Citi y UBS anticipan boom agrícola para Argentina por El Niño, con más cosecha y dólares

El "súper El Niño" podría mejorar las lluvias en Argentina y elevar la cosecha de soja y maíz, con hasta 4.000 millones de dólares extra

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Los últimos informes de Citi y UBS coinciden en que “El Niño” se intensificó y podría extender sus efectos hasta comienzos de 2027, aunque ponen el foco en riesgos diferentes.

El súper El Niño ya comenzó y podría abrir una ventana favorable para la Argentina: una mejora de las precipitaciones permitiría recuperar la producción agrícola y aumentar el ingreso de dólares durante 2027. Sin embargo, el beneficio no está asegurado. Más lluvia no significa automáticamente una mayor cosecha y, aun con más toneladas, los precios internacionales podrían no acompañar.

Las mediciones de mayor frecuencia muestran una señal todavía más contundente: las anomalías diarias de temperatura en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial llegaron a alrededor de 3 grados hasta el 14 de septiembre. Según el banco, la trayectoria de 2026 se alejó de los parámetros históricos y superó ampliamente los registros comparables de 2015 y 2023.

Citi sostiene que el episodio ya ingresó en la categoría de “súper El Niño”. Su estimación del índice oceánico ONI, una de las principales referencias para medir el fenómeno, alcanzó aproximadamente 2,3 grados centígrados a comienzos de septiembre, por encima del umbral de 2 grados que identifica los eventos extremos.

UBS aporta otra cifra que refuerza el cambio de escenario. El banco elevó de 62% a 98% la probabilidad de un El Niño “muy fuerte” entre octubre y diciembre. A su vez, la posibilidad de que un evento fuerte o muy fuerte continúe durante el primer trimestre de 2027 pasó de 59% a 78%.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) calcula una probabilidad de 75% de que entre octubre y diciembre el fenómeno alcance una intensidad superior a la de los episodios registrados desde 1950. Además, prevé que continúe fortaleciéndose hacia fin de año y persista, posiblemente, hasta febrero de 2027.

Ariel Tejera, responsable del Departamento de Análisis de Mercados de Grassi SA, coincide en que el avance de El Niño puede resultar favorable para la campaña agrícola argentina, principalmente porque incrementaría las lluvias durante la primavera y el verano.

“Súper El Niño”: una inédita oportunidad para el campo argentino

El impacto no será uniforme. Mientras Australia, India, el sudeste asiático y algunas regiones de Brasil enfrentan riesgos de sequías, inundaciones o caídas de rindes, Citi considera que la Argentina probablemente se beneficie con una mejora de las precipitaciones.

Lautaro Ronchi, de RFP Consultoría, coincide con la dirección general del diagnóstico de los bancos, pero advierte que el escenario es “más complejo”.

Ese aporte de agua, explicóa a iProfesional, mejoraría la disponibilidad hídrica para cultivos como maíz, soja y trigo. El punto de partida resulta relevante: buena parte de la región agrícola necesita recomponer sus reservas después de una sucesión de campañas condicionadas por la falta de humedad.

Según los datos aportados por Ronchi, la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta un evento fuerte a muy fuerte, con un pico entre octubre y diciembre y características similares a las observadas en 2015 y 2016. Las precipitaciones podrían ubicarse 30% por encima de lo normal en octubre, 70% en noviembre y 90% en diciembre dentro de la región núcleo.

“Para la Argentina, un Niño es, en promedio, una buena noticia: venimos de cinco Niñas desde 2020 y el agua es nuestro principal limitante. Ahora, más lluvia no es automáticamente más cosecha: importa cuánto, dónde y, sobre todo, cuándo“, señala el experto a iProfesional.

Por eso, para Ronchi, no conviene caer en el alarmismo alrededor de la etiqueta “súper El Niño“. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires espera una instalación gradual del fenómeno y ubica las mayores probabilidades de excesos de lluvias en el nordeste argentino.

