidad, y subraya la importancia de cosechar en el momento óptimo para preservar la calidad del AOVE.

Mario Bustos Carra, gerente general de la Asociación Olivícola de Mendoza (Asolmen), coincide en que la temporada es similar a la precedente, pero condicionada por la pérdida de superficie cultivada: hay menos hectáreas que años atrás, lo que reduce el volumen total a pesar de rendimientos puntuales positivos.

Estrategia: calidad, polifenoles y posicionamiento
Frente a la presión sobre las áreas cultivadas y la reducción de márgenes, los productores que se mantienen en la actividad buscan valorizar su producción mediante aceites de alta calidad, con foco en AOVE premium y en características diferenciadoras como la alta concentración de polifenoles. Guardia explica que su estrategia se centra en aceites de arauco altos en polifenoles, priorizando calidad sobre rendimiento volumétrico: “Hago aceite alto en polifenoles y después veo cuánto dio el rendimiento. Una empresa normal busca un rendimiento mínimo para encajar en los precios; yo laburo distinto”.

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Este enfoque busca trasladar al aceite un valor agregado que justifique mejores precios y sostenga a productores en territorios donde la competitividad por volumen es limitada. Además, existe una iniciativa para conformar un Clúster Olivícola mendocino con el objetivo de posicionar a la provincia como referencia internacional en calidad, replicando el recorrido de reconocimiento global que logró el Malbec.

Condición sanitaria y ventajas climáticas
Los referentes destacan que, más allá de la variabilidad de rendimientos, la condición sanitaria de las aceitunas y la calidad de la fruta están en buen nivel en la mayor parte de la provincia. Zuccardi señala que el clima seco de Mendoza es una ventaja: la baja humedad reduce la incidencia de problemas fitosanitarios que en zonas más lluviosas pueden arruinar campañas enteras. Las granizadas, sin embargo, afectaron de forma puntual algunas fincas y tuvieron impacto en determinados lotes.

Reducción de superficie y rentabilidad en debate
Una de las preocupaciones centrales del sector es la disminución sostenida de la superficie de olivares. Guardia alerta que la provincia pasó de cifras históricas en torno a 20.000 hectáreas a cifras actuales en torno a 5.000, una caída impulsada por la presión inmobiliaria, la reconversión de tierras a otros cultivos o usos y la falta de rentabilidad en explotaciones marginales. “Todos los días se cortan olivos”, sintetiza la gravedad del proceso de reconversión.

La pérdida de hectáreas tiene efectos estructurales: menos materia prima implica menor actividad para la industria de molienda y procesamiento, y obliga a pensar en políticas y apoyos que sostengan al productor primario. Bustos Carra enfatiza que la continuidad de la cadena depende de la rentabilidad en origen: si no hay materia prima, no hay industria. En ese marco, varios productores alertan sobre la falta de inversión en manejo (fertilización y control sanitario) por déficit financiero en explotación, lo que a su vez reduce producción por hectárea.

Precios, mercado y exportación
El mercado local se mueve con sensibilidad a la competencia internacional y a la volatilidad macroeconómica argentina. Guardia aporta cifras orientativas: el precio de la aceituna se ubica en torno a 50–55 centavos de dólar por unidad (o kilo, según contexto) y el aceite cotiza entre 4.800 y 5.500 dólares la tonelada. A la vez, la mayoría de la producción nacional continúa orientada al comercio a granel: alrededor del 80% se exporta en esa modalidad, con destinos importantes como España y Estados Unidos. Ese foco en volumen y granel complica el posicionamiento de AOVE mendocino si no se avanza en agregación de valor y estrategias de comercialización que rompan la dependencia del mercado internacional a precios de commodity.

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Impacto del acuerdo Mercosur-Unión Europea
El reciente avance del acuerdo Mercosur–Unión Europea, en su fase de vigencia provisoria desde el 1 de mayo, genera opiniones mixtas en el sector olivícola. Para algunos, la apertura de mercados podría ser una oportunidad a largo plazo; para otros representa un desafío por la posible competencia de aceites europeos con estructuras de costos diferentes. Guardia se muestra prudente: considera que el impacto real será a largo plazo y que, en el corto plazo, la discusión puede quedar más en el terreno político que en cambios concretos. No obstante, opina que una mayor apertura internacional podría impulsar un ordenamiento interno necesario: “Si Argentina tuviera condiciones normales, podría competir perfectamente. Tenemos condiciones para volver a participar fuerte en el mercado mundial, pero primero hay que ordenar la casa”.

Desafíos y oportunidades
El panorama de la olivicultura en Mendoza combina riesgos y fortalezas. Entre los desafíos aparecen la recuperación o estabilización de la superficie cultivada, la mejora de la rentabilidad para los productores más pequeños, la inversión en manejo y la resiliencia ante eventos climáticos puntuales como granizo y lluvias intensas. Entre las oportunidades figuran la reputación de calidad que pueden construir los AOVE premium mendocinos, el desarrollo de clústeres y políticas públicas que incentiven la producción de alto valor agregado, y la posibilidad de aprovechar nichos internacionales dispuestos a pagar por aceites con perfiles organolépticos y altos niveles de polifenoles.

Conclusión
Mendoza mantiene capacidad productiva y ventajas climáticas para la olivicultura, pero enfrenta un proceso de reducción de hectáreas y desafíos de rentabilidad que obligan a reconfigurar la actividad hacia la calidad y la diferenciación. El futuro del sector dependerá de su capacidad para agregar valor, sostener a los productores primarios y articular políticas y asociaciones que permitan recuperar volumen y posicionamiento internacional sin renunciar a la apuesta por aceites premium que destaquen la identidad mendocina.

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