Con los perfiles cargados y un escenario climático que aparece, a priori, mucho más favorable que el de campañas dominadas por la falta de agua, la soja comienza a prepararse para un ciclo en el que el desafío podría no ser conseguir humedad, sino aprovechar correctamente cada oportunidad para entrar al lote. Para Patricio Munilla, gerente de marca Don Mario, eso obligará a planificar antes, ajustar las decisiones agronómicas y tener muy aceitada la logística.
“Definitivamente es una campaña para tenerlo a nuestro lado”, sostuvo Munilla al referirse al contratista, en diálogo con Palabra de Campo. La frase resume una cuestión que podría adquirir especial relevancia: si las lluvias son frecuentes y falta piso, disponer de pocos días para trabajar puede transformar cada ventana de siembra en una carrera contra el reloj.
Con agua, Don Mario propone volver a buscar rendimiento
Munilla observa con optimismo el escenario hídrico y asegura que, en sus conversaciones con productores, aparece una idea recurrente: puestos a elegir entre exceso y escasez, muchos prefieren comenzar una campaña con buenas reservas. “A mí dame exceso de agua, que de alguna manera lo puedo manejar”, graficó sobre lo que escucha habitualmente entre productores.
Ese punto de partida podría modificar incluso las estrategias varietales. Después de varios años en los que se priorizaron planteos más defensivos, Munilla considera que existen condiciones para destinar parte de la superficie a estrategias más agresivas y enfocadas en capturar potencial de rendimiento.
En la zona núcleo, por ejemplo, mencionó la posibilidad de trabajar en parte de los lotes con grupos de menor ciclo para explorar mayores productividades y, al mismo tiempo, adelantar la cosecha. La recomendación no significa abandonar estrategias de estabilidad, sino diversificarlas frente a un escenario que encuentra perfiles cargados y buenas condiciones de partida.

“Creo que es un año para agarrar los libros viejos de receta”, resumió Munilla. Es decir, recuperar algunas de aquellas decisiones que los productores tomaban cuando estaban acostumbrados a trabajar con perfiles llenos y buenas precipitaciones.
Una campaña en la que el calendario puede valer tanto como los insumos
Pero tener mucha agua también presenta una contracara. Si los períodos húmedos se prolongan, las ventanas efectivas de siembra pueden achicarse considerablemente por falta de piso, y allí la planificación pasa a tener otro valor.
Munilla retomó durante la entrevista una reflexión que había escuchado de Diego Rotili: existen decisiones que cuestan dinero —como fertilizar, controlar malezas o incorporar determinadas tecnologías— y otras que prácticamente no agregan costo, pero pueden modificar el resultado. Entre estas últimas aparece una particularmente importante: elegir correctamente cuándo sembrar.
“Armar una buena estrategia de fecha de siembra creo que va a ser una de las claves”, señaló. La razón es sencilla: ante períodos prolongados de humedad, esperar exclusivamente el momento considerado óptimo puede terminar resultando contraproducente si una nueva lluvia impide ingresar al lote durante varios días.
Por eso, Munilla incluso planteó que adelantar una fecha puede convertirse en una estrategia válida, aunque agronómicamente no represente el momento ideal. “Quizás no es la óptima, pero de alguna manera te asegura que puedas sembrar”, explicó.
“Tener al contratista a nuestro lado”
Es en ese punto donde aparece uno de los conceptos más interesantes de cara a la campaña: la logística puede convertirse también en una variable agronómica. De poco sirve definir correctamente una variedad y establecer una fecha teórica de siembra si, cuando finalmente aparece la oportunidad para trabajar, no están disponibles la máquina, el contratista o la semilla.
“No nos cuesta nada tener buenas relaciones con el contratista”, recordó Munilla al recuperar aquella reflexión de Rotili. Y enseguida trasladó la idea a lo que puede suceder durante esta campaña: “Definitivamente es una campaña para tenerlo a nuestro lado y que esté a disposición esa ventana de siembra que necesitamos”, especialmente para quienes no cuentan con maquinaria propia.
Lo mismo ocurre con los insumos. La semilla deberá estar preparada antes de que aparezca la oportunidad de sembrar, porque una campaña húmeda puede castigar las demoras logísticas mucho más que otra en la que las ventanas operativas permanecen abiertas durante períodos prolongados.
