Si bien las elecciones de medio término de 2026 todavía están a varios meses de distancia, las internas demócratas y republicanas funcionan como un laboratorio donde se ponen a prueba liderazgos, narrativas e intereses económicos que ya comienzan a definir el ciclo político de 2028.
En el Partido Demócrata, la principal batalla gira en torno a una pregunta que se repite desde la irrupción de Bernie Sanders hace una década: “¿El futuro pertenece al establishment moderado o al ala progresista?”
La figura que concentra buena parte de esa discusión es el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Convertido en una de las voces más visibles de la izquierda demócrata, Mamdani decidió involucrarse activamente en varias primarias legislativas, respaldando candidatos que promueven propuestas como Medicare for All, la abolición del ICE, mayores regulaciones al mercado inmobiliario y posiciones mucho más duras hacia Israel.
Los resultados de estas contiendas serán interpretados como una medición directa de su influencia dentro del partido.
En distritos clave de Nueva York, candidatos progresistas desafían a legisladores respaldados por la dirigencia tradicional demócrata, la gobernadora Kathy Hochul, líderes del Congreso y sectores sindicales históricos. Detrás de muchas de estas disputas aparece además el conflicto que más ha dividido a los demócratas en los últimos dos años: la guerra entre Israel y Hamas.
La cuestión israelí atraviesa varias de las campañas más observadas. Mientras algunos candidatos mantienen posiciones cercanas a las organizaciones proisraelíes tradicionales, otros impulsan restricciones a la ayuda militar estadounidense y califican de genocidio la actuación israelí en Gaza.
Pero el elemento quizás más novedoso de estas primarias es la irrupción de nuevas fuentes de financiamiento político. Por primera vez, empresas vinculadas a la inteligencia artificial, la industria de las criptomonedas y los principales grupos de lobby proisraelíes están invirtiendo sumas multimillonarias en elecciones legislativas locales.
En Nueva York, la carrera por reemplazar al histórico congresista Jerry Nadler se transformó en una especie de referéndum sobre la regulación de la inteligencia artificial.
Grupos financiados por ejecutivos de OpenAI y firmas de capital de riesgo apoyan candidatos favorables a un desarrollo más flexible de la tecnología, mientras que sectores vinculados a Anthropic impulsan postulantes que defienden mayores controles regulatorios.
La magnitud de los recursos involucrados refleja una realidad cada vez más evidente en Washington: las grandes discusiones tecnológicas ya no se libran únicamente en Silicon Valley sino también en las urnas.
La industria cripto también busca ampliar su influencia política. Super PACs vinculados al sector participan activamente en varias campañas, especialmente en Maryland, donde se disputa la sucesión del veterano congresista Steny Hoyer.
Todo ello ocurre mientras los grupos proisraelíes mantienen uno de los aparatos de financiamiento electoral más poderosos del país, interviniendo en numerosas primarias con aportes millonarios.
Para los republicanos, en cambio, la jornada tiene otro significado. Donald Trump continúa dominando ampliamente el partido, pero las primarias recientes demostraron que su capacidad para imponer candidatos ya no resulta tan automática como durante los primeros años posteriores a su salida de la Casa Blanca.
La elección para gobernador de Carolina del Sur ofrece una muestra de esa situación. Ante el riesgo de que uno de sus favoritos pudiera ser derrotado, Trump terminó respaldando simultáneamente a los dos candidatos republicanos que competirán en la segunda vuelta, una decisión poco habitual que refleja cierta cautela política (ANSA)


