Doble frente para 2026: clima favorable en EE.UU. y suba de retenciones complican al productor argentino

El escenario internacional y las decisiones locales generan incertidumbre y reducen márgenes.

El panorama para el agro argentino hacia 2026 se presenta con serias complicaciones. Por un lado, las condiciones climáticas en Estados Unidos vienen favoreciendo el desarrollo de los cultivos de maíz y soja, lo que proyecta una cosecha excelente y presiona a la baja los precios internacionales. Por el otro, en el plano doméstico, el Gobierno argentino resolvió restituir los derechos de exportación (DEX) para ambos productos, encareciendo la carga fiscal del productor y dificultando la toma de decisiones.

Si se confirman las proyecciones que difundió el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) el pasado 11 de julio, los precios podrían continuar cayendo hasta niveles históricamente bajos, similares —ajustados por inflación— a los del ciclo 2001/2002 e incluso por debajo de los valores registrados en la década del noventa.

Este panorama ha desatado una ola de protestas en varios países productores de commodities agrícolas, incluidas manifestaciones en las rutas de Brasil. Se trata de una rebelión silenciosa frente a mercados distorsionados y márgenes cada vez más estrechos.

Distorsiones locales y maniobras legales

En el ámbito local, la política de intervención sobre los mercados sigue generando consecuencias imprevistas. Tanto el “dólar soja” aplicado durante la gestión de Sergio Massa como la reciente baja temporaria de las retenciones (DEX) implementada por el actual Gobierno alteraron el normal proceso de formación de precios.

Un dato revelador fue la explosión de declaraciones juradas de ventas al exterior (DJVE) en los días previos al 30 de junio: se anotaron más de 8 millones de toneladas de soja, muchas de ellas sin respaldo físico. Esta maniobra, aunque legal, permitió a los compradores quedar exentos del aumento de las retenciones, afectando las paridades ofrecidas actualmente a los productores. Como resultado, las cotizaciones FOB de la harina de soja —principal fuente de divisas del país— se ubican hoy en los valores más bajos de los últimos quince años.

El caso del maíz y una oportunidad de política industrial

A diferencia de la soja, el mercado de maíz ofreció este año una dinámica diferente. Gracias al fuerte consumo interno, los precios superaron en varios momentos la paridad de exportación. Desde marzo, las cotizaciones fueron descendiendo gradualmente, de 200 a 170 dólares por tonelada, en una curva que responde al manual de comportamiento de mercado.

Sin embargo, con una cosecha estadounidense que se perfila como récord y el ingreso de la “safrinha” brasileña, se espera que los precios se ameseten. La buena noticia podría llegar desde el frente interno: una política activa que promueva el uso del maíz para etanol, como propone la cadena en el marco de Maizar, sería una medida justa, oportuna y necesaria para agregar valor local y mejorar la ecuación del productor.

Enrique Erize es presidente de Nóvitas S.A.
Este artículo fue originalmente publicado en el diario La Nación.

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