El mercado cree que Caputo está por dar un paso clave y reabrirá la canilla de pesos

Los analistas ven una suba en la demanda de pesos, y que en diciembre habrá una oportunidad para aflojar la contracción monetaria y reactivar la economía

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El argumento se sostiene en el hecho de que, hacia diciembre, típicamente se produce un aumento en la demanda de pesos por parte del público. La necesidad de liquidez para el pago de aguinaldos, los vencimientos financieros, la planificación de compras findeañeras y las vacaciones hacen que haya mayor propensión a mantener pesos en los bolsillos en diciembre y enero, hasta que en febrero suele producirse el quiebre de tendencia.

Aunque Javier Milei repite en todos los foros que no está dispuesto a cambiar su política anti-inflacionaria, aunque la estricta política de apretón monetario le cueste votos en las presidenciales del año próximo, entre los analistas del mercado se empieza a generar la expectativa de que sobre fin de año habrá una “apertura de la canilla de pesos”.

Un reciente informe de la consultora Grit Capital Group llamó la atención de las empresas, porque pone el foco en un posible cambio de política, a contramano de la ortodoxia que declama el ministro de Economía, Toto Caputo.

Puesto en números, el año pasado en diciembre se generó un salto de 8% en la demanda de dinero por parte de los argentinos, algo que se estima que podrá repetirse el próximo verano.

Pero advierte que se está por generar una oportunidad para otro cambio de tendencia positivo, porque a fin de año se podrá extender la liquidez sin que ello necesariamente haga temer por un rebrote inflacionario.

“El equipo económico de Milei debe escuchar a su audiencia: el tiempo de remonetizar más rápido”, dice el expresivo título del informe elaborado por Walter Stoeppelwerth. Y recuerda que en febrero, cuando se permitió una expansión del agregado monetario M2 -dinero circulante, cheques y depósitos a la vista-, la economía había empezado a dar señales de recuperación. Y que no es casualidad que el quiebre de la tendencia en julio haya coincidido con un mayor celo por absorber liquidez.

De hecho, hay economistas que destacan que en septiembre se notó un cambio: tanto el circulante en poder del público como el M2 dejaron de caer, y retomaron un crecimiento en torno al 22% nominal. En el mercado se interpreta esta situación como un “piso” en la desmonetización, y que de ahora en adelante habrá espacio para mayor liquidez en pesos.

“Veremos si el crecimiento del crédito para el consumo en los bancos permite este giro en la política monetaria. Desde nuestro punto de vista, la respuesta negativa al endurecimiento monetario está aumentando la ansiedad respecto de la campaña reeleccionista de Milei”, apunta el informe de Grit.

El objetivo era acotar el riesgo de presión sobre el dólar y los precios, algo que se logró con relativa facilidad, pero al costo de cierta volatilidad en las tasas de interés.

Efecto colateral del apretón monetario

El diagnóstico que hacen los economistas es que, en buena medida, el empeoramiento de la actividad productiva de los últimos meses fue causado por la brusca contracción en la liquidez, que alcanzó su pico en julio, cuando el ministro Caputo, no se contentó con “rollear” vencimientos de deuda por $8,4 billones, sino que además absorbió un extra de $4 billones.

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Fue precisamente ese dato lo que derivó en un cambio en la percepcion de influyentes bancos de inversión, entre ellos el JP Morgan -que no puede ser sospechado de antipatía por el gobierno, dado que por allí pasaron Caputo y la plana mayor del equipo económico-. Este banco revisó a la baja su pronóstico de crecimiento, que ahora estima en apenas 1,5% del PBI. Se trata de un recorte muy pronunciado, desde el 4 por ciento que originalmente había proyectado el gobierno.

A partir de allí se empezó a registrar una profundización en la crisis del sector industrial, un dato que se confirmó con el recientemente publicado EMAE de julio, que marcó una caída interanual de 1,4% e intermensual de 2,9%. Como ruido de fondo de ese desplome productivo se llegaba al momento de mayor impacto de la crisis de morosidad crediticia.

