“No negaré que nos asustamos, o quizás sea mejor decir que nos sorprendimos”, comentó otro residente.
A pesar de la negación de los rebeldes, los residentes de La Meca describieron una noche difícil: “Vi a algunas personas presas del pánico, corriendo hacia la ventana para comprender lo que sucedía”, declaró un residente a la prensa internacional.
El martes, Riad ya había alertado sobre posibles ataques contra La Meca, objetivo de conflictos anteriores entre Arabia Saudita y los hutíes.
“¿Acaso no son musulmanes? Están atacando la ciudad más sagrada. ¿Qué hay que atacar?”, completó.
Mientras, a pesar de que las milicias progubernamentales afirman haber sufrido “grandes pérdidas” entre los rebeldes en Bab el-Mandeb, los hutíes continúan sus ataques —el grupo ha reivindicado incursiones en una base aérea en Khamis Mushait y en instalaciones de Aramco en Yanbu— y están reforzando su control sobre el Mar Rojo, al tiempo que aseguran que la navegación en el estrecho “es normal”.
La coalición liderada por Arabia Saudita prometió represalias, asegurando que “no dudará en adoptar las medidas disuasorias necesarias”.
Los ataques de la semana pasada dañaron dos estaciones de bombeo que abastecen al oleoducto, en tanto aún se desconoce cuándo se realizarán las reparaciones.
En tanto, la producción petrolera saudita cayó a su nivel más bajo desde 1990, y están surgiendo detalles sobre los ataques al vital oleoducto Este-Oeste de 1200 kilómetros que atraviesa la península arábiga.
Todas las miradas están puestas en EE.UU., pero ese país parece reacio a intervenir: de hecho, según trascendió, funcionarios de Washington se reunieron con representantes hutíes en Omán durante el fin de semana y recibieron garantías de que los milicianos no tienen intención de atacar buques comerciales estadounidenses, israelíes ni de otras nacionalidades, salvo los pertenecientes a Arabia Saudita.
Ante esa escalada de violencia, las fuerzas progubernamentales instan a la comunidad internacional a tomar medidas contra los hutíes.
Estos rumores no coinciden con los intereses sauditas, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, rechazara la semana pasada la solicitud de ayuda del príncipe heredero Mohammed bin Salman. (ANSA).



