En el arranque de la campaña fina 2026/27, los productores argentinos señalan que la siembra y la gestión del trigo y la cebada estarán marcadas por decisiones más precisas, presupuestos ajustados y la necesidad de optimizar cada insumo para sostener márgenes acotados. En el congreso A Todo Trigo, celebrado en Mar del Plata y organizado por la Federación de Acopiadores, referentes de distintas zonas agrícolas describieron un escenario donde los costos crecieron y las herramientas financieras cambiaron, obligando a replantear desde la fertilización hasta la comercialización.
Situación en el sudeste bonaerense
Federico Montes, productor de Necochea, confirmó que mantendrá la misma superficie de trigo de la campaña anterior —unas 1.000 hectáreas— dentro de un total de 5.000 hectáreas que administra entre Necochea, San Cayetano, Lobería y General Alvarado. Montes destacó que, aunque la intención es sostener área, la realidad económica exige mayor precisión en cada decisión productiva. “Hoy producir requiere ajustar todo: desde el flete que trae la semilla hasta el momento y la forma de vender”, explicó, subrayando que los márgenes se han comprimido y los riesgos aumentaron.
A pocas semanas de la siembra, persiste la incertidumbre sobre los números finales de la campaña. Montes sostuvo que hay expectativas por una posible baja de retenciones, pero también temor por la evolución de los precios. Planteó que un mejor piso para trigo y cebada rondaría los US$250 por tonelada para recuperar rentabilidades razonables.
Retornos y presión de costos
Los productores coinciden en que la rentabilidad del cultivo se redujo respecto de campañas anteriores. Cuando antes la siembra se proyectaba buscando rentas del 15% al 20%, ahora esos porcentajes son difíciles de alcanzar y la planificación exige ajustar insumos, densidades y contratos. La compresión de márgenes obliga a revisar cada componente del sistema: alquileres, logística, calidad de la cosecha y condiciones de comercialización.
Nicolás Scaramuzza, con establecimiento en la zona de Lobería, dijo que este año volverán a la fina tras no sembrar cebada ni trigo en la campaña previa. Manejan 1.800 hectáreas y proyectan unas 600 hectáreas de fina, entre trigo y cebada. En su caso, los mayores inconvenientes de calidad se registraron en cebada; el trigo, por venderse a puerto cercano, no presentó problemas al no destinarse a molino.
El fertilizante, el factor que más ajustó márgenes
Varios productores coincidieron en que el principal aumento de costos se concentró en fertilizantes. Scaramuzza explicó que el costo de fertilizar fue el que “afanó” el margen que había mejorado el año anterior. A ese impacto se le suma el precio del gasoil y su efecto sobre tarifas de labores contratadas, lo que eleva el costo por hectárea cuando se terceriza maquinaria.
Frente a esos aumentos, se vienen adoptando estrategias para economizar sin sacrificar rendimiento: mayor uso de fertilización líquida de fósforo y nitrógeno que, según los productores, logra eficiencia en insumo por unidad producida; ajustes de densidad por ambiente y una revisión más estricta de recomendaciones técnicas para dosificar según el potencial real del lote.
Financiamiento y mercado: menos crédito, más ventas a futuro
El marco financiero cambió: con el dólar planchado y tasas que se mantienen altas o suben, tomar préstamos bancarios dejó de ser atractivo para muchos productores. En ese contexto, algunas explotaciones empezaron a buscar alternativas como la venta a futuro para fijar precios y financiar operaciones, o a reducir tenencia de stock para no cargar el balance con mercadería sin rotación.
Esteban Tettamanti, con actividad en Santa Fe y Entre Ríos (Alvear y Larroque), señaló que la decisión de retener o vender granos depende de “la espalda” de cada productor. En su caso necesita liquidar producción con rapidez para cumplir compromisos financieros y acceder a nuevos créditos, por lo que acumular grano en campo no es una opción viable.
Influencia del mercado internacional
El mercado internacional también influye en la toma de decisiones. Tettamanti mencionó la oportunidad que genera una mala cosecha en Estados Unidos, que impulsó las posiciones futuras del trigo hacia rangos de US$235–240 por tonelada, y estimó que esa dinámica debe aprovecharse para mejorar la comercialización local. Para Montes y otros, un piso de US$250/ton sería más consistente con la sostenibilidad del cultivo bajo los costos actuales.
Retenciones y tecnología: freno a la inversión
La presión impositiva, en particular las retenciones, fue descrita por varios productores como un “freno de mano” que limita la inversión en tecnología y genética. Las retenciones afectan la capacidad de reinvertir en mejoras productivas y condicionan decisiones de compra de semillas y fertilizantes. Los entrevistados reclamaron mayores incentivos fiscales y condiciones que alentaran la adopción de tecnología que pueda elevar productividad y eficiencia por hectárea.
Estrategias productivas y compras por cultivo
Otro cambio operativo señalado es la gestión de insumos: la tendencia a trabajar “por cultivo” más que con un stock general de insumos. Actualmente, los productores están abastecidos para trigo y colza; las compras para soja y maíz (gruesa) se concentrarán entre agosto y septiembre, buscando aprovechar ventanas de oferta y condiciones de mercado.
En la búsqueda de mejorar eficiencia sin sacrificar rendimiento, la combinación de fertilización líquida selectiva, ajuste de densidad por ambiente, y una gestión comercial más activa (ventas a futuro, fijación de precios parciales) aparece como la estrategia predominante. También se observa mayor atención a la calidad de cosecha —para evitar descuentos— y al uso de servicios tercerizados con evaluación de costos en función del impacto en el resultado final.
Márgenes objetivo y expectativas
El año pasado, algunos productores necesitaban alrededor de 40 quintales de trigo por hectárea para cubrir costos; este año la meta es sostener un margen adicional, logrando, mediante ajustes tecnológicos y comerciales, un excedente que permita mantener la actividad con mayor seguridad. La combinación de costos altos, riesgo climático y presión fiscal exige que la planificación sea más milimétrica y que cada inversión se evalúe con mayor criterio de eficiencia.
Conclusión: menos margen, más precisión
La campaña fina 2026/27 se perfila como un período donde mantener superficie no será suficiente: se requiere optimizar insumos, repensar financiamiento y activar una comercialización más estratégica. Los productores del sudeste bonaerense, Santa Fe y Entre Ríos muestran una postura conservadora en área pero proactiva en manejo: ajustar fertilización, priorizar compras por cultivo, recurrir a ventas a futuro cuando convenga y exigir señales de política que reduzcan la presión sobre la cadena. La clave será combinar mejoras en eficiencia productiva con decisiones comerciales oportunas para sostener la actividad en un contexto de márgenes comprimidos.