La entidad estima actualmente una producción de 47,8 millones de toneladas de soja, 67,5 millones de maíz y 21 millones de trigo. El potencial es elevado, pero la campaña comienza con una limitación: alrededor de 70% de la región núcleo se encuentra entre condiciones de escasez hídrica y sequía.

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Ese aumento podría representar alrededor de u$s 4.000 millones adicionales, aunque el resultado final dependerá de los rindes, los precios internacionales y el momento en que se comercialice la producción.

Más cosecha y más dólares

Para la Argentina, el canal más claro del beneficio aparece en el volumen producido. Ronchi citó estimaciones del IERAL que calculan un incremento potencial de 5,6 millones de toneladas en la cosecha de maíz y de 5,4 millones en soja.

El movimiento no es menor para el mercado cambiario, pues una mayor disponibilidad de maíz temprano podría adelantar parte del ingreso de divisas del agro durante 2027, en lugar de concentrarlo únicamente en los meses centrales de la cosecha gruesa.

En maíz, Tejera observa que algunos productores podrían adelantar la siembra ante la mejora de las perspectivas hídricas. Esa decisión permitiría concentrar un mayor volumen de cosecha temprana entre fines de febrero y marzo.

El límite: más toneladas no garantizan mejores precios

La segunda parte de la tesis es más incierta. Citi sostiene que los precios actuales todavía reflejan sólo una porción de las posibles pérdidas de producción global. Si el fenómeno recorta la oferta en otros países, la Argentina podría combinar una cosecha más abundante con valores internacionales más altos.

Tejera estima que la apuesta de los productores por la campaña 2026/27 volverá a ser importante en términos de superficie sembrada. Si las condiciones climáticas acompañan, esa expansión dejaría un elevado potencial productivo.

En ese sentido, el especialista identifica oportunidades puntuales. El trigo podría verse favorecido si las lluvias afectan las cosechas de Australia y del sur de Brasil, principal comprador del cereal argentino. Los aceites también podrían recibir apoyo si los problemas sobre la palma asiática aumentan la demanda de aceite de soja.

Ronchi, sin embargo, recomienda separar ambos efectos. “El beneficio claro está en el volumen”, afirma. En precios, la Argentina es tomadora y depende de lo que suceda con la producción del resto del mundo.

Pero el escenario no es lineal. Si el sur de Sudamérica y Estados Unidos logran buenas campañas, la soja y el maíz no necesariamente subirán, aun cuando la Argentina produzca más.

En maíz, una demora en la siembra de soja en Mato Grosso podría recortar el potencial de la segunda cosecha brasileña, conocida como safrinha. Ronchi señala que el Instituto Mato-Grossense de Economía Agropecuaria ya proyecta esa producción en aproximadamente 90% de su potencial.

Azúcar y café, entre los alimentos más expuestos

Citi mantiene una visión alcista sobre los commodities agrícolas y considera que el súper El Niño constituye el principal riesgo climático para finales de 2026 y comienzos de 2027.

“El escenario base es más toneladas, no necesariamente mejores precios”, resume Ronchi. También advierte que no existe una lectura completamente uniforme entre los grandes bancos internacionales: mientras Morgan Stanley ubica a la Argentina entre los posibles ganadores, Bank of America la coloca entre los países regionales más afectados, según el relevamiento citado por el consultor.

El banco señala que las estimaciones de producción mundial todavía fueron corregidas mucho menos que el volumen que podría quedar comprometido. Esto deja margen para nuevas revisiones bajistas de la oferta y, en consecuencia, para una presión adicional sobre los precios.

Los productos más expuestos son el aceite de palma, el café robusta, el arroz, el azúcar, el cacao y el trigo australiano. Los riesgos se concentran particularmente en Australia, India, el sudeste asiático y algunas áreas de Brasil.

La experiencia histórica muestra que los mayores saltos de precios ocurrieron cuando un evento climático adverso coincidió con existencias reducidas. Por eso, el azúcar y el café robusta aparecen entre los productos más vulnerables: combinan una elevada sensibilidad a El Niño con inventarios relativamente ajustados.

No obstante, las pérdidas de rindes no bastan por sí solas para anticipar una escalada. La variable decisiva será el nivel de inventarios disponible para absorber una menor producción.

