Crecimiento del sector ganadero y desafíos del feedlot ante límites impuestos por el consumidor

El engorde a corral atraviesa un momento de alta actividad en la Argentina: gran parte de la hacienda faenada proviene de sistemas intensivos pensados para abastecer el mercado doméstico, mientras la industria enfrenta límites marcados por el poder de compra de los consumidores y desafíos en la cadena sanitaria. Fuentes del sector y datos recientes permiten trazar un panorama con oportunidades de crecimiento regional pero también señales de alerta sobre la sustentabilidad del impulso.

Panorama actual del feedlot

Hoy, alrededor del 70% del ganado que pasa por corrales de engorde se destina al mercado interno. Según empresarios del rubro, a pesar de costos y una relación compraventa que se mantiene compleja, el negocio puede arrojar márgenes positivos en modelos de engorde orientados a pesos livianos. La ocupación de los establecimientos ronda el 70%, con algunos corrales operando cerca de su capacidad máxima en las regiones más activas.

Los precios de la invernada y los costos de alimentación determinan la rentabilidad: en escenarios con valores de venta elevados, la cuenta cierra; si la invernada escala a niveles excesivos, la ecuación deja de ser rentable. En paralelo, la exportación muestra demanda externa, pero la rentabilidad para la cadena exportadora se ve presionada por el contexto cambiario y los costos industriales, lo que frena aumentos pronunciados del flujo hacia mercados externos.

Consumo interno y poder de compra

La marcada orientación al mercado doméstico coloca al consumo per cápita como factor limitante del crecimiento. Hoy se estima que el consumo anual de carne bovina se ubica entre 45 y 50 kilos por habitante; ese piso, junto con una porción de la población con acceso restringido a la proteína vacuna, condiciona cuánto puede subir el precio en mostrador sin reducir demanda.

La oferta alternativa de proteínas —pollo y huevo, principalmente— actúa como freno ante subas de precio, al ofrecer opciones más accesibles para hogares con presupuestos ajustados. En la práctica, los aumentos de precio en corrales suelen traducirse en un ajuste del mostrador que marca un nuevo nivel de equilibrio y frena subas adicionales hasta que la dinámica de oferta vuelva a cambiar.

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Expansión regional y oportunidades productivas

Se observan transformaciones territoriales que favorecen la expansión del feedlot: provincias como Río Negro, Mendoza y sectores de la Patagonia registran reconversiones de fincas y hasta viñedos hacia producciones ganaderas intensivas, aprovechando riego y forrajes. Iniciativas públicas y privadas, así como proyectos de integración con la cadena del maíz, apuntan a consolidar clústers regionales que mejoren la logística y el abastecimiento de alimento para animales.

El avance de la ganadería en zonas no tradicionales depende de resolver problemas de infraestructura —distancias, acceso a maquinaria, almacenamiento y transporte—, pero especialistas del sector y cámaras productivas señalan que la revalorización de la hacienda y los precios relativos vuelven económicamente viable realizar inversiones en mejoras de campo, alambrados y corrales.

Sanidad animal: recursos y riesgos para Senasa

La relación entre privados y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) muestra avances en coordinación técnica y adopción de nuevos registros sanitarios, que facilitan prácticas antes restringidas. Sin embargo, el organismo enfrenta una salida continuada de personal que preocupa a productores y gobiernos provinciales por el impacto que puede tener en la capacidad de vigilancia y control sanitario.

Mantener un sistema sanitario robusto es clave para sostener la apertura de mercados y la confianza internacional en la ganadería nacional. Desde el sector reclaman que el Senasa cuente con los recursos humanos y técnicos necesarios para continuar los programas de control, registro y fiscalización, y para acompañar la expansión de la actividad sin que ello afecte la trazabilidad y la respuesta frente a riesgos sanitarios.

En síntesis, el feedlot argentino se beneficia hoy de un contexto de precios y demanda que impulsa ocupación y reconversiones productivas, pero su avance está condicionado por el techo que impone el consumo interno, la competitividad de la exportación y la necesidad de sostener capacidades sanitarias y logísticas. El desafío para el sector será encauzar ese crecimiento sin sacrificar la rentabilidad ni la seguridad sanitaria que requieren los mercados.

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