“Argentina se privó de una industria”: el negocio del salmón que Chile convirtió en US$ 6.500 millones

Diego Latorre, fundador de Tecnovax, cuestionó el desarrollo que perdió el país y describió la tecnología que mueve una de las grandes industrias alimentarias del mundo.

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Argentina tiene miles de kilómetros de costa, condiciones patagónicas que podrían permitir diferentes desarrollos acuícolas y, del otro lado de la Cordillera, uno de los mayores productores mundiales de salmón. Sin embargo, mientras Chile construyó una cadena exportadora multimillonaria, la salmonicultura argentina sigue siendo prácticamente inexistente.

Para Diego Latorre, fundador y presidente de Tecnovax, allí hay una oportunidad que el país todavía no logró aprovechar. Su empresa conoce el negocio desde un lugar poco visible para el consumidor: desarrolla vacunas para salmones y participa de una cadena en la que sanidad, biotecnología, alimentación y automatización son determinantes.

“Nos han privado de una industria tan importante como la salmonicultura”, sostuvo Latorre durante una entrevista con Palabra de Campo. La comparación que utilizó para dimensionarla encuentra respaldo en los últimos números disponibles: Chile exportó salmón y trucha por US$ 6.549 millones durante 2025, según datos del Banco Central de ese país recopilados por SalmonChile.

La cifra resulta todavía más significativa vista desde Argentina. En 2025, las exportaciones argentinas de carne vacuna alcanzaron un récord de aproximadamente US$ 3.700 millones, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

Una industria que sigue creciendo

La acuicultura ya dejó de ser una actividad marginal dentro de la producción mundial de alimentos. Según el informe SOFIA 2026 de la FAO, en 2024 la producción acuícola mundial de animales acuáticos superó por primera vez las 100 millones de toneladas y continuó ganando participación frente a una pesca extractiva que desde hace décadas presenta volúmenes relativamente estables.

Chile es una de las expresiones más contundentes de ese crecimiento. Además de los más de US$ 6.500 millones exportados en 2025, la cadena salmonera genera alrededor de 86.000 empleos directos e indirectos, según estimaciones sectoriales.

“Cuando uno visita los centros de cultivo ve una industria de alta tecnología a cielo abierto”, describió Latorre. Allí intervienen fabricantes de alimento, laboratorios, empresas de vacunación, barcos, transportistas, especialistas en redes, sistemas de monitoreo submarino y compañías dedicadas al procesamiento y la logística.

Durante el primer trimestre de 2026, además, las exportaciones chilenas de salmón aumentaron un 8 % en valor y un 19 % en volumen frente al mismo período del año anterior. Estados Unidos, Japón y Brasil continúan entre los grandes compradores, mientras China y la Unión Europea mostraron un fuerte dinamismo.

Vacunar 400 millones de salmones, uno por uno

Uno de los aspectos menos conocidos de la actividad es la sanidad. Según explicó Latorre, en Chile se vacunan más de 400 millones de salmones por año antes de su traslado desde agua dulce hacia los centros de producción en agua salada.

“Se vacuna cada salmón uno por uno de manera manual”, relató. La operación se realiza cuando los peces todavía son muy pequeños y exige controlar el sitio de aplicación, la profundidad de la aguja y la dosis para evitar lesiones y conseguir una protección prolongada.

Tecnovax incluso trabajó sobre tecnologías para inmunizar ejemplares de apenas unos gramos. “Hemos llegado a desarrollar tecnología para vacunar peces de cuatro gramos, cuando tenemos que hacer vacunación y revacunación”, detalló Latorre.

Esa inversión sanitaria responde también a uno de los desafíos de la industria: reducir enfermedades y disminuir la dependencia de tratamientos antimicrobianos. En Chile, Sernapesca informó que durante 2025 los ciclos incluidos en su programa voluntario PROA-Salmón lograron niveles de utilización de antimicrobianos más de 96 % inferiores al promedio general de los ciclos marinos evaluados.

La eficiencia que vuelve atractivo al pez

Latorre puso especial énfasis en la eficiencia biológica del pescado frente a otras proteínas animales. Los peces no necesitan gastar energía para sostener su peso contra la gravedad y, al ser ectotermos, tampoco destinan la misma cantidad de energía metabólica que los mamíferos a mantener constante su temperatura corporal.

La literatura científica confirma la elevada eficiencia alimenticia de los salmónidos, aunque conviene medirla mediante el índice de conversión y no como porcentaje directo de alimento convertido en carne. Una revisión científica publicada en Reviews in Aquaculture encontró un índice medio cercano a 1,24 kilos de alimento por kilo de crecimiento, con diferencias según sistema productivo y dieta.

Diego Latorre, presidente de Tecnovax.
Diego Latorre, presidente de Tecnovax.

El mismo trabajo encontró que la huella climática del salmón cultivado puede ser sensiblemente menor que la de la carne bovina, aunque la acuicultura no está exenta de impactos ambientales. El alimento, la eutrofización, el consumo energético, los residuos y las condiciones de los ecosistemas receptores forman parte de las variables que deben evaluarse en cada proyecto.

Qué cambió en Argentina

El escenario argentino también comenzó a modificarse. Tierra del Fuego reformó en diciembre de 2025 la normativa que regulaba la actividad: mantiene expresamente prohibido el cultivo de salmónidos en las aguas del Canal Beagle, pero establece un marco para desarrollar acuicultura sustentable en otras áreas y contempla tecnologías como los sistemas cerrados de recirculación de agua, conocidos como RAS.

En junio de 2026, además, SENASA y el gobierno fueguino firmaron un convenio para fortalecer capacidades sanitarias, analíticas y de trazabilidad vinculadas al desarrollo acuícola. El debate, por lo tanto, ya no pasa solamente por salmoneras tradicionales en jaulas abiertas: también incluye tecnologías cerradas y diferentes modelos de producción.

Para Latorre, Argentina perdió oportunidades durante años por una combinación de regulaciones, impuestos, restricciones económicas y falta de previsibilidad para inversiones de largo plazo. “Del otro lado de la Cordillera está”, resumió al mirar hacia Chile y dimensionar una cadena que Argentina todavía observa desde afuera.

Escucha la entrevista completa:

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