Política del miedo no logró impedir la histórica victoria de El-Sayed en el Senado de EEUU

Política del miedo no logró impedir la histórica victoria de El-Sayed en el Senado de EEUU

DEARBORN, EEUU, 4 nov (Reuters) – Donald Trump lo tildó en repetidas ocasiones de yihadista, mientras que su rival republicano puso en duda su lealtad a Estados Unidos. Los folletos de campaña insinuaban que tenía vínculos con terroristas y advertían que, si resultaba elegido, impondría la sharia en Míchigan.

Por Nathan Layne

Aun así, ganó. El-Sayed interpretó su victoria en las elecciones de mitad de legislatura del martes como una reprimenda a esa retórica, y acusó a su rival republicano, Mike Rogers, de llevar a cabo lo que calificó de campaña históricamente repugnante y basada en el odio.

Antes de que Abdul El-Sayed pudiera hacer historia como el primer musulmán ‌elegido para el Senado de Estados Unidos, tuvo que soportar lo que ‌los críticos ⁠calificaron como una de las campañas más abiertamente islamófobas de la política estadounidense moderna.

Los ataques fueron ​una característica definitoria ⁠de la campaña, lo que suscitó preocupaciones por ⁠la seguridad entre los residentes de Dearborn y sus alrededores —sede de una de las comunidades árabe-estadounidenses más grandes del país—, afirmaron esta semana las autoridades locales y los vecinos.

“Tú elegiste el odio, y Míchigan eligió la esperanza”, afirmó El-Sayed en su discurso de victoria.

David Kolar, un profesor de música de 32 años, señaló que el énfasis en ‌la religión de El-Sayed le recordaba la reacción hostil a la que se enfrentaron los musulmanes tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, un ​período que, en su opinión, el país ya había dejado atrás.

El-Sayed, de 42 años, un egipcio-estadounidense nacido en Míchigan, licenciado en Medicina y ​que anteriormente ocupó el cargo de director de Sanidad de Detroit, se presentó como un candidato progresista centrado en la salud y el costo de vida.

Rogers afirmó que sus objeciones a El-Sayed eran ideológicas, no religiosas. Sin embargo, lo describió como una amenaza para la seguridad nacional e hizo campaña junto a republicanos que fueron aún más lejos.

“Tenemos libertad de culto, y si él es ​de fe musulmana, que así sea”, dijo Kolar tras votar por El-Sayed en Warren, un suburbio de Detroit.

Rogers apareció junto al senador John Kennedy, un republicano de Luisiana que afirmó que El-Sayed duerme “con una camiseta de Bin Laden”, y junto al senador Ted Cruz, un republicano de Texas, quien lo calificó El-Sayed de “duende yihadista” y advirtió de que morirían estadounidenses si ganaba.

El principal fue Trump, quien tildó a El-Sayed de terrorista y lo comparó con los secuestradores del 11 de septiembre.

A diferencia de lo que ocurrió tras el 11 de septiembre o durante la prohibición de entrada a los musulmanes en el primer mandato de Trump, señaló, hubo poca reacción por parte de las élites del Partido Republicano.

Los ataques destacaron no solo por su gravedad, sino también por la facilidad con la que destacados republicanos los hicieron suyos, afirmó Nazita Lajevardi, profesora asociada de la Universidad de Míchigan que ​estudia la intersección entre política, raza y religión.

UNA CAMPAÑA DE ATAQUES

“Esta es la campaña islamófoba más atroz y más intolerante que he visto”, afirmó. “Lo que se está viendo no es solo hostilidad, ⁠racismo e intolerancia por parte del presidente (…) sino que también se observa en los miembros de a pie del Partido Republicano”.

En Ohio, los anuncios utilizaron como arma el relato de la candidata demócrata a gobernadora, Amy Acton, sobre cómo sobrevivió a una agresión sexual en su juventud.

Liderados por Trump, los republicanos tildaron a los candidatos demócratas de radicales, antiestadounidenses e incluso comunistas a lo largo de toda la campaña. El candidato demócrata al Senado James Talarico fue ridiculizado ‌en Texas con el apodo de “Talafreako” por sus opiniones sobre género y sexualidad.

Aun así, quizá ninguna campaña se apoyó tanto en la política identitaria como la carrera por el Senado de Míchigan.

