Fertilización en trigo puede aumentar 25% margen bruto al pasar de dosis promedio a optimizadas

La próxima campaña fina abre una ventana inusual: suelos con elevados niveles de humedad y perspectivas de rendimiento muy altas para trigo y también para cebada. Ese contexto transforma las prioridades en el lote: cuando el agua deja de ser la limitante principal, la nutrición del cultivo pasa a ser el factor decisivo para convertir potencial en kilos y calidad comercial.

Así lo advierten desde Fertilizar Asociación Civil, que reunió a la prensa para analizar escenarios productivos, económicos y de insumos. Los técnicos y directivos de la entidad presentan datos y recomendaciones básicas para que los productores aprovechen las condiciones favorables sin desperdiciar recursos ni arriesgar la calidad del grano.

En este informe repasamos las claves técnicas y económicas que marcarán la campaña, desde la necesidad de análisis de suelos y esquemas de fertilización balanceados hasta el impacto de la volatilidad internacional en precios y abastecimiento. También explicamos cómo ajustar la nutrición según destino de la cosecha —trigo o cebada— y qué herramientas tecnológicas pueden ayudar a tomar decisiones más precisas.

Condición de humedad: oportunidad para rendimientos récord

Los perfiles de suelo relevados en buena parte de las zonas agrícolas muestran entre 80% y 100% de agua útil disponible, un escenario que reduce el riesgo hídrico y eleva el techo de rendimiento. En estas condiciones, el manejo nutricional se vuelve determinante para que los cultivos alcancen su potencial genético y comercial.

María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC, y Roberto Rotondaro, presidente de la asociación, coinciden en que cuando el factor agua deja de limitar, la “ingeniería agronómica” —es decir, decisiones sobre dosis, fuentes y momentos de fertilización— define si se aprovecha o no la campaña.

Fertilización: más que nitrógeno

Desde Fertilizar AC recomiendan estrategias integrales que contemplen nitrógeno, fósforo, azufre y micronutrientes. Un aporte equilibrado favorece la producción de biomasa, la formación de grano y los parámetros de calidad que inciden directamente en el precio recibido por el productor.

Rotondaro puso también la lupa sobre la dinámica de mercados: los precios de fertilizantes y granos interactúan con la situación internacional —mencionó el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre combustibles y cadena de suministro—, aunque aclaró que, pese a que el país importa cerca del 70% de sus fertilizantes, la provisión para la siembra de fina está cubierta por stock en plantas y embarques en curso.

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Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC

La necesidad de análisis de suelos

El diagnóstico del suelo figura como herramienta estratégica para definir dosis, fuentes y calendarios de aplicación. Aun así, su adopción es limitada: según encuestas del RETAA, apenas alrededor del 25% de los productores de trigo realizaron análisis de suelo para la campaña 2023/24.

Los técnicos advierten que las lluvias recientes y las cosechas de muy alta producción aceleraron procesos de lixiviación y extracción de nutrientes, empeorando el balance en muchos suelos. Por eso insisten en muestreos periódicos y planes de reposición: conocer el estado real del suelo reduce riesgos, optimiza insumos y mejora la rentabilidad por hectárea.

Momento y fraccionamiento del nitrógeno

El momento de aplicación del nitrógeno es crítico. Las estrategias que dividen la dosis entre siembra y macollaje permiten acompañar la demanda del cultivo y minimizar pérdidas por lavado o volatilización. En etapas avanzadas, aplicaciones dirigidas pueden contribuir al contenido proteico del grano, pero la planificación temprana suele ser más eficiente para rendimiento y estabilidad.

Manejo nutricional del trigo: eficiencia ante precios altos

Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC, señaló que una nutrición desbalanceada reduce la respuesta agronómica y el retorno económico, especialmente con costos de insumos elevados. No obstante, con diagnósticos y manejo adecuados, la fertilización sigue siendo una inversión rentable incluso en escenarios de costos altos.

Trigo en floración

En su ejemplo económico, Ciarlo comparó un lote con rendimiento sin fertilizar de 3.000 kg/ha frente a un potencial de 5.000 kg/ha con nitrógeno: la diferencia traducida a margen puede alcanzar unos 220 dólares por hectárea cuando se elige medir y fertilizar en lugar de no intervenir.

Además, una nutrición correcta beneficia a los cultivos de segunda, como la soja, al dejar remanentes de fósforo y azufre que aportan estabilidad al sistema productivo.

Economía de insumos y relaciones de precio

Con un precio de trigo orientativo de 230 dólares por tonelada y un valor de urea cercano a 940 dólares por tonelada, la relación actual de kilos de trigo necesarios para comprar 1 kg de nitrógeno se ubica en torno a 8,9 kg (antes del conflicto internacional era de 6,3). Cada kilogramo de nitrógeno aplicado suele producir en promedio unos 20 kg de trigo, lo que mantiene la relación insumo-producto favorable en muchos escenarios.

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El costo de muestreo y análisis de suelos se sitúa en torno a los 5 dólares por hectárea, una inversión menor frente al potencial de aumento de margen que puede generar una fertilización ajustada.

La cebada: destino y calidad condicionan la nutrición

Para la cebada, el manejo varía según el uso final. En cebada cervecera el atributo clave es el contenido proteico: los estándares comerciales suelen exigir entre 10% y 12% de proteína; valores fuera de ese rango dañan la calidad para maltería. En cambio, la cebada forrajera prioriza rendimiento sobre parámetros proteicos.

Pablo Prystupa, experto en cebada de la FAUBA

Según los cálculos técnicos, aumentar del 10% al 12% de proteína puede requerir entre 23 y 43 kg de nitrógeno por tonelada de grano. A nivel de lote, para una cebada que rinde 4.000 kg/ha, elevar un punto de proteína implicaría aproximadamente 82 kg de urea y un costo estimado cercano a 78 dólares por hectárea.

En la práctica, el productor debe decidir si fertilizar pensando en proteína (cuando el destino es maltería) o en rendimiento (cuando el destino es forrajero), ajustando dosis y momentos de aplicación en consecuencia.

Tecnologías para afinar decisiones

Herramientas como sensores de clorofila (SPAD) y vegetación (NDVI) ayudan a monitorear el estado del cultivo y estimar en tiempo real la necesidad de nitrógeno adicional. Estas tecnologías permiten afinar aplicaciones, reducir pérdidas y mejorar tanto rendimiento como calidad.

La fertilización foliar o tardía puede ser una alternativa para corregir desviaciones de proteína en etapas avanzadas, pero no reemplaza un plan basado en diagnóstico previo y en fraccionamiento cuando corresponde.

Conclusión: planear para aprovechar la oportunidad

La combinación de alta disponibilidad hídrica y buenas expectativas de precio convierte a esta campaña en una oportunidad para recuperar nutrientes, mejorar calidad y elevar la rentabilidad. La receta recomendada por los especialistas es simple en su base: analizar el suelo, definir dosis y momentos según objetivos productivos (y destino del grano), y usar herramientas de agricultura de precisión para ajustar en tiempo real.

Con esa guía, los productores pueden transformar un escenario climático favorable en resultados concretos: más kilos por hectárea, mejor calidad comercial y una mayor estabilidad económica para la rotación de cultivos.

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