El Gobierno nacional autorizó 38 productos genéticamente modificados desde 2023, un volumen sin precedentes que consolida a la Argentina como referente global en biotecnología aplicada al agro y la bioindustria.
En un contexto de competencia tecnológica global y creciente demanda de alimentos, energía y sanidad animal, la Argentina volvió a marcar un hito en materia de innovación agrobiotecnológica. En los últimos dos años, el Gobierno nacional aprobó 38 productos genéticamente modificados, la cifra más alta desde que el país comenzó a autorizar este tipo de desarrollos a mediados de los años noventa.
La información fue confirmada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, que destacó que este desempeño no solo representa un récord estadístico, sino que también reafirma el liderazgo histórico del país en biotecnología agropecuaria, tanto a nivel regional como en el escenario global.
Durante el año en curso, la cartera agropecuaria autorizó 13 nuevos productos genéticamente modificados, de los cuales 11 corresponden a desarrollos vegetales, el número más alto registrado en los últimos seis años. A esto se suman dos microorganismos genéticamente modificados, destinados a la producción de bioetanol y vacunas, sectores estratégicos para la bioeconomía y la sanidad animal.

El ritmo de aprobaciones ya había mostrado una fuerte aceleración entre fines de 2023 y todo 2024. En ese período, el Estado nacional autorizó 6 productos vegetales y 19 microorganismos genéticamente modificados, principalmente orientados a vacunas para sanidad animal y levaduras empleadas en la industria del bioetanol.
Los números adquieren mayor dimensión cuando se los observa en perspectiva histórica. Desde 1996 hasta la actualidad, la Argentina aprobó 134 productos genéticamente modificados. De ese total, 38 fueron autorizados desde el inicio de la actual gestión, lo que equivale a casi el 28% de todas las aprobaciones comerciales realizadas en los últimos 29 años.
En el caso de los desarrollos vegetales, las autorizaciones abarcan cultivos clave como soja, maíz, algodón y cártamo, además de otros materiales estratégicos. Las modificaciones genéticas apuntan a mejorar rendimientos, aumentar la tolerancia a herbicidas y fortalecer la resistencia frente a insectos y enfermedades, factores determinantes para la competitividad del agro argentino en un escenario de márgenes ajustados y alta variabilidad climática.
Los microorganismos genéticamente modificados, en tanto, cumplen un rol central en la optimización de procesos industriales. En el segmento energético, permiten maximizar la eficiencia en la producción de bioetanol, mientras que en sanidad animal resultan claves para el desarrollo de vacunas más eficaces, un aspecto cada vez más relevante frente a los desafíos sanitarios globales.

Desde el Gobierno subrayan que este récord de aprobaciones no es un hecho aislado, sino el resultado de una estrategia orientada a agilizar los plazos de evaluación, autorización y registro, sin resignar estándares técnicos ni sanitarios. El objetivo declarado es fortalecer la previsibilidad regulatoria y mejorar la eficiencia del sistema, dos condiciones centrales para atraer inversiones y sostener el liderazgo tecnológico.
El proceso de evaluación de estos productos se realiza a través de dos organismos clave. Por un lado, la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), responsable de analizar el impacto sobre el agroecosistema y garantizar la bioseguridad ambiental. Por otro, el SENASA, encargado de verificar que los desarrollos cumplan con los más altos estándares de inocuidad alimentaria, tanto para consumo humano como animal.
En un escenario internacional donde la biotecnología avanza a ritmo acelerado y se consolida como una herramienta estratégica para la seguridad alimentaria, la energía y la sanidad, la Argentina vuelve a posicionarse entre los países que no solo adoptan tecnología, sino que la validan, regulan y proyectan como parte de su modelo productivo.




