Celina Cabezas: cómo convirtió su pasión por los caballos en un proyecto de cría en la Patagonia
La historia de Celina Cabezas parte lejos del sur argentino: nació y pasó su infancia entre los campos de Cañuelas y Pehuajó, escapando del ritmo de la ciudad para refugiarse en la vida rural. Mientras otros niños soñaban con parques y viajes, ella prefería el campo y la compañía de los caballos. Ese vínculo temprano con los animales definió su carrera y su proyecto vital: una cabaña de caballos de raza Cuarto de Milla en la estepa patagónica, en la estancia Alinco, cerca de Junín de los Andes.
Infancia y aprendizaje: respeto y vínculo con los caballos
En La Agustina, la estancia familiar de Cañuelas, Celina construyó una relación intensa con los caballos. Aprendió a montar, arrear y convivir con las rutinas rurales desde muy chica. Las caídas fueron parte del aprendizaje; pese a los golpes y a un accidente serio a los ocho años que la dejó inmovilizada por cuarenta días, su preocupación fue siempre volver a montar. Su padre, productor ganadero, fue clave: le transmitió amor por los animales y la insistencia en el respeto. “Háblale al caballo”, le decía, y esa premisa guió su manera de vincularse con los equinos.
Formación internacional y cambio de enfoque
Tras terminar el colegio Northlands, Celina estudió Agronomía, pero mantuvo su formación centrada en lo ecuestre. Vivió en Estados Unidos y en Inglaterra, donde se especializó en Equine Science en St. Louis, Missouri, y en técnicas de entrenamiento cerca de Londres. Esas experiencias sumaron herramientas técnicas y le permitieron conocer métodos menos agresivos de doma. Con ese bagaje volvió a la Argentina, decidida a probar un enfoque distinto al que observaba en las prácticas rurales tradicionales, muchas veces violentas hacia los animales.
La llegada a la Patagonia y el inicio del proyecto en Alinco
El punto de inflexión fue la Patagonia. Celina se enamoró de los paisajes, la estepa y la intensidad del viento patagónico. La estancia Alinco, con sus mallines y pastos amarillentos, le ofreció el espacio para comenzar de cero. El clima allí es extremo: alrededor de 400 mm de lluvia al año y recursos forrajeros limitados, lo que exige manejo cuidadoso y selección genética adaptada al ambiente. Empezó con un padrillo comprado en Buenos Aires y algunas yeguas locales mestizas; después incorporó potrancas puras y, como criterio inviolable, la mansedumbre.
Por qué eligió el Cuarto de Milla
Antes de decidirse por el Cuarto de Milla, Celina crió criollos, árabes y hasta un pura sangre, pero la combinación de temperamento, versatilidad y adaptabilidad que encontró en el Cuarto de Milla la convenció. Descubrió la raza en la Exposición de Palermo y profundizó el conocimiento viajando a Estados Unidos, a estados como Montana y Wyoming, con condiciones ambientales parecidas a la Patagonia. La elección fue estratégica: buscó caballos que combinaran genética adecuada con una disposición tranquila para facilitar el trabajo y la convivencia con las personas.
Prácticas de crianza y manejo racional
La cabaña de Alinco combina selección genética y doma racional. Desde pequeños, los potrillos son acostumbrados al contacto humano para crear un vínculo temprano y evitar el miedo. Celina insiste en que todas las yeguas que ingresan a la manada deben ser mansas; la mansedumbre es un criterio de selección tan importante como la conformación física. Entre sus adquisiciones figura un padrillo cremello, Busy Winning Jacks, comprado hace una década, y otro caballo emblemático: Gitano, un tordillo que por circunstancias había vendido de destete y que luego recuperó porque consideró imprescindible para su cabaña.
Influencia de Monty Roberts y doma sin violencia
Una parte central de su filosofía de trabajo proviene del contacto con Monty Roberts, el renombrado entrenador estadounidense que promueve la doma sin violencia. Celina viajó a California, se capacitó junto a una de sus hijas y adoptó técnicas que priorizan la comunicación y el vínculo antes que la fuerza. Este enfoque confirma lo que ella siempre sintió: que la doma podía —y debía— ser respetuosa. Además, trabaja con profesionales vinculados al equipo de Roberts; Denise Heinlein, por ejemplo, ha visitado la estancia y colabora en la formación y entrenamiento.
Un proyecto educativo y de difusión
Además de mejorar la genética y la conformación de sus ejemplares, Celina sueña con convertir Alinco en un centro de formación. Planea organizar cursos de dos semanas durante el verano patagónico para formar a jinetes y criadores en técnicas de doma racional y en manejo de ganado equino en ambientes extremos. Esa apuesta busca no solo consolidar su cabaña, sino también transformar la relación entre las personas y los caballos, difundiendo prácticas más respetuosas y efectivas.
Desafíos del entorno y estrategias productivas
Trabajar en la estepa neuquina exige adaptar la producción a escasas lluvias y suelos con recursos limitados. El manejo de los mallines —las zonas húmedas donde se concentra la mejor pastura— es crítico. Celina ha tenido que integrar genética importada con manejo racional y prácticas de sustentabilidad para que la cabaña prospere en ese ambiente. La selección de ejemplares mansas facilita el manejo y reduce el estrés de animales y personas, algo clave en condiciones climáticas adversas.
Resultados y proyección
Hoy Celina gestiona unas veinte yeguas madres en la Patagonia y mantiene otras en la provincia de Buenos Aires. Su trabajo en genética y temperamento permitió crear una manada que responde al objetivo: caballos funcionales, mansos y aptos para distintos trabajos y competencias. A los 63 años, su mirada está puesta en el futuro: quiere envejecer pasando cada vez más tiempo en el campo, seguir mejorando la genética de sus ejemplares, competir y crecer. “Siempre se puede mejorar”, dice, confiada en que su proyecto seguirá evolucionando.
Por qué su historia interesa a quienes buscan la Patagonia y la cría equina
La experiencia de Celina combina elementos que atraen la atención en temas de cría equina y turismo rural: un lugar emblemático como la Patagonia, el desafío de criar animales en un ambiente extremo, la adopción de técnicas de doma sin violencia y la integración de genética internacional. Su historia es un ejemplo de cómo la pasión de infancia, sostenida por formación y convicciones, puede transformarse en un emprendimiento sostenible y formador de nuevas prácticas. Para quien busca inspiración sobre cría de caballos, manejo rural en la estepa o turismo de experiencias ecuestres, Alinco y la cabaña de Celina ofrecen un modelo construido sobre respeto, conocimiento y amor por el caballo.





