Mientras los precios y márgenes de la ganadería argentina dan señales positivas, un dato estructural prende luces de advertencia: el país sigue perdiendo vientres. La reciente campaña de vacunación antiaftosa, cuyos datos oficiales fueron difundidos por el Senasa, confirmó que el stock bovino continúa su tendencia descendente, especialmente en los rodeos de vacas y vaquillonas.
Según el informe semanal del mercado ganadero de Rosario (Rosgan), este año se vacunaron 49,4 millones de cabezas, 1,3 millones menos que en 2024, lo que representa una caída interanual del 2,4 %. Pero lo más preocupante no es el número general, sino la salida de 825 mil hembras del sistema, entre ellas 406 mil vacas y 418 mil vaquillonas.
Desde el Rosgan advierten que la ganadería está tocando un límite: “No es posible seguir extrayendo del circuito productivo la proporción de hembras que se ha estado registrando en los últimos años, al punto de exceder el límite de la reposición”, señala el documento.
La pérdida de vientres no se detiene, ni siquiera con buen clima
Desde 2022, la ganadería argentina perdió más de 1,2 millones de vacas. En paralelo, las vaquillonas vienen cayendo desde 2021, con una merma acumulada de 957 mil cabezas. Este proceso, que comenzó bajo el impacto de la sequía prolongada, hoy persiste a pesar de la mejora climática en gran parte del país.
El reporte del Rosgan subraya que la faena de hembras no ha dado tregua, lo que relativiza la sequía como causa principal. Con pasturas recuperadas y disponibilidad forrajera creciente, el ritmo de liquidación de vientres debería haberse desacelerado, pero no fue así.
El fenómeno refleja una falta de incentivos claros para retener madres. La presión fiscal, la incertidumbre económica y la necesidad de hacer caja inmediata empujan a muchos productores a vender hembras, incluso a costa del capital productivo a futuro.
Mejora reproductiva: una señal positiva que no alcanza
En paralelo, el mismo relevamiento sanitario del Senasa trajo un dato alentador: los índices reproductivos mostraron una leve mejora. Durante la campaña se destetaron 14,5 millones de terneros, prácticamente igual que en 2024, lo que arroja una relación ternero/vaca del 67,9 %, superior al 65,8 % del año anterior.
Si bien esto sugiere una mejora en eficiencia reproductiva, los técnicos del Rosgan lo consideran insuficiente. “Es mucho más costoso y lento aumentar la producción vía mejora reproductiva que sosteniendo un stock sano de madres”, explican.
En otras palabras, aunque los índices mejoren, sin un número adecuado de vientres no hay forma de aumentar la oferta ganadera en el corto y mediano plazo.
¿Qué puede hacer el Estado para frenar la pérdida de vientres?
La actual situación plantea un desafío estratégico: si Argentina quiere expandir su producción de carne, necesita políticas que prioricen la retención de hembras. En un contexto de recomposición forrajera, mantener el capital madre es clave para aprovechar el ciclo de precios altos y mejorar la productividad estructural.
Desde el sector reclaman medidas fiscales y crediticias que permitan al productor sostener vientres sin penalizar su flujo financiero. También se plantea la necesidad de instrumentos que premien la eficiencia y la mejora genética, pero sin descuidar la base del sistema: el número y la calidad de las madres.
El mensaje final del Rosgan es contundente: “No hay crecimiento sin vientres”. Por más que los mercados respondan y los precios acompañen, sin una base reproductiva sólida el futuro de la ganadería argentina queda en entredicho.