Sin embargo, los votantes parecían mucho más preocupados por los temas económicos que por los ataques, en una campaña electoral en la que los demócratas, incluidos Talarico y Acton, obtuvieron victorias aplastantes.

Estados Unidos calificó este año a algunas ramas de los Hermanos Musulmanes como organizaciones terroristas. El-Sayed se desmarcó del grupo y negó cualquier vínculo con él, y no ha surgido ninguna prueba que lo relacione con dicha organización.

Los republicanos intentaron vincular a El-Sayed con los Hermanos Musulmanes utilizando escritos de hace una década sobre el cambio político en Egipto y publicaciones en redes sociales de su media hermana.

Posteriormente se disculpó, alegando que sus comentarios podrían haberse malinterpretado y que “no era el momento de explicar el contexto”.

Los republicanos también se centraron en la respuesta de El-Sayed al atentado de marzo contra la sinagoga Templo Israel de Míchigan. En un comunicado condenando la violencia, afirmó que “la gente que sufre hace sufrir ‌a los demás”, lo que provocó la ira de algunos líderes judíos que criticaron el comentario por considerar que justificaba la violencia antisemita.

Cuando Reuters le pidió que fundamentara esa afirmación, el director de comunicación del partido, Ted Goodman, se refirió al comentario “la gente que sufre ⁠hace sufrir a los demás”, que, según él, equivalía a justificar un atentado terrorista contra niños.

Los aliados de Rogers ⁠sacaron a relucir este episodio hasta las últimas horas de la campaña. En vísperas de las elecciones, el Partido Republicano de Míchigan celebró una rueda de prensa en la que participaron líderes de las comunidades judía y negra opuestos a El-Sayed, junto a ‌un gran cartel rojo en el que se le acusaba de ofrecer “REFUGIO A LOS TERRORISTAS”.

Robin Cook, de 73 años, fue uno de ellos. “No creo que sea un verdadero estadounidense”, dijo refiriéndose a El-Sayed. “No confío en él”.

El argumento caló entre algunos votantes. Cinco de las aproximadamente 30 personas entrevistadas por Reuters en el ⁠área de Detroit afirmaron que la fe musulmana de El-Sayed o sus supuestos vínculos con el extremismo influyeron decisivamente en su voto a favor de Rogers.

La mayoría de los votantes entrevistados considera los ataques como actos desesperados y una distracción de sus preocupaciones económicas. Los no musulmanes destacaron que los musulmanes y los árabes estadounidenses formaban parte de su vida cotidiana, señalando a amigos, vecinos, compañeros de trabajo y médicos de sus comunidades.

DEARBORN SE DEFIENDE

Sin embargo, los residentes de Dearborn afirmaron que esa retórica tenía consecuencias en ‌el mundo real, ya que alimentaba los temores en materia de seguridad.

“Crecí rodeada de personas de todas las nacionalidades”, dijo Pamela Johnson, una católica de 72 años, tras votar por El-Sayed. “Todos somos importantes, independientemente del color, la raza o lo que sea”.

Soofi, de 49 años, que ha votado tres veces a Trump, afirmó que podría haber apoyado a Rogers si el candidato se hubiera distanciado de la retórica antimusulmana de Trump. En cambio, votó por El-Sayed.

Imad Soofi, un empresario que emigró de Yemen hace dos décadas, ​afirmó que había observado un aumento de la hostilidad antimusulmana desde que Trump comenzó a atacar a El-Sayed, incluyendo comentarios dirigidos a las mujeres que llevan hiyab en público.

“Ha habido un cuestionamiento constante sobre hasta qué punto se puede ser estadounidense ‌siendo musulmán. ¿Hasta qué punto se puede ser estadounidense siendo árabe-estadounidense?”, declaró Farhat en una entrevista. “Sucede, pero una y otra vez demostramos lo estadounidenses que somos”.

Alabas Farhat, que representa a partes de Dearborn y Detroit en la Cámara de Representantes de Míchigan, afirmó que la campaña recicló los tópicos antimusulmanes a los que los árabes estadounidenses de la región se habían enfrentado durante años.

(Reportaje de Nathan Layne en Dearborn, Detroit, Warren y Harrison Township, Míchigan; Editado en español por Juana Casas)

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