En los sistemas de producción de carne vacuna, la alimentación representa entre el 60 y el 70% de los costos totales. Por esta razón, optimizar la calidad y disponibilidad del forraje es una de las estrategias más efectivas para mejorar los márgenes productivos sin comprometer el bienestar animal.
En este contexto, las pasturas nutritivas se consolidan como una herramienta fundamental. Su incorporación no solo mejora la conversión alimenticia —es decir, la eficiencia con la que los animales transforman alimento en carne— sino que también permite acortar los ciclos productivos y disminuir la dependencia de suplementos costosos.
“El forraje es la base del negocio ganadero. Si esa base es de baja calidad, todo el sistema se vuelve ineficiente”, afirma el ingeniero agrónomo Martín Torres, especialista en pasturas del INTA Balcarce.
¿Qué características definen a una pastura de alto valor nutricional?
No todas las pasturas aportan el mismo valor nutritivo. La calidad de un forraje depende de diversos factores:
Contenido de proteína bruta
Digestibilidad de la fibra
Relación hoja/tallo
Contenido de minerales y carbohidratos solubles
Estado fenológico en el momento del pastoreo
A medida que la planta madura, la proporción de fibra indigestible aumenta, lo que reduce el aprovechamiento por parte del rumen. Por eso, el momento del pastoreo es tan importante como la especie elegida.
Entre las especies con mejor desempeño nutricional se destacan:
Alfalfa (Medicago sativa): con niveles proteicos superiores al 18%, es una opción ideal para recría intensiva.
Raigrás anual y perenne (Lolium spp.): aporta excelente calidad en otoño-invierno, con alta palatabilidad.
Festuca (Festuca arundinacea): versátil y productiva en zonas templadas.
Megatérmicas mejoradas (Panicum, Brachiaria, Cynodon): adaptadas al norte del país, permiten aumentar la carga animal en sistemas pastoriles subtropicales.
El desafío consiste en equilibrar calidad y volumen, ya que muchas especies de alto valor nutricional presentan menor biomasa total.
Claves para manejar pasturas de forma eficiente
Contar con especies de calidad es solo una parte del proceso. Para aprovechar todo su potencial, se necesita un manejo agronómico adecuado, que incluya:
Rotación planificada
Implementar un sistema de pastoreo rotativo permite dar descanso a las parcelas y aprovechar mejor los rebrotes.Control de carga animal
Adaptar la cantidad de animales a la oferta forrajera evita el sobrepastoreo y mejora la persistencia de las especies implantadas.Monitoreo de calidad y cantidad
Evaluar periódicamente la biomasa disponible y realizar análisis bromatológicos ayuda a tomar decisiones más precisas.Fertilización estratégica
Aplicar nutrientes clave —como nitrógeno, fósforo o azufre— en el momento adecuado mejora el perfil nutricional del pasto.Reserva forrajera
Ensilar o henificar el excedente permite cubrir baches productivos sin recurrir a concentrados comerciales.
Resultados concretos: más carne, menos costos
Estudios del INTA confirman que el uso de pasturas de alto valor nutritivo puede mejorar entre un 15 y un 30% la ganancia diaria de peso vivo, dependiendo del sistema y la categoría animal.
Además, al lograr mayor eficiencia en la conversión alimenticia, el productor puede reducir los días necesarios para alcanzar el peso de faena, lo que se traduce en menores costos por animal y mayor rotación del capital invertido.
“Una recría pastoril eficiente con pasturas bien manejadas puede igualar o incluso superar los resultados de sistemas con suplemento, sin asumir los mismos riesgos económicos”, destaca Torres.
Sustentabilidad y bienestar animal: beneficios colaterales
Además del impacto económico, la mejora en la calidad del forraje tiene efectos positivos en el ambiente y en el bienestar del rodeo.
Algunas ventajas destacadas:
Reducción de emisiones por kilo de carne: una mejor dieta disminuye la producción de metano entérico.
Mayor retención de carbono en el suelo: las raíces de las pasturas perennes contribuyen al secuestro de carbono.
Mejor salud animal: los animales bien alimentados desarrollan menos enfermedades, lo que reduce el uso de antibióticos y mejora el índice de conversión.
Desde el punto de vista ético y ambiental, producir carne en base a sistemas pastoriles sostenibles se alinea con las exigencias de los consumidores actuales, cada vez más atentos a la trazabilidad y al impacto ambiental de lo que consumen.
Pasturas: una inversión estratégica a largo plazo
Adoptar pasturas más nutritivas no requiere grandes inversiones iniciales, pero sí demanda planificación, asesoramiento técnico y seguimiento continuo. El resultado es un sistema ganadero más rentable, resiliente y adaptado a los desafíos del mercado actual.
En un escenario de precios volátiles y exigencias crecientes, la eficiencia en el uso del recurso forrajero se vuelve un factor determinante. Invertir en calidad de pasturas es invertir en el futuro de la ganadería argentina.