El Niño ya está instalado, pero la lluvia no llegará igual a todo el campo argentino: dónde se sentirá primero

Leonardo De Benedictis explicó por qué un episodio fuerte en el Pacífico no garantiza agua inmediata en cada región. El Litoral y el nordeste aparecen como las primeras zonas favorecidas, mientras crece la atención por el estrés térmico del ganado.

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El Niño está presente y su intensidad es elevada, pero eso no significa que todas las zonas productivas de la Argentina vayan a recibir lluvias abundantes al mismo tiempo. La aparente contradicción —un Pacífico muy cálido y lotes que todavía esperan agua— se explica por la forma en que el fenómeno transmite su influencia y por las enormes diferencias regionales del país.

Leonardo De Benedictis, meteorólogo, analizó esa situación en una entrevista con Palabra de Campo durante el Congreso Internacional de Maíz. Su mensaje central fue que el productor no debe confundir la categoría oceánica del evento con un pronóstico automático para su establecimiento.

“Es uno de los eventos más importantes a nivel histórico, siempre que miremos donde hay que mirar: la zona central del Pacífico”, señaló. El calentamiento del océano es claro, pero el impacto productivo depende de cómo esa señal interactúe con la circulación atmosférica de cada región.

El diagnóstico coincide con el informe de septiembre del Servicio Meteorológico Nacional. El organismo indicó que las condiciones corresponden a una fase cálida y estimó una probabilidad del 100% de continuidad de El Niño durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre de 2026, con intensidad fuerte o muy fuerte.

“Superniño” no es una categoría diferente

La magnitud del calentamiento alimentó el uso de la expresión “superniño”. De Benedictis pidió precisión: no se trata de un fenómeno distinto, sino de una manera informal de describir un Niño muy fuerte.

“Se habla de superniño, pero en realidad esa categoría no existe. Lo correcto es hablar de un Niño muy fuerte”, explicó. La aclaración importa porque un nombre más impactante puede generar expectativas exageradas sobre lluvias récord en cualquier punto del mapa.

El Niño se define a partir de anomalías de temperatura en el Pacífico ecuatorial y de cambios asociados en la atmósfera. Esa señal modifica probabilidades, no determina el tiempo de cada semana ni elimina la variabilidad local. Por eso, aun bajo una fase cálida consolidada, pueden registrarse períodos secos en Córdoba, el oeste bonaerense o sectores de la región pampeana.

El productor, remarcó el especialista, necesita traducir el dato global a su zona y a la etapa del cultivo. La misma lluvia puede resultar oportuna para una siembra, tardía para otra o excesiva en un lote con drenaje limitado.

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El Litoral y el nordeste, en la primera línea

Según De Benedictis, los primeros efectos más consistentes comenzaban a observarse en el sur de Brasil, Paraguay y el nordeste argentino. La señal debería fortalecerse durante octubre y, especialmente, en noviembre.

“Se espera que empiece a sentirse con más fuerza en toda la porción del Litoral y luego, de una manera algo más relajada, en Córdoba”, describió. El núcleo habitual de la influencia de El Niño se ubica sobre el nordeste, mientras que el centro del país puede recibir beneficios más irregulares.

Ese patrón permite entender por qué algunas áreas cordobesas todavía reclamaban agua pese al desarrollo del fenómeno. No hay una llave oceánica que abra todas las lluvias en simultáneo. Primero deben organizarse los sistemas atmosféricos capaces de transportar humedad y generar precipitaciones sobre cada región.

Para el maíz, la oportunidad aparece si las lluvias se alinean con la implantación y el período crítico. Una buena recarga hídrica puede elevar el techo de rendimiento, pero las decisiones de fecha, densidad, híbrido y nutrición continúan siendo determinantes.

Un fenómeno regional que mueve mercados mundiales

El impacto de El Niño excede a la Argentina. Las alteraciones en las lluvias pueden modificar cosechas de países competidores y, por esa vía, influir en los precios internacionales.

De Benedictis explicó que la fase cálida suele favorecer al sudeste de América del Sur, incluyendo partes de la Argentina, Paraguay y el sur de Brasil. La correlación positiva se observa especialmente en los cultivos de verano, aunque nunca funciona como garantía lote por lote.

En cambio, el centro y el norte de Brasil pueden enfrentar déficits de precipitación. También existen riesgos en Australia, India y el sudeste asiático. “En un resumen general, las áreas más beneficiadas suelen ser las del sudeste de Sudamérica”, afirmó.

La diferencia es clave para soja y maíz. Una reducción de rendimientos en Mato Grosso o en otras regiones de Brasil puede alterar la oferta exportable, mientras una campaña favorable en la Argentina mejora el volumen disponible. El productor local debe seguir ambos frentes: el clima de su campo y el de los países que forman los precios.

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Más humedad también puede convertirse en un problema

El agua es un recurso central para los cultivos, pero la fase húmeda trae riesgos adicionales. Días nublados, anegamientos, enfermedades y dificultades operativas pueden limitar el beneficio cuando la precipitación supera la capacidad del suelo o llega en una secuencia demasiado prolongada.

Para la ganadería, el punto de atención se desplaza hacia la combinación de temperatura y humedad. “Quienes tienen animales deben mirar el estrés térmico. El índice de temperatura y humedad es un factor muy importante”, advirtió De Benedictis.

El ganado disipa peor el calor cuando la humedad es elevada. Bajo esas condiciones puede disminuir el consumo, caer la producción y aumentar la necesidad de sombra, agua fresca y manejo de horarios. No hace falta esperar un récord de temperatura: la persistencia de noches cálidas y aire húmedo también genera carga térmica.

El especialista anticipó un verano potenciado por la humedad y por una mayor frecuencia de eventos de lluvia, sobre todo en el Litoral. Para los sistemas mixtos, esto obliga a planificar tanto la agricultura como el bienestar animal.

La escala correcta para tomar decisiones

El principal aprendizaje es evitar dos extremos. El primero consiste en suponer que El Niño resolverá por sí solo cualquier falta de agua. El segundo, en descartar el fenómeno porque una zona todavía no recibió las precipitaciones esperadas.

“Productivamente importa cómo impactará en la región particular”, resumió De Benedictis. Esa frase devuelve el análisis al lugar donde se toman las decisiones: el lote, el perfil de suelo, la fecha de siembra y el estado real de los cultivos.

El SMN confirma que la fase cálida está consolidada y es fuerte. El pronóstico mejora la probabilidad de lluvias en zonas extensas del este y nordeste argentino, pero no reemplaza el seguimiento de corto plazo. Durante esta campaña, la ventaja estará en combinar la señal de gran escala con monitoreo local y flexibilidad.

El Niño ofrece una oportunidad productiva, especialmente para los cultivos de verano. Pero su promesa no llega en un paquete uniforme: se distribuye por regiones, momentos y ambientes. Entender esa diferencia será tan importante como la cantidad total de agua que deje la campaña.

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