sábado 24 enero 2026

Un freno inesperado: la producción mundial de carne entra en fase de contracción y abre un nuevo ciclo para Argentina y Brasil

La primera caída en cinco años confirma un cambio profundo en el mercado global. USDA y Rabobank anticipan otra baja para 2026 y los grandes productores del Mercosur redefinen su estrategia entre exportación y consumo interno.

El mercado mundial de carne vacuna atraviesa un giro que sorprende por su velocidad y por la coincidencia inédita entre los principales organismos de referencia. Rabobank anticipó que el ciclo 2025 marcaría una caída del 0,8% en la oferta global, la primera tras cinco años consecutivos de crecimiento, pero el ajuste de 2026 duplicó el impacto esperado.

Pocas semanas después, el USDA confirmó esa tendencia en su reporte Livestock and Poultry: World Markets and Trade, validando un escenario de contracción que pone fin a un período de expansión continua desde 2019. Aunque estima una baja menor —del 1% anual— advierte igualmente que el mundo perderá cerca de un millón de toneladas de carne vacuna en un solo ciclo.

La revisión también corrigió hacia arriba los números de 2025, que ahora cierran en 61,95 millones de toneladas, debido a una mejora significativa en Brasil y Australia. Ese ajuste deja aún más definida la caída proyectada para 2026, que llevaría la producción global a 61 millones de toneladas.

La paradoja argentina: más animales retenidos, pero reses más pesadas

Argentina aparece en los informes internacionales como uno de los pocos países que cerrarían 2025 con un incremento relativo cercano al 1,25%. Sin embargo, los datos locales muestran otra realidad: entre enero y noviembre se faenaron 12,4 millones de cabezas, un 2% menos que en 2024, con una producción de 2,88 millones de toneladas, apenas 0,5% por debajo del año pasado.

Lejos de contradecirse, ambas miradas reflejan un cambio silencioso que ya empezó a instalarse. Con la faena total proyectada en 13,6 millones de cabezas y una producción final de 3,15 millones de toneladas, el país cerraría 2025 prácticamente empatado con 2024 gracias a un aumento en los pesos medios de res.

Esta tendencia se mantendría en 2026, aun si la faena sufre nuevas restricciones producto de la retención de hacienda. El peso más alto de los animales permitiría sostener o incluso elevar la producción total, pero con un efecto colateral inevitable: el consumo interno volvería a ceder frente a una demanda externa que continúa firme.

El USDA estima que Argentina podría aumentar su saldo exportable un 6,5% en 2026 hasta las 810 mil toneladas equivalentes. Traducido a los cálculos locales, esto implicaría exportaciones cercanas a 960 mil toneladas, un volumen que obligaría a replantear el equilibrio entre abastecimiento interno y negocio externo.

Brasil, entre récords históricos y un freno a la producción

Brasil volvió a posicionarse en 2025 como el gigante inamovible del comercio global. Hasta noviembre exportó 2,8 millones de toneladas, un salto del 19% interanual, y todo indica que cerrará el año con un nuevo récord absoluto. La competitividad, la escala y la recuperación de mercados estratégicos consolidaron su liderazgo incluso en un contexto de menor oferta mundial.

Sin embargo, la Compañía Nacional de Abastecimiento (CONAB) proyecta para 2026 una caída abrupta en la producción: 10,89 millones de toneladas, lo que supone una baja del 4,6% respecto del año anterior. La explicación está en la retención de hembras, un proceso clave para recomponer el stock tras años de alta faena.

Aun así, el organismo brasileño anticipa que las exportaciones podrían sostenerse en niveles excepcionales y alcanzar 4,3 millones de toneladas, otro récord histórico. El USDA, en cambio, prevé una merma: de 4,25 a 4 millones de toneladas, por la menor oferta disponible y el posible desacople entre producción y demanda externa.

Pero esta diferencia no sorprende a los analistas. El USDA debió corregir este mismo año su estimación de exportaciones brasileñas en nada menos que 500 mil toneladas, lo que sugiere que la capacidad de reacción del mayor proveedor global aún sigue subestimada.

Un nuevo ciclo: menos producción, pero no necesariamente menos exportación

Argentina y Brasil ingresan a una etapa de menor producción, aunque eso no implica una caída automática en los envíos externos. La demanda global continúa sólida, en especial desde China y otros destinos asiáticos, y los países del Mercosur mantienen una competitividad que les permite sostener su participación en el mercado internacional aun cuando ajustan su oferta interna.

La clave estará en cómo cada país administre la puja entre exportación y consumo doméstico. En Argentina, el avance de los pesos de faena permite mantener la producción a pesar de la retención, mientras Brasil podría compensar su menor oferta con una logística más agresiva y una industria altamente integrada.

El mundo ingresa así en un ciclo de escasez relativa que podría sostener precios firmes y abrir oportunidades para los principales exportadores. Con la producción global en retroceso y los consumidores asiáticos demandando volúmenes crecientes, el Mercosur se encuentra ante un escenario doble: reconstruir su ganadería sin perder presencia comercial en un mercado que promete seguir tensionado.

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