Se trata de la segunda bilateral entre ambos —tras un encuentro posterior a la elección— para abordar la postulación que el 2 de febrero pasado inscribió el gobierno del expresidente Gabriel Boric en conjunto con los gobiernos de México y de Brasil, y que tomó por sorpresa a la actual administración.
Kast no escondió su molestia por la falta de consulta de su antecesor, principalmente porque será su gobierno el que deberá enfrentar la campaña, si decide apoyarla.
El proceso ha estado marcado por la renuencia del mandatario a tomar una postura. Previo a su investidura, manifestó su deseo de discutir el tema con la mexicana Claudia Sheinbaum y el brasileño Lula da Silva, pero ninguno de los mandatarios asistió al cambio de mando.
Ni siquiera estuvo presente la propia Bachelet, por un compromiso previo en la ONU, lo que fue duramente criticado por el actual oficialismo, que se debate entre quienes están por asumir que se trata de una candidatura de Estado —más allá de las diferencias ideológicas— y otros que la rechazan de plano.
De hecho, congresistas de este último sector (de la Unión Demócrata Independiente, UDI) el pasado miércoles enviaron a la Cámara de Diputados un proyecto de resolución que busca que la Corporación solicite al presidente retirar la candidatura de Bachelet. Pero la gestión no concitó apoyos y más bien algunos advirtieron el riesgo de intentar “pautear” al mandatario.
Desde la oposición ya han insinuado que negar apoyo a la expresidenta podría afectar el inicio del mandato de Kast.
A nivel diplomático, bajar la candidatura también podría tener costos con los gobiernos de México y Brasil. Y mantenerla podría poner en riesgo la relación con Estados Unidos, que es una de las cinco potencias con poder de veto, y la administración de Donald Trump, a cuya iniciativa Cumbre de las Américas el presidente chileno adhirió asistiendo aun sin ser investido. (ANSA).




