La empresa que controla Vicentin ahora busca quedarse con el frigorífico Friar

El grupo rosarino, que se impuso a las multinacionales del agro para quedarse con la cerealera, avanza sobre el negocio frigorífico

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El Grupo Grassi negocia recuperar el negocio frigorífico que supo pertenecer a Vicentin. La maniobra apunta a quedarse con las plantas de Friar en Reconquista y Nelson, reactivar su actividad industrial y devolverlas al negocio exportador de carne vacuna.

Con ese antecedente Grassi activó su plan quedarse con Friar, según fuentes del sector y el periodista Nicolás Razzetti. La Nueva Vicentin ya había manifestado antes su interés en que Friar recuperara actividad, en sintonía con los negocios de burlanda y feedlot que maneja el grupo. Ahora la idea toma forma concreta, ya que Grassi ofrece aportar asistencia financiera y sumar socios con experiencia en la industria cárnica para que las plantas de Reconquista y Nelson vuelvan a ocupar un lugar relevante en el negocio exportador.

Friar viene siendo manejada por los fondos Baf Credit y Baf Trade, que atraviesan un proceso de liquidación y no tendrían, según esos mismos actores de la cadena, un proyecto industrial o comercial pensado para sostener la actividad de las plantas. La consecuencia, siempre según esas fuentes, fue el consumo del capital de trabajo de la empresa sin que aparecieran soluciones concretas para reactivarla.

Esta intención de compra se suma al expediente de ARSA, donde la posición de Vicentin quedó asentada por escrito ante la Justicia.

Uno de esos socios ya tiene nombre. Se trata de Abuelo Julio, la exportadora de carne vacuna que opera el frigorífico de Nelson y que aporta el conocimiento comercial y logístico que a Vicentin, en su reconfiguración actual, todavía le falta. La lógica de la jugada es bajar costos, ganar eficiencia industrial y sumar escala integrando la faena con el feedlot que Vicentin conserva, una estructura que llegó a tener capacidad para engordar unos 50.000 animales en simultáneo.

Con el paso de los años, BAF LATAM Trade Finance Fund B.V. mantuvo una importante posición crediticia sobre SanCor. En marzo de 2026, la Justicia reconoció un crédito del fondo por US$51,8 millones dentro del proceso concursal de la cooperativa, mientras que una disputa sobre las marcas Mendicrim y Santa Brígida continuaba pendiente de resolución.

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BAF, un viejo conocido

BAF no es un nuevo en el mundo de la agroindustria, ya que saltó a la fama con la caída de SanCor, la emblemática cooperativa láctea. El vínculo entre el fondo BAF y SanCor se remonta a la crisis financiera de la láctea, cuando el fondo se convirtió en uno de sus principales acreedores. En 2016, BAF Capital y Vicentin adquirieron el negocio de yogures, flanes y postres que SanCor transfirió a Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), una operación por la que la cooperativa conservó una participación minoritaria.

La mejora vino acompañada de un depósito en garantía de unos 350 mil dólares, equivalente al diez por ciento del precio ofrecido, para reforzar el compromiso de pago. La jugada de Vicentin llegó apenas después de que otro grupo empresario cordobés presentara una oferta que incluía el pago total de manera inmediata. Esta definición sobre ARSA todavía está abierta.

El otro frente abierto: la pulseada por ARSA

Mientras negocia por Friar, Vicentin no soltó su otro objetivo de quedarse con Alimentos Refrigerados SA, la láctea conocida como ARSA, que lleva unos tres años paralizada. La periodista especializada Elida Thiery reconstruyó la presentación que la empresa hizo días atrás en el expediente de quiebra, donde elevó su oferta inicial de 2,5 millones de dólares a 3,5 millones por las plantas de Arenaza, en el norte bonaerense, y Monte Cristo, cerca de la ciudad de Córdoba, además de marcas, bienes muebles y rodados.

La pelea no fue sencilla. Del otro lado estaban gigantes globales del comercio de granos como Bunge, la alianza entre Molinos Agro (del grupo Pérez Companc) y Louis Dreyfus Company, y también Unión Agrícola Avellaneda. Grassi reforzó su posición sellando un acuerdo comercial con Cargill, que se comprometió a hacerse cargo del crushing y la comercialización de la producción en caso de que el grupo rosarino se impusiera. Esa alianza le dio a Grassi el respaldo de bancos internacionales, cuya deuda había comprado previamente, y sumó también el apoyo del Fideicomiso Acreedores Granarios, que agrupa a más de 70 empresas del sector.

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Cómo Grassi se quedó con Vicentin y a quién dejó en el camino

Para entender por qué el nombre de Grassi aparece hoy detrás de Friar y de ARSA hay que remontarse al desenlace del concurso de Vicentin. El corredor de granos rosarino, fundado en 1888, venía trabajando desde 2020 para quedarse con el control de la cerealera santafesina, en default desde 2019 tras un desmadre financiero que la dejó expuesta a una corrida cambiaria.

No todos los acreedores quedaron en la misma posición. El Banco Nación emergió como uno de los actores más golpeados por el desenlace del concurso, sin acceso al esquema de recupero pleno que sí consiguieron los productores que aceptaron la modalidad de pago en granos.

El resultado se conoció tras el cramdown, pues el juez civil y comercial Fabián Lorenzini declaró a Grassi SA ganador del proceso, después de que la sociedad integrada por Molinos Agro y Louis Dreyfus (LDC) compitiera y perdiera. Mariano Grassi, al frente del grupo, planteó en ese momento la diferencia central con las otras propuestas. Mientras el resto apuntaba a un desguace de activos, la de Grassi ofrecía sostener a Vicentin entera y en funcionamiento. El plan contempló pagar el 100% de la deuda a los acreedores que le vendieran granos durante diez años, con una inversión proyectada de 120 millones de dólares para poner en marcha las plantas.

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