La Fundación ArgenINTA compró en Alemania repuestos por 150.000 euros para mantener en funcionamiento los radares meteorológicos del INTA, tras interrupciones que afectaron la transmisión de datos esenciales para el agro. Esta adquisición responde a fallas registradas en estaciones clave y forma parte de aportes que la fundación destinó al organismo por un total aproximado de US$ 2,5 millones durante el año.
El dato importa porque los radares son insumos críticos para el sistema de alerta temprana y para la toma de decisiones de productores frente a lluvias y tormentas, especialmente en etapas de siembra y cosecha. Sin cobertura confiable, las alertas se debilitan y aumentan los riesgos sobre cultivos, transporte y manejo del agua en regiones vulnerables.
INTA cuenta con tres radares meteorológicos de origen alemán instalados en Pergamino, Anguil y Oro Verde, aunque solo dos permanecen operativos por problemas de repuestos y antigüedad. Los modelos afectados son los METEOR 600C (doble polarización) que llevan 18 años en funcionamiento y un METEOR 360C con alrededor de 20 años de servicio.
El radar de Anguil estuvo fuera de servicio desde julio de 2025 y el de Oro Verde quedó inactivo desde noviembre de ese año por piezas que superaron su vida útil. Según fuentes del INTA, las demoras no responden a obsolescencia simple sino a tiempos de fabricación y control de componentes especializados, y al proceso administrativo para su adquisición.
Por qué la inversión de ArgenINTA es clave
La compra de repuestos en el exterior buscó reducir los plazos de reparación frente a limitaciones presupuestarias del instituto y a la complejidad de los procesos de compra pública. En paralelo, la fundación aportó US$ 20.000 para la adquisición de tres estaciones meteorológicas distribuidas en la Patagonia, el norte y el centro del país, que complementan la red de observación.
Más allá de repuestos, ArgenINTA aprobó en agosto financiamiento para equipamiento y obras en varios centros regionales, entre ellos laboratorios para fibra de algodón, análisis de harina de trigo y un centro de nutrición animal. Estos aportes muestran que la fundación actúa como complemento necesario frente a la demanda de instrumental que requiere la investigación y el servicio al productor.
La sustitución integral de los radares será parte del proyecto Sinarame, dependiente de la Secretaría de Recursos Hídricos, y se ejecutará mediante contratos con Invap. La gestión de los datos quedará centralizada en el nodo informático del Servicio Meteorológico Nacional, lo que promete mayor integración pero demanda plazos y recursos adicionales.
Desde el Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA subrayaron la importancia de recuperar la operatividad por el pronóstico de un verano con mayor probabilidad de lluvias y tormentas en varias regiones agropecuarias. Para productores y técnicos, la información radárica es un insumo clave que influye en decisiones de manejo de cultivos, riego y logística ante eventos extremos.
Limitaciones, impacto y perspectivas
El INTA explicó que los radares pueden funcionar las 24 horas pero requieren mantenimiento periódico y repuestos específicos cuyos plazos de provisión no siempre coinciden con las necesidades inmediatas. La situación expone la tensión entre la vida útil de equipos críticos, la necesidad de modernización y la disponibilidad de fondos para compras especializadas.
Para los productores, la lección es clara: la infraestructura de monitoreo climático es tan estratégica como los insumos productivos y su falla tiene efectos concretos en la gestión del riesgo. En el mediano plazo, la modernización vía Sinarame y la integración con el SMN deberían mejorar la resiliencia del sistema, siempre que los cronogramas y la financiación acompañen.
Mientras tanto, la inversión de ArgenINTA y la compra puntual de repuestos mitigan un problema inmediato, pero no reemplazan la necesidad de un plan sostenido de actualización tecnológica. La continuidad de las alertas meteorológicas y la calidad de los datos serán decisivas para el agro, la planificación hídrica y la respuesta ante eventos climáticos extremos.



