Un informe reciente de Rosgan muestra que la zafra de terneros arrancó el año con un ritmo marcado a la baja: hay menos movimientos de animales livianos desde los campos, pero la actividad en sistemas intensivos se mantiene. El informe atribuye la menor salida a una combinación de factores productivos y económicos —mayor oferta de pasto y condiciones de mercado que incentivan la retención—, con consecuencias directas sobre la composición del ganado en corrales y la futura oferta de carne.
Con precios sostenidos y pasturas en buen estado, muchos productores eligen alargar la recría a campo para sumar kilos a menor costo antes de llevar los animales al encierre. Ese cambio en la estrategia productiva tiene efectos visibles en los registros oficiales y en la dinámica de los feedlots.
En los primeros cuatro meses del año, los traslados totalizaron 2,973 millones de animales, aproximadamente un millón menos que en el mismo tramo de 2025, cuando se habían movilizado 3,958 millones. En abril, las salidas de terneros y terneras desde los establecimientos alcanzaron las 926 mil cabezas, casi la mitad de lo observado en abril del año anterior.
Tomando como referencia un rodeo de 14,4 millones de terneros y terneras, los movimientos registrados hasta abril representan solo el 20,6% del stock, un porcentaje claramente inferior al de años recientes.
Ritmo más lento en la zafra de terneros
Rosgan destaca que la caída en términos absolutos es clara, pero se vuelve más significativa al compararla con el stock reportado al 31 de diciembre. Según la entidad, la zafra actual contiene la dinámica más pausada de la última década.
El contraste con ejercicios previos refuerza el diagnóstico: en 2025 la proporción de salida sobre stock era del 27%; en 2024 fue del 23% y en 2023, con un stock récord, alcanzó el 28%. La explicación más plausible es la combinación de pasturas favorables y señales económicas que hacen rentable ganar peso en el campo antes del encierre.
Los datos indican una mayor permanencia del ganado en pie y una ampliación de los procesos de recría a campo previo al ingreso a sistemas de terminación, una decisión que modifica los tiempos habituales de la cadena de producción.
Menor participación de terneros en los corrales
La tendencia se refleja también en el destino inmediato de los animales: entre enero y abril, de los casi 3 millones de traslados, unos 570 mil ingresaron a corrales, lo que equivale al 19,2% del total. Aunque ese porcentaje es inferior al de años anteriores, no implica una merma en la actividad de los feedlots.
Datos de Senasa indican que al 1° de mayo había 2,04 millones de cabezas en corrales, un 6% por encima de la misma fecha del año pasado y el segundo registro más alto de la serie histórica. Según Rosgan, lo que cambia no es tanto la magnitud global del encierre como el perfil de los animales que están ingresando.
En particular, aumentó la participación de novillitos y vaquillonas de menor peso, que pasaron a constituir el 44% del total de ingresos. En contraste, la proporción de terneros descendió: en años recientes representaban cerca del 45% de los ingresos en el primer cuatrimestre; en 2026 esa participación cayó al 39%.
Este desplazamiento en la composición sugiere que los corrales están recibiendo un mayor volumen de animales con más kilos o de categorías intermedias, lo que altera la logística y los tiempos de terminación.
Más kilos antes del encierre y efectos en la oferta
Hoy, el 48% del stock en feedlots corresponde a novillitos y vaquillonas, mientras que apenas el 32% son terneros —por debajo del cercano 40% registrado en años anteriores y de los picos observados durante la sequía de 2023. Un ejemplo de este cambio es el aumento del stock de novillitos: al 1° de mayo sumaban 254 mil cabezas, un 20% más que un año atrás y el registro más alto en cinco años.
Si esta tendencia se sostiene, los expertos señalan que podría terminar traduciéndose en una oferta de animales más pesados hacia la etapa de faena. Eso, a su vez, puede influir en la curva de precios, el comportamiento de la industria frigorífica y la estrategia exportadora, donde factores como la disponibilidad de hacienda y el tipo de cambio juegan un papel clave.
Rosgan concluye que la ganadería está ajustando su ritmo productivo: la salida de animales es más lenta, la recría a campo gana terreno y los corrales mantienen un rol central en la última etapa de terminación, pero con un perfil de ingreso diferente al habitual.
En el corto plazo, el mercado seguirá atento a la evolución climática, a las señales de precio y a las políticas cambiarias que afecten la competitividad de las exportaciones, porque de ellas dependerá cuándo y con qué características regresará al circuito la oferta de terneros y novillos.