En definitiva, se trata de llegar a la campaña con decisiones que habitualmente pueden parecer secundarias ya resueltas: fecha, semilla, maquinaria y coordinación con el contratista. “La única manera de poder anticiparse a eso es definir la estrategia con tiempo”, sostuvo Munilla.
Más potencial, pero también más monitoreo
Un ambiente favorable para producir soja también puede favorecer malezas y enfermedades. La mayor humedad, explicó Munilla, obliga a prestar atención a la sanidad y a recuperar una agronomía mucho más cercana al lote.

“Hay que estar cerca del lote”, sintetizó. La recomendación incluye buenos barbechos, monitoreo y utilización de las tecnologías disponibles para evitar que enfermedades, malezas u otros estreses terminen consumiendo los últimos kilos de rendimiento que el cultivo logró construir.
El desafío será, entonces, transformar el agua disponible en kilos y evitar que las mismas condiciones que permiten construir altos rendimientos terminen generando problemas sanitarios u operativos. Para Don Mario, la campaña ofrece condiciones para buscar un plus productivo, aunque eso también exigirá mayor precisión en las decisiones.
La JAT vuelve con una mirada 360° sobre la soja
Estas discusiones tendrán un espacio central en la Jornada Anual de Soja de Don Mario (JAT), que se realizará el próximo 21 de agosto desde las 9, en modalidad virtual. El tradicional encuentro técnico de la compañía vuelve a plantear una mirada integral sobre la campaña, justo cuando productores y asesores comienzan a definir buena parte de las decisiones que llevarán al lote.
La JAT abordará genética, manejo por ambientes, calidad de semilla, implantación, clima, herramientas digitales e inteligencia artificial, entre otros aspectos. La propuesta es analizar el cultivo desde diferentes variables que interactúan entre sí y pueden determinar cuánto del potencial disponible termina convirtiéndose efectivamente en rendimiento.
Munilla destacó durante la entrevista que la jornada cumple 29 años, una trayectoria que, según explicó, refleja tanto la importancia de Don Mario dentro del cultivo como el trabajo de transferencia de conocimiento hacia productores y la red de multiplicadores. “Es una jornada que marca un 360 de todos los aspectos de la campaña”, señaló.
Uno de los ejes estará puesto nuevamente en la genética y el manejo por ambientes, con la intención de ubicar cada material allí donde pueda expresar mejor su potencial. En ese marco se repasarán seis variedades presentadas durante la campaña 2025 y se incorporarán cinco nuevos materiales para 2026.
La calidad de semilla y de siembra tendrá también un lugar destacado. Munilla reconoció que es un aspecto que quizás quedó algo relegado durante los últimos años, pero que vuelve a adquirir importancia cuando el objetivo es conseguir una implantación uniforme y aprovechar ambientes con capacidad para construir altos rendimientos.
De la genética a la inteligencia artificial
El clima será inevitablemente otro protagonista de la JAT, pero la agenda incorporará además un fenómeno mucho más reciente: la inteligencia artificial aplicada a las decisiones agropecuarias. Don Mario buscará analizar cómo estas herramientas pueden empezar a utilizarse en los procesos cotidianos del productor y no simplemente como una nueva forma de buscar información.
Munilla planteó que el objetivo es dejar de pensar la IA únicamente como una herramienta para “reemplazar a Google” y comenzar a utilizarla como “un aliado estratégico” del negocio, capaz de contribuir a mejorar procesos y ganar eficiencia.
Eso no supone reemplazar el conocimiento agronómico. “La agronomía tal cual la conocemos va a existir y va a seguir existiendo”, aclaró, para inmediatamente plantear el verdadero interrogante: cómo utilizar estas nuevas herramientas para “hacer agronomía más eficientemente”.
La expectativa de Don Mario es que la soja 2026/27 permita volver a mirar hacia arriba en términos productivos. Los perfiles cargados y las perspectivas de precipitaciones abren la posibilidad de plantear estrategias más ambiciosas, pero obligan también a prepararse para una campaña que podría exigir mucha precisión operativa.
Porque si el escenario húmedo finalmente se consolida, puede aparecer una paradoja: habrá agua para producir, pero no necesariamente piso para trabajar cuando el productor quiera hacerlo. Y entonces tener la semilla lista, la estrategia definida y, como aconseja Munilla, “al contratista a nuestro lado”, puede terminar siendo tan importante como muchas de las decisiones que se toman dentro del lote.



