Con El Niño ya confirmado por los pronósticos globales como uno de los episodios más intensos registrados, Argentina se prepara para un escenario climático que puede redefinir la campaña agrícola.
La expectativa principal es un incremento del caudal de lluvias sobre las zonas productivas clave, especialmente el Litoral, la zona núcleo y buena parte de la región pampeana, con impacto directo en suelos, siembras y logística rural.
Un estudio del IERAL de la Fundación Mediterránea revisó las últimas 28 campañas agrícolas en 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero sobre una superficie cosechada promedio de más de 18 millones de hectáreas.
Ese análisis muestra que en las temporadas con El Niño el rendimiento fue superior: el maíz rindió en promedio 10,3 % más y la soja cerca de 10,8 % frente a años “normales”, un dato que altera expectativas de volumen y precios.
Qué significa para los cultivos
El pronóstico climático trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ubica precipitaciones superiores a la normal en buena parte del Litoral, oeste de Santa Fe, Córdoba, centro-sur de Cuyo, La Pampa, oeste de Buenos Aires y noreste de Patagonia.
En cambio, el NOA y el extremo sur de la Patagonia son las zonas que podrían quedar por debajo de la media histórica, lo que produce un mapa heterogéneo de oportunidades y riesgos para la campaña.
Para los cultivos de invierno, la combinación de humedad por encima de lo habitual y temperaturas algo más bajas suele ser favorable durante el llenado de grano, y es la que contribuyó a la mejor cosecha de trigo de la historia la campaña pasada.
Sin embargo, la misma situación eleva el riesgo de heladas tardías en el sur del área agrícola, un factor que puede afectar calidad y rendimiento si se produce en momentos críticos del cereal.
Riesgos y puntos de atención
El patrón de El Niño también implica mayor probabilidad de crecidas e inundaciones en el río Paraná, con impacto en transporte, puertos y zonas bajas del Litoral donde ya se registran problemas de drenaje.
Suelos saturados pueden retrasar siembras, aumentar la presión de enfermedades foliares y complicar las aplicaciones fitosanitarias, factores que deben considerarse en la planificación de la campaña.
En un punto contraintuitivo, el SMN proyecta una primavera con temperaturas inferiores a la normal en amplias porciones agrícolas —especialmente Cuyo, Córdoba, oeste de Santa Fe, La Pampa y oeste de Buenos Aires— a pesar de la asociación habitual de El Niño con registros más cálidos.
Esta variación térmica obliga a ajustar ventanas de siembra y manejo de cultivos, ya que el calendario fenológico puede cambiar y con él las ventanas de aplicación y riego.
Qué deben monitorear los productores
Los productores y técnicos deben seguir de cerca los pronósticos del SMN, los niveles de ríos y la evolución de la humedad de perfil para tomar decisiones sobre siembra, labores y logística.
También resulta clave vigilar señales de enfermedades fúngicas y ampliar la vigilancia en lotes bajos o de peor drenaje, además de coordinar con corredores logísticos ante posibles restricciones de tránsito por anegamientos.
En términos económicos, la posibilidad de una mayor producción de maíz y soja impulsa expectativas de oferta y puede presionar precios, aunque la distribución espacial de las lluvias y los eventos extremos condicionarán el resultado final.
En síntesis, el fenómeno de El Niño abre una ventana de oportunidades productivas por mayor humedad, pero simultáneamente plantea desafíos operativos y logísticos que definirán si la campaña se traduce en mayores volúmenes reales o en pérdidas puntuales por exceso de agua.



