En Formosa, los acuíferos presentan gran heterogeneidad y no son predecibles, por lo que es fundamental evaluar el comportamiento del pozo antes de perforar. Técnicos del INTA El Colorado y del Servicio Provincial de Agua Potable (SPAP) de Formosa coinciden en que es necesario estudiar las condiciones territoriales para asegurar el abastecimiento subterráneo destinado a la actividad ganadera.
La disponibilidad y la calidad del agua subterránea varían según factores como el tipo de sedimentos, la profundidad del nivel freático, el espesor de la zona no saturada y la influencia de cursos superficiales. Estas diferencias explican por qué, incluso en campos cercanos, un pozo puede suministrar agua dulce y otro, a pocos metros, agua con alta salinidad.
En el oeste de la provincia, por ejemplo en Ingeniero Juárez, la zona no saturada puede superar los 15 metros y está compuesta por sedimentos finos (arenas muy finas, limos y arcillas), lo que enlentece los procesos de recarga. En cambio, en la capital provincial ese espesor es cercano a los 4 metros y predominan materiales más gruesos, como arenas de distinta granulometría, que favorecen una mejor retención y circulación del agua.
En áreas cercanas a cursos como el riacho El Porteño la conductividad del agua puede variar marcadamente a lo largo del año: se observan picos de salinidad en épocas secas y descensos tras lluvias o por la descarga del Bañado La Estrella. Esto impone la necesidad de un monitoreo continuo antes de decidir el uso del recurso.
Medir el comportamiento del pozo es tan importante como la perforación misma. Sin datos como recuperación, nivel estático y dinámico y caudal, no es posible estimar la vida útil del sistema ni confirmar si la bomba seleccionada sostendrá la demanda del establecimiento. Los ensayos de bombeo ayudan a evitar sobreexigencias, fallas y pérdidas económicas por perforaciones subdimensionadas.
Recomendaciones prácticas:
– Realizar un estudio de prospección previo para conocer sedimentos, profundidad del acuífero y limitantes del terreno.
– Solicitar análisis físico-químicos completos antes de usar el agua en el rodeo, sobre todo en zonas con salinidad variable.
– Ejecutar ensayos de bombeo al finalizar la perforación para verificar que el caudal satisface la demanda.
– Calcular la necesidad de agua del rodeo; en condiciones de calor extremo el consumo puede llegar a 80–100 litros por animal y día.
– Repetir controles de calidad en distintos momentos del año donde la conductividad varía con lluvias y sequías.
– Combinar fuentes: un reservorio de lluvia bien diseñado junto con una perforación confiable ofrece mayor seguridad hídrica.
El agua subterránea debe considerarse parte de un sistema integrado: la heterogeneidad ambiental de Formosa —sequías, lluvias intensas, pulsos de ríos, suelos variables y acuíferos someros o profundos— exige planificación basada en información precisa y criterios técnicos adaptados al ambiente chaqueño. La articulación entre instituciones facilita transferir estos conocimientos a los productores y acompaña decisiones que mejoran la eficiencia y la productividad ganadera. Conocer el subsuelo antes de perforar es una inversión que reduce riesgos y problemas futuros.


