El Niño eleva riesgos y activa alertas por té, yerba mate y cítricos en NEA

Un informe de la Fundación Mediterránea analiza el posible impacto de El Niño en las economías regionales del NEA: lluvias superiores a lo normal entre septiembre y noviembre, y riesgo de heladas tardías que afecten cultivos y plantaciones.

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Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea alerta sobre la conjunción de El Niño y las heladas tardías que podría afectar al NEA, Paraguay y el sur de Brasil en los próximos meses. Esta combinación obliga a productores y autoridades a extremar la planificación para evitar pérdidas productivas y operativas.

El riesgo no es homogéneo: los efectos variarán según el cultivo, la etapa fenológica y la infraestructura disponible en cada zona. Comprender dónde y cuándo caerá la lluvia será clave para transformar exceso hídrico en oportunidades y no en daños.

EL NIÑO Y UN MAPA QUE PREOCUPA AL NEA

Los modelos del ECMWF y el SMN proyectan lluvias y tormentas intensas para septiembre, octubre y noviembre, con una anomalía prevista de alrededor de 50 milímetros por encima de lo habitual. Esa cifra promedio, sin embargo, oculta la gran variabilidad espacial y temporal que preocupa a técnicos y productores.

El informe de IERAL señala que las mayores probabilidades de precipitaciones superiores a lo normal se concentran en Misiones y Corrientes, además del este del Chaco y Formosa. Al mismo tiempo, las temperaturas inusualmente elevadas del invierno adelantaron el brote en algunas plantaciones, dejando tejidos vegetales más expuestos a descensos bruscos de temperatura.

La situación hídrica del suelo muestra contrastes fuertes dentro de la región: Misiones dispone de cerca del 90 % de agua útil en el perfil, mientras que el noreste de Corrientes alcanza entre 70 % y 80 %. Otras zonas correntinas, en cambio, registran disponibilidad apenas entre 20 % y 30 %, lo que condiciona la respuesta ante lluvias intensas.

El SMN recomienda seguir pronósticos diarios y semanales y consultar el sistema de alerta temprana, porque pueden ocurrir episodios puntuales de mayor intensidad que los promedios trimestrales. Además, las heladas tardías aparecen como un factor de riesgo por su vínculo con la aparición y avance de plagas.

RIESGOS OPERATIVOS Y PRODUCTIVOS

El documento divide los efectos en dos grandes grupos: riesgos operativos y riesgos productivos, una distinción clave para la toma de decisiones en campo. Una lluvia abundante no siempre implica pérdidas de rendimiento, pero sí puede impedir la realización de labores críticas en los momentos oportunos.

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En provincias como Chaco y Formosa la heterogeneidad del suelo es marcada: aproximadamente la mitad de los territorios desde el centro hacia el este presenta cerca del 30 % de agua útil, mientras que áreas próximas a Salta se ubican alrededor del 10 %. Esa distribución puede traducirse en atrasos de siembra y dificultades para aplicar tratamientos fitosanitarios en tiempo y forma.

Los cultivos de invierno son los más expuestos a la combinación de lluvia y humedad elevada, con mayor riesgo de hongos y enfermedades que comprometen rendimiento y calidad del grano. En cultivos estivales, en cambio, las principales dificultades serían operativas: preparación de lotes y siembras demoradas por exceso de agua.

El informe advierte que la afectación de plagas asociada al escenario climático podría comprometer hasta un 30 % de la brotación en actividades sensibles a la primera etapa del desarrollo. Para las producciones perennes, como yerba mate, té y cítricos, el impacto depende de la intensidad y distribución de las lluvias y de eventos térmicos puntuales.

LA LUPA SOBRE LAS LLUVIAS E INFRAESTRUCTURA

Más allá de las precipitaciones, la clave será la capacidad regional para manejar el agua: caminos secundarios y terciarios, drenajes y mantenimiento de cauces serán determinantes para evitar anegamientos. Si esas condiciones fallan, el potencial productivo que trae El Niño puede diluirse en pérdidas logísticas y sanitarias.

IERAL recomienda que el sector privado anticipe los problemas sanitarios y ajuste prácticas de manejo para aprovechar la mayor disponibilidad hídrica sin exponer cultivos a enfermedades. El sector público, por su parte, enfrenta el desafío de mantener cauces y caminos rurales para facilitar el escurrimiento y la circulación de maquinaria y camiones.

La lectura para el productor es práctica y urgente: monitorear pronósticos, priorizar tratamientos preventivos y planificar fechas de siembra según la capacidad de drenaje del lote. La lectura para las autoridades es estructural: invertir en mantenimiento y alerta temprana para transformar un año húmedo en una ventaja productiva.

En definitiva, el mensaje de IERAL es claro y exige acción coordinada entre privados y públicos para que las lluvias no sean solo un dato climático sino un recurso aprovechable. En una región donde la variabilidad es la norma, ganar la pulseada contra los riesgos pasa por planificación, infraestructura y monitoreo constante.

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