Lorena Basso, una ejecutiva argentina, hizo historia al asumir la presidencia de la Federación Internacional de Semillas (ISF) durante el Congreso Mundial de Semillas celebrado en Lisboa del 17 al 20 de mayo. Es la primera mujer en liderar esta organización centenaria que representa a la industria semillera global desde 1924, un hecho relevante para Argentina y para la industria agrícola internacional. La elección resulta especialmente simbólica: además de romper un techo de género en la ISF, la presidencia de Basso abre una ventana para dar mayor visibilidad a la producción y la innovación semillera latinoamericana en foros globales.
El congreso, que reunió a más de 1.300 participantes y representantes de más de 80 países bajo el lema “Seed is Life”, funcionó como plataforma para intercambiar conocimientos, promover negocios y debatir los desafíos estratégicos del sector. En ese marco, se llevaron a cabo paneles técnicos, espacios de networking y reuniones institucionales que abordaron temas clave como el desarrollo de nuevas variedades, la adaptación al cambio climático, la seguridad alimentaria y el futuro de segmentos como la floricultura.
Basso, que hasta su ascenso se desempeñaba como vicepresidenta de la ISF (cargo al que había sido elegida en 2024) y previamente ocupó la segunda vicepresidencia entre 2022 y 2024, sucede al empresario indio Arthur Santosh Attavar. Su trayectoria incluye el liderazgo de una empresa semillera familiar de tercera generación y una gestión destacada al frente de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) entre 2019 y 2023. Desde ASA subrayaron que su asunción representa “un orgullo para Argentina” y la posibilidad de fortalecer la participación del país en los debates internacionales sobre innovación y producción agrícola.
La llegada de una argentina a la presidencia de la ISF tiene varias implicancias prácticas. Por un lado, facilita la proyección internacional de la industria semillera argentina, que podrá ganar mayor visibilidad en foros técnicos y regulatorios. Por otro, abre canales para posicionar las prioridades regionales en agendas globales vinculadas a regulación, comercio y acceso a tecnologías. En sus palabras al asumir, Basso destacó el valor colectivo de este nombramiento: lo definió como un reconocimiento al apoyo y la confianza de personas de Argentina, América Latina y de toda la industria que la acompañaron en su trayectoria.
El congreso enfatizó la idea central de que las semillas son la base de los sistemas alimentarios: “Seed is Life” no solo fue un lema, sino un llamado a reconocer el impacto de las semillas en la productividad agrícola, la innovación, la resiliencia climática y el abastecimiento de las futuras generaciones. Expertos de distintos países insistieron en que el trabajo del sector semillero incide directamente en el rendimiento de cultivos, la calidad sanitaria de la producción y la disponibilidad de variedades adaptadas a condiciones ambientales cambiantes.
Entre los temas técnicos y estratégicos que dominaron la agenda, ocupó un lugar destacado el desarrollo de variedades resistentes al cambio climático. La necesidad de semillas que toleren sequías, temperaturas extremas y enfermedades emergentes fue planteada como una prioridad global. En paralelo, se debatió el papel de las nuevas tecnologías en el mejoramiento vegetal: la biotecnología, la edición génica, el mejoramiento convencional, la gestión de datos y la inteligencia artificial fueron identificadas como herramientas clave para acelerar la obtención de semillas con mayor rendimiento y sanidad.
Los paneles también abordaron los desafíos operativos que enfrentan las empresas semilleras. Las tensiones geopolíticas y los conflictos armados implican aumentos de costos, dificultades en el acceso a insumos y problemas logísticos que repercuten en la cadena de valor. Estos factores, señalaron los participantes, incrementan la complejidad para asegurar suministros y mantener la competitividad global. La colaboración internacional y sistemas regulatorios coherentes aparecen como elementos esenciales para mitigar esos impactos y sostener la innovación.
La ISF, organización no gubernamental sin fines de lucro, tiene como misión representar los intereses de la industria mundial de semillas y promover marcos regulatorios que favorezcan la innovación, el comercio internacional y el acceso a nuevas tecnologías aplicadas a la producción agrícola. Bajo la nueva presidencia de Basso, la entidad podrá reforzar su papel como interlocutora en debates sobre regulaciones y políticas públicas que influyen en la investigación, el intercambio de germoplasma y la adopción de herramientas biotecnológicas. Ese posicionamiento resulta clave para equilibrar la protección de los derechos de los obtentores, el acceso a semillas de calidad y la promoción de prácticas sostenibles.
Un punto relevante del congreso fue la convergencia entre ciencia y mercado. Las empresas semilleras requieren marcos que incentiven la investigación y la inversión, pero también demanda transparencia regulatoria y acceso a mercados internacionales. La innovación —desde técnicas tradicionales de selección hasta la edición génica y la incorporación de big data en el mejoramiento— necesita un entorno que permita su desarrollo responsable y su implementación en campo sin trabas innecesarias. En este contexto, la figura de Basso puede ser un nexo para promover políticas que faciliten la adopción de tecnologías en países de distintas realidades productivas.
Además de la agenda técnica, el Congreso Mundial de Semillas ofreció oportunidades de negocios y acuerdos comerciales. Los encuentros B2B y las reuniones institucionales permitieron a empresas y asociaciones identificar alianzas estratégicas, compartir experiencias sobre prácticas de producción y explorar nuevas cadenas de suministro. Para la industria argentina, esto significa potenciales vínculos con distribuidores y centros de investigación internacionales, así como mayor exposición a mercados externos.
La elección de una mujer al frente de la ISF también tiene un valor simbólico en términos de diversidad y liderazgo en el agro. Aunque la agricultura y la industria semillera han sido históricamente dominadas por hombres en puestos directivos, la presencia de mujeres en roles de decisión está creciendo. El nombramiento de Basso refuerza esa tendencia y puede inspirar a más profesionales femeninas a ocupar espacios de liderazgo en cadenas productivas, investigación y gobernanza del sector.
Con la presidencia de Lorena Basso, la ISF inicia un ciclo en el que la combinación de experiencia regional y enfoque global puede contribuir a fortalecer la interlocución entre países, promover innovación responsable y responder a los retos que plantea la seguridad alimentaria mundial. El sector semillero enfrenta desafíos complejos —cambio climático, tensiones geopolíticas, demanda creciente de alimentos— y, al mismo tiempo, dispone de herramientas científicas y comerciales para impulsar soluciones. La gestión que ahora comienza buscará equilibrar la promoción de tecnologías avanzadas con la necesidad de marcos regulatorios que faciliten el acceso a semillas mejoradas sin sacrificar sostenibilidad y equidad.
En síntesis, la asunción de Lorena Basso como la primera presidenta mujer de la ISF es un hito que combina valor simbólico y potencial estratégico. Representa una oportunidad para visibilizar la industria semillera argentina en la escena internacional y para articular respuestas colectivas a los desafíos que enfrenta la agricultura global. En un momento en que las semillas son entendidas como pieza clave para la seguridad alimentaria y la resiliencia climática, la nueva presidencia deberá impulsar la innovación, la cooperación internacional y políticas que permitan que la semilla siga cumpliendo su función esencial: sostener la vida y la producción agrícola del futuro.





