Mauricio Tinari llegó hace 10 años al noroeste de Chaco y decidió quedarse en El Impenetrable para adaptar su formación zootécnica a comunidades rurales e indígenas.
Su experiencia transformó fracasos iniciales en horticultura orgánica en un modelo productivo llamado agromonte.
El caso de Tinari es relevante porque muestra cómo la agroecología y la recuperación de saberes locales pueden generar ingresos y mejorar la alimentación en zonas semiáridas.
Entender este proceso ayuda a pensar políticas públicas y modelos productivos más resilientes frente al cambio climático.
El agromonte: producir con el monte
El agromonte combina especies hortícolas y frutales con árboles nativos para aprovechar diferentes estratos vegetales y la sucesión temporal.
La técnica busca maximizar la producción en espacios pequeños y aumentar la resiliencia frente a heladas, sequías e inundaciones.
La idea surgió cuando las huertas fracasaban por las condiciones extremas y el monte permanecía verde y productivo.
A partir de esa observación se incorporaron especies locales y conocimientos de las comunidades, dando lugar a un sistema productivo adaptado al bioma chaqueño.
El proyecto comenzó con apenas 10 predios y ahora incluye cerca de 300 predios distribuidos en cuatro provincias.
Aunque las parcelas son pequeñas, los beneficios económicos son visibles y la adopción entre comunidades fue alta.
El agromonte es una forma de agricultura sintrópica o agroforestería adaptada a la semiáridez, donde las especies emblemáticas como el algarrobo cumplen un rol central.
Además, el sistema incorpora cítricos, palta, mango y frutas exóticas que amplían la oferta alimentaria y el potencial comercial.
Impacto económico y nutricional
En varios casos las familias lograron duplicar o triplicar sus ingresos gracias a la venta de verduras, frutas y subproductos como la harina de algarroba.
Ese ingreso complementario reduce la dependencia exclusiva de asignaciones y pensiones y genera mayor autonomía económica.
El proyecto también trabaja en indicadores de salud vinculados a la alimentación, como la diabetes y problemas de vesícula, asociados a dietas pobres en frescos.
Incorporar verduras y frutas en la dieta local se evalúa como una estrategia para mejorar la nutrición infantil y reducir enfermedades relacionadas con la dieta.
El modelo no está pensado solo para subsistencia, sino para generar excedentes comercializables que incentiven la adopción.
Esa combinación de seguridad alimentaria y acceso a mercados es clave para la sostenibilidad del sistema.
Escala, diversificación y nuevos actores
El interés por el agromonte traspasó las comunidades y llegó a productores de mayor escala y a espacios académicos.
En el Congreso de Aapresid se discutió la posibilidad de aplicar principios de este sistema en chacras experimentales con soja y maíz bajo manejo agroecológico.
La diversificación contempla tanto cultivos tradicionales como experimentales, con énfasis en especies adaptadas al clima chaqueño.
El objetivo es agregar valor en origen y desarrollar cadenas locales, desde cítricos hasta harina de algarroba, para abrir nuevas oportunidades comerciales.
Además, el sombreo generado por árboles permite explorar cultivos como el café, que podrían integrarse en sistemas mixtos de mayor complejidad.
Este enfoque plantea alternativas frente a la agricultura extensiva y contribuye a mitigar problemas estructurales del modelo dominante.
Financiamiento y organización comunitaria
La expansión del agromonte depende tanto de la asistencia técnica como del acceso a financiamiento y a la organización de productores.
Tinari trabaja desde la Fundación Gran Chaco, que articula recursos con asociaciones locales y busca apoyo internacional.
Hoy la principal fuente de financiamiento proviene de la Unión Europea, con aportes también de programas de responsabilidad social empresarial.
Según Tinari, la cooperación internacional se ha visto afectada por la coyuntura geopolítica, lo que complica la continuidad de algunos proyectos.
En la región existen asociaciones de base que agrupan entre 30 y 40 familias y cuentan con personería jurídica para gestionar proyectos y fondos.
Esa organización colectiva es clave para acceder a insumos, herramientas y asistencia técnica que sostengan la producción en el tiempo.
Lecciones para futuros profesionales
La trayectoria de Tinari muestra que la carrera agronómica puede desarrollarse fuera de los centros urbanos y de los circuitos del agronegocio.
Su recomendación a estudiantes es no conformarse con la primera oportunidad y explorar territorios donde el conocimiento puede tener impacto social y productivo.
En El Impenetrable, la vinculación entre ciencia, saberes locales y organización comunitaria permitió transformar un paisaje en una oportunidad de desarrollo.
Esos aprendizajes son útiles para diseñar políticas públicas, programas de extensión y modelos productivos más equitativos y resilientes.