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Adecoagro, la empresa argentina mejor posicionada

El informe de UBS identifica a Adecoagro como una de las compañías latinoamericanas que podría beneficiarse del nuevo escenario. La empresa espera mejores condiciones agrícolas en la Argentina y precios más firmes para el arroz bajo un episodio de El Niño.

El cacao, en cambio, enfrenta este episodio con una disponibilidad más holgada que durante la crisis de 2023 y 2024. Eso podría amortiguar el impacto sobre su cotización, aun si se registraran problemas productivos.

La compañía queda expuesta a distintos canales favorables. Una mejora de las precipitaciones puede beneficiar sus operaciones agrícolas en la Argentina, mientras que una menor producción mundial podría sostener los precios del arroz y del azúcar.

También cuenta con una cobertura parcial frente a la volatilidad: ya fijó el precio de 16% de su producción de azúcar de 2027 en u$s 0,174 por libra.

De todos modos, UBS no emitió en este trabajo una recomendación específica sobre Adecoagro basada exclusivamente en El Niño. El informe analiza la preparación operativa de las empresas frente al riesgo climático, sin plantear que una mejora meteorológica garantice una suba de la acción.

La cobertura sobre el azúcar ayuda a proteger márgenes ante un escenario adverso, aunque también limita el beneficio sobre esa porción de la producción si las cotizaciones internacionales subieran con mayor fuerza.

Ronchi agrega que el pico de precipitaciones podría coincidir con la cosecha de trigo y con la siembra de soja y maíz tardío. Eso puede reducir los días disponibles para trabajar sobre los lotes, deteriorar la calidad de los cultivos y generar cuellos de botella en caminos, acopios y puertos.

Los riesgos para la campaña argentina

La principal amenaza es que las lluvias lleguen en exceso o en momentos críticos. Tejera advierte que el impacto no será uniforme dentro del país: mientras algunas regiones necesitan recomponer sus reservas de agua, otras podrían sufrir anegamientos, una mayor presión de enfermedades y complicaciones logísticas.

El antecedente más cercano obliga a mantener la cautela. En 2016, las lluvias de abril provocaron una pérdida cercana a 6 millones de toneladas de soja. La diferencia es que, según Ronchi, esta vez abril encontraría al fenómeno más cerca de la neutralidad, lo que reduciría, sin eliminar, ese riesgo.

También deben contemplarse olas de calor durante enero, tormentas severas y una mayor incidencia de enfermedades.

El clima ya entra en los balances

Para UBS, una de las principales señales de la temporada de resultados del segundo trimestre fue que el riesgo climático comenzó a influir directamente sobre la asignación de capital de las empresas latinoamericanas.

A esto se suma una amenaza comercial para los productores: comprometer demasiada mercadería sobre una cosecha que todavía no existe o, en el extremo opuesto, no realizar coberturas a la espera de una suba de precios que podría no concretarse.

En el agronegocio brasileño, Tres Tentos destacó el riego, la diversificación de cultivos y alternativas como la canola para reducir la volatilidad. São Martinho avanzó con proyectos de riego, etanol de maíz y biometano.

Las inversiones en riego, autogeneración energética, reutilización de agua, combustibles renovables y diversificación productiva dejaron de ser únicamente políticas ambientales. Ahora funcionan como herramientas para reducir costos, proteger márgenes y evitar interrupciones operativas.

El fenómeno alcanza además al sector financiero. La reaseguradora IRB indicó que la agricultura, que representa 12% de sus primas retenidas, y los seguros patrimoniales son los segmentos más expuestos de su cartera. Un aumento de los eventos extremos puede elevar los siniestros y la volatilidad de sus resultados, aunque también abre espacio para revisar tarifas y ampliar las coberturas climáticas.

El impacto sobre Brasil también será desigual. Las previsiones apuntan a lluvias superiores a las normales en el sur, pero anticipan déficit hídrico y temperaturas elevadas en el norte y nordeste. Esto puede afectar cultivos de secano, pasturas y la implantación de la campaña 2026/27.

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