Los planes para la planta contemplan una inversión total estimada u$s400 millones para los próximos tres años, y los directivos proyectan que, una vez que el complejo funcione a su máximo potencial, las ventas al exterior de combustibles sostenibles alcanzarán los u$s600 millones anuales. La iniciativa busca aprovechar las metas globales de descarbonización de la aeronáutica comercial con miras a las regulaciones internacionales que entrarán en vigor a partir de 2027.
La histórica refinería de San Lorenzo, fundada a fines de los años 30, ingresa en una nueva etapa de transformación y se convertirá en un hub de producción de biocombustibles para aviación bajo la sociedad Santa Fe Bio, conformada entre la petrolera YPF y la firma estadounidense Essential Energy que producirán el combustible de última generación con destino al mercado interno y a la exportación.
En paralelo, los equipos técnicos avanzan en la ejecución de la primera fase del proyecto de infraestructura dentro del terreno tomado en posesión en noviembre pasado. Esta etapa requiere una inversión de u$s70 millones y se centra en el montaje de una planta de pretratamiento de materias primas. Las instalaciones proyectadas tendrán una capacidad máxima de procesamiento de 250.000 toneladas anuales, lo que incluye la adecuación de tanques y sistemas logísticos auxiliares.
La primera escala del cronograma logístico se concretará entre junio y julio, período inicial durante el cual se iniciarán las exportaciones de materia prima sin procesar desde los muelles de la planta. De esta manera, se despacharán hacia complejos industriales del exterior aceites vegetales y grasa animal, elementos esenciales que sirven de base para la refinación ecológica.
La segunda etapa del plan maestro prevé la construcción y el montaje de la biorrefinería propiamente dicha, vinculada a una planta de tratamiento de hidrógeno, y este módulo industrial procesará la materia prima tratada previamente para obtener el producto final. La capacidad de procesamiento de esta unidad alcanzará las 170.000 toneladas anuales de combustible avanzado, mientras que la producción total estimada sumará 220.000 toneladas al año al incluir los coproductos.
El futuro de una moderna biorrefinería
El desarrollo de esta primera fase demanda la importación de un equipamiento de alta tecnología proveniente de Italia, y los ingenieros a cargo estiman que este sistema clave de tratamiento estará operando de forma plena durante el último trimestre de 2027. Actualmente, las tareas preliminares de nivelación del suelo, limpieza y desvinculación de los antiguos cañerías de la petrolera emplean a 150 trabajadores de manera directa.
La producción se concentrará en dos variedades principales de combustibles verdes conocidos en la industria como el Combustible de Aviación Sostenible (SAF, por sus siglas en inglés) y el HVO, un gasoil de origen bio destinado al transporte terrestre. El SAF cuenta con una composición química similar a la del carburante aeronáutico de base fósil, y la ventaja principal de este compuesto es su capacidad para reducir notablemente las emisiones de carbono en el transporte de pasajeros y cargas.
Los plazos fijados por la compañía establecen un horizonte de 37 meses de obras continuas para finalizar la estructura principal, la puesta en marcha del complejo de biocombustibles y la salida de los primeros despachos comerciales se prevén para finales de 2029, y para ese momento, la operación diaria de la biorrefinería requerirá de una dotación permanente de 250 personas en puestos especializados.
El plan de negocios diseñado por las empresas contempla también la integración de proveedores locales en la cadena de suministros, y en la actualidad, unas 110 firmas prestan servicios en el predio de San Lorenzo, de las cuales el 90% pertenece a la región santafesina, lo que se asegura dinamizará el empleo calificado y la transferencia tecnológica en el cordón industrial.
La creciente demanda de las aerolíneas
A diferencia del biodiesel convencional, la comercialización de este combustible de aviación no depende de los esquemas de corte obligatorio regulados por el Estado, sino que su mercado se orienta a cubrir la demanda de las aerolíneas internacionales obligadas a cumplir con los nuevos estándares ambientales, en lo que se denomina el segmento de los biocombustibles avanzados de segunda generación.
La planta de San Lorenzo, que perteneció a diversos operadores privados desde su privatización en 1993, regresó al control total de YPF a finales de 2018. Tras la compra de los activos y la titularidad del puerto por u$s85 millones, la asociación con el capital privado modifica la dinámica histórica entre el sector hidrocarburífero y la industria de los biocombustibles en la Argentina.
La conducción de la petrolera nacional impulsa la reactivación de estas instalaciones que permanecían sin actividad productiva relevante en los últimos años, y que debido a las condicines de la planta y el costo para recuperarla para la refinación de petróleo convencional, las autoridades optaron por reconvertir el uso del activo hacia las energías renovables. Con este objetivo, la dirección de la firma propuso la inclusión del proyecto dentro del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (Rigi).
Pocos años después, la empresa entró en un profundo colapso financiero en medio de una denuncia de la AFIP por el no pago del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL), y la retención indebida de este tributo generó una deuda multimillonaria que llevó a la petrolera a un concurso de acreedores y, finalmente, a la declaración de la quiebra en mayo de 2018 por parte de la justicia comercial.
La polemica historia de la refinería
En mayo de 2010, el holding liderado por el empresario Cristóbal López compró la refinería de San Lorenzo y la red de estaciones de servicio a la brasileña Petrobras por alrededor de u$s110 millones, y a partir de esa adquisición, el grupo fundó Oil Combustibles, comenzando a operar formalmente la planta hacia 2011.
En la subasta judicial de los bienes de Oil Combustibles, YPF -en una oferta conjunta con la distribuidora Dapsa- se adjudicó la planta y el estratégico puerto de San Lorenzo por u$s85 millones. Con esta operación, la petrolera nacional recuperó la titularidad exclusiva de las instalaciones que originalmente habían sido suyas hasta la privatización de 1993, cerrando así la etapa de Oil Combustibles y dejando el predio listo para el actual plan de reconversión hacia los biocombustibles.
Con la quiebra declarada, la refinería de San Lorenzo apagó definitivamente sus equipos y quedó paralizada, poniendo en riesgo cientos de puestos de trabajo y dejando las instalaciones en un estado de abandono técnico con eventual daño ambiental, y para recuperar algo del capital adeudado, la Justicia ordenó el remate de todos los activos de la compañía.





