Un estudio liderado por la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y divulgado en Sobre La Tierra pone en debate una práctica común en la ganadería: clausurar campos para “recuperarlos” excluyendo por completo al ganado. La investigación, basada en la red internacional Nutrient Network y evaluando 79 pastizales en 15 países —incluyendo cinco sitios en Argentina—, concluye que la eliminación total de grandes herbívoros no siempre mejora la salud del ecosistema y, en muchos casos, reduce los servicios que ofrecen los pastizales a largo plazo.
Por qué importan los pastizales
Los pastizales cubren cerca del 25% de la superficie terrestre y son esenciales para la producción de alimentos, la regulación del clima, el almacenamiento de carbono y la conservación del agua y la biodiversidad. A simple vista pueden parecer menos valiosos que bosques o humedales, pero cumplen funciones estratégicas que sostienen tanto la ganadería como la resiliencia ambiental frente al cambio climático.
La idea de “no tocar” no siempre funciona
Existe la creencia extendida de que dejar un pastizal sin pastoreo permite su restauración natural. Sin embargo, el trabajo coordinado por la FAUBA —publicado en Frontiers in Ecology and the Environment y seleccionado para la tapa de abril de 2026— muestra que la exclusión prolongada de herbívoros suele producir una pérdida de diversidad vegetal. Al desaparecer el pastoreo, muchos pastizales terminan dominados por pocas especies o por plantas exóticas invasoras, con un funcionamiento ecológico distinto al original.
El rol del ganado en el ecosistema
Los autores, entre ellos Laura Yahdjian (docente de Ecología en la FAUBA e investigadora del CONICET), sostienen que las vacas y otros herbívoros domésticos pueden cumplir funciones ecológicas similares a las de los grandes herbívoros nativos que históricamente moldearon estos sistemas. En la Región Pampeana, por ejemplo, la ausencia de herbívoros nativos deja un espacio ecológico que, en cierta medida, es ocupado por el ganado. Por ello, el problema no es la presencia de animales en sí, sino manejar la carga animal de forma que no supere la capacidad del pastizal para regenerarse ni reduzca su biodiversidad.
Resultados internacionales y patrones comunes
El análisis comparó ambientes tan diversos como la Región Pampeana y sabanas africanas. A pesar de las diferencias regionales, emergió un patrón común: la exclusión de grandes herbívoros modifica la estructura y el funcionamiento del pastizal, afectando servicios ecosistémicos clave. Esto se observó en múltiples sitios estudiados por la red Nutrient Network, lo que da robustez a la conclusión de que políticas de exclusión total pueden traer efectos negativos generalizables.
Manejo antes que prohibición
La conclusión central del estudio es que la solución no pasa por remover totalmente al ganado, sino por ajustar y gestionar la carga animal. Un manejo que respete la capacidad de carga del pastizal permite mantener la producción ganadera sin sacrificar biodiversidad ni otros servicios ambientales. Según Yahdjian, es posible producir carne y conservar recursos naturales simultáneamente si se implementan prácticas de manejo que consideren la dinámica ecológica del lugar.
Implicaciones para la política y la práctica
Traducir este conocimiento científico a decisiones cotidianas en el campo es el principal desafío. Los resultados proponen una reorientación de estrategias: en lugar de clausurar lotes de manera indiscriminada, conviene adoptar prácticas de manejo basadas en evidencia, monitoreo y flexibilidad, para ajustar la carga animal según las condiciones de producción y la salud del pastizal. Esto implica integrar objetivos productivos y de conservación en la planificación ganadera.
Nuevas líneas de investigación
El equipo adelantó trabajos futuros dentro del proyecto internacional SPIRIT-Campos, en colaboración con especialistas de Argentina, Uruguay, Brasil y Suiza. Entre los objetivos está profundizar en cómo la exclusión del ganado altera las interacciones entre plantas, polinizadores y otros artrópodos, y evaluar los efectos de la fertilización sobre los pastizales —una práctica que varía mucho entre regiones y que puede tener impactos directos en la biodiversidad y el almacenamiento de carbono.
Servicios ecosistémicos en juego
Además de la biodiversidad, los pastizales contribuyen al almacenamiento de carbono y a la regulación climática. El manejo adecuado del pastoreo puede favorecer la retención de carbono en el suelo y la estabilidad de los servicios hídricos. Por el contrario, prácticas como el sobrepastoreo o la exclusión total pueden reducir la capacidad del ecosistema para brindar esos beneficios, con consecuencias sociales y económicas para las comunidades rurales y para la seguridad alimentaria.
Recomendaciones prácticas (desde la evidencia)
Aunque el estudio no prescribe recetas únicas por región, sí enfatiza principios que deberían guiar el manejo de pastizales:
– Ajustar la carga animal a la capacidad productiva del pastizal y a la variabilidad climática.
– Implementar monitoreo continuo de la composición vegetal y de indicadores de degradación.
– Evitar respuestas extremas como la exclusión total del ganado sin alternativas de manejo.
– Priorizar medidas que integren producción y conservación, buscando resiliencia frente a eventos climáticos extremos.
Balance final
La investigación liderada por la FAUBA desafía una práctica extendida en la ganadería y plantea que la clave para conservar pastizales no es la eliminación del pastoreo, sino su manejo informado. Mantener la diversidad vegetal, asegurar los servicios ecosistémicos y sostener la producción ganadera son objetivos compatibles si se prioriza la gestión de la carga animal y se aplican decisiones basadas en evidencia. En un contexto de cambios climáticos y presiones productivas crecientes, los pastizales requieren estrategias adaptativas que equilibren conservación y productividad para beneficio de la sociedad y del ambiente.