“La tasa es la herramienta que usa el Gobierno, fundamentalmente, para mantener el dólar atrasado. Yo creo que una baja, aunque sea pequeña, en la tasa de interés, va a permitir, por un lado, mejorar la situación de los deudores, aumentar un poco la actividad económica y hacer que el dólar tome una posición más realista”, indicó el experto en una entrevista televisiva. 

Esto llevó a que, incluso economistas alineados en la línea ortodoxa, estén pidiendo una postura más pragmática y de mayor flexibilidad. Un ejemplo de ello es Claudio Loser, ex director del FMI para el hemisferio occidental, quien reclama un cambio en el manejo de la tasa de interés como disciplinador del tipo de cambio.

Pero, hasta ahora, esos anuncios han demostrado poco impacto, tanto en términos reales de actividad como en una mejora de la imagen del gobierno. Más bien al contrario, el índice de confianza en el gobierno, que elabora la Universidad Di Tella, marcó otra brusca caída en la última medición.

La hora de remonetizar

¿Qué ocurrirá de ahora en adelante? En el ámbito político se especula con eventuales medidas de incentivo para la actividad, sobre todo después de las encuestas que confirmaron el deterioro en la imagen pública del presidente Milei. Pero lo cierto es que ya hubo anuncios, como el del apoyo del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses para el crédito hipotecario. Y también se habilitó el crédito en dólares incluso para empresas que tienen su ingreso en pesos.

Sin embargo, los cambios recientes en el mercado financiero han relativizado el peso de esas declaraciones. El reporte de Grit Capital afirma que “el sólido progreso en la desinflacion, además del instinto de supervivencia política, van a empezar a convencer al presidente y a Toto Caputo de que tienen que apretar el botón verde de la remonetización, incluso si eso llevara a cierto debilitamiento del peso”.

Los analistas interpretan ese dato no tanto como el resultado del estancamiento económico actual sino como de falta de confianza en que el modelo económico de Milei pueda ser capaz de revertir el escenario recesivo. Acaso esa percepción esté influenciada por las declaraciones de Caputo, en el sentido de que se resistirá a cualquier insinuación de un “Plan Platita” libertario previo a las elecciones. “Al populismo no se lo combate con más populismo, sino con ortodoxia”, fue la frase del ministro ante un auditorio de empresarios.

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Para ponerlo en números, la firma Bull Capital analizó que, para que se concrete la meta oficial de que el BCRA compre u$s20.000 millones, debe adquirir u$s5.700 millones en los tres meses que faltan hasta fin de año. Eso implica un cambio drástico respecto de lo ocurrido en septiembre, cuando la compra totalizó u$s224 millones.

Respecto de la modalidad en que se realizará esa remonetización, la mayoría de los economistas manifiesta su preferencia de que el Banco Central retome una compra fuerte de dólares, sin que el Tesoro reabsorba los pesos que quedan en el mercado. De esta manera, no sólo se daría liquidez a la economía, sino que se renovaría la confianza sobre la capacidad del BCRA para hacer frente a una corrida bancaria.

Un incipiente cambio de tendencia

De momento, sí se nota un cambio en la actitud de Caputo: todavía no ha vuelto a los tiempos del “Punto Anker”, como denominan en el gobierno a la situación de expandir la liquidez por la vía de no renovar completamente los vencimientos de deuda en pesos. Pero en las últimas licitaciones del Tesoro se limitaron a “rollear” únicamente los vencimientos, con el cuidado de no sumar una mayor tensión al mercado de tasas de interés. Es todo un cambio con la obsesión por absorber pesos, había sido la tónica durante la primera mitad del año.

Y plantea el interrogante: “Con el trimestre por delante, lo que hay que mirar es de dónde saldrían esos dólares: liquidación del agro, deuda nueva o compras fuera del mercado de cambios”.

Esto fue justificado por el secretario de Finanzas, Federico Furiase, con el argumento de que el mercado está viviendo una turbulencia causada por el alza de tasas de interés a nivel global.

Ese cuidado por no aumentar la volatilidad de tasas va en línea con el reclamo de los bancos, que se encuentran en un momento de retracción del crédito al sector productivo. La nueva estrategia implicó, además, centrar la oferta de bonos de deuda en el corto plazo, abandonando el objetivo de “extender duration“.

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