Lluvias récord en la región pampeana: el 73% del área recibió hasta 300 mm más de lo normal y se redefine la campaña agrícola

Las reservas hídricas impulsan al trigo y al maíz en el centro del país, mientras el norte enfrenta el riesgo de chicharrita y márgenes ajustados

El calendario agrícola avanzaba sin grandes sobresaltos, hasta que julio trajo un giro inesperado: lluvias generalizadas, intensas y prolongadas que recargaron los perfiles de humedad en toda la región pampeana. Lo que en campañas anteriores era motivo de preocupación por déficit hídrico, este año se transformó en un recurso estratégico. Las precipitaciones de 2025 no solo rompieron récords en acumulados, sino que además se distribuyeron de forma inusualmente pareja, alterando las perspectivas productivas para el trigo y el maíz en distintas zonas del país.

Una región que desbordó de agua

Según el último informe especial de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el 73% de la región pampeana acumuló entre 50 y 300 milímetros más que la media histórica en lo que va del año. Esta anomalía no es menor: el noreste bonaerense encabeza el ranking con cifras extraordinarias. Chacabucoalcanzó 1040 mm, 9 de Julio llegó a 1030 mm, Baradero a 950 mm, y Saladillo a 930 mm.

Este comportamiento, inédito por su simultaneidad en toda el área pampeana, remite a la campaña 2021/22, cuando el trigo alcanzó un volumen récord de 23 millones de toneladas. Técnicos de la BCR coinciden: “Que llueva bien en toda la región pampeana es algo poco habitual. Este año está ocurriendo y puede marcar un antes y un después”.

Sin embargo, el exceso no se distribuyó sin consecuencias. En el centro-oeste de Buenos Aires, más de 700.000 hectáreas quedaron anegadas, afectando siembras, labores culturales y logística.

El impacto climático según la bolsa de cereales de buenos aires

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) confirmó este fenómeno en su Informe de Perspectivas Agroclimáticas: la semana del 13 de agosto comenzó con una irrupción de vientos polares que provocaron heladas generalizadas en el sur de Buenos Aires, seguidas por el ingreso de vientos del norte que elevarán las temperaturas en el norte y centro del país.

En cuanto a las lluvias, se espera que una nueva tanda de precipitaciones de frente caliente —lluvias sin descenso térmico— aporte registros entre 10 y 23 mm en la mayor parte de la región pampeana, con valores superiores a 50 mm en el centro bonaerense y el sudeste santafesino. En cambio, el norte del área agrícola, el Chaco, el NOA y buena parte del Paraguay registrarían aportes escasos o nulos.

El trigo toma impulso: lotes parejos y expectativas altas

El trigo se perfila como el gran protagonista del invierno. La superficie sembrada para la campaña 2025/26 alcanza 6,9 millones de hectáreas, igualando el volumen de la campaña récord 2021/22. Más aún: el 80% de los lotes muestra una condición muy buena, gracias a la combinación de humedad adecuada, temperaturas moderadas y buen estado sanitario inicial.

En la provincia de Buenos Aires, sin embargo, las lluvias excesivas provocaron un recorte de unas 100.000 hectáreas, especialmente en el noreste y sudeste. Allí, se intentó compensar con siembras de ciclos cortos después del 15 de julio, pero muchos productores optaron por cambiar hacia cebada o girasol, en busca de márgenes económicos más atractivos.

En el norte del país, zonas como Santiago del Estero pasaron de la parálisis por sequía a un escenario de recuperación gracias a las lluvias recientes. Aunque la emergencia de los cultivos fue irregular, se espera una mejora con las próximas precipitaciones. A la vez, crece la intención de ampliar el área de girasol tardío, aprovechando buenas experiencias recientes y una ventana de siembra extendida hasta mediados de octubre.

El maíz temprano crece en el centro y retrocede en el norte

La cosecha de maíz 2024/25 cerró con 48,5 millones de toneladas y un rendimiento promedio de 69,2 qq/ha. Pero todas las miradas están puestas en lo que viene. En el centro del país, las condiciones son ideales para una siembra temprana vigorosa. Se proyecta un aumento interanual del 15 al 20%, apalancado por la excelente humedad del perfil, la pérdida de competitividad de la soja y la necesidad de rotación.

Sin embargo, el norte argentino muestra un panorama más complejo. En Chaco y Santiago del Estero, las decisiones de siembra se ven condicionadas por la reaparición de la chicharrita del maíz, que ya encendió alarmas. En trampas instaladas en Gancedo, Pinedo y Sachayoj, se captaron más de 300 insectos por unidad, un nivel considerado altísimo.

Lo más preocupante es que el insecto ya se detecta en lotes de trigo, que si bien no se ven afectados, sirven de hospedante invernal, lo que aumenta el riesgo de contagio en los primeros lotes de maíz.

Entre márgenes ajustados y alternativas más rentables

El problema en el norte no es solo sanitario. Los márgenes económicos para el maíz están muy comprometidos: los costos de producción y transporte reducen drásticamente la rentabilidad esperada. Por eso, muchos productores están migrando hacia oleaginosas como el girasol o el algodón, que presentan un mejor escenario económico en esta campaña.

La Bolsa de Comercio de Rosario lo resume claramente: “En Chaco, la combinación de riesgo sanitario y estructura de costos deja al maíz en desventaja frente a cultivos industriales”.

Una campaña que promete, pero exige atención

El panorama para la agricultura argentina cambió radicalmente en pocas semanas. Las lluvias de julio y agosto revirtieron un escenario de incertidumbre hídrica y empujaron al trigo y al maíz a una posición favorable. En la región núcleo, las condiciones para una doble revancha agrícola están dadas. Pero el norte presenta un dilema complejo entre las amenazas fitosanitarias y la falta de margen económico.

Mientras el trigo avanza con fuerza y el maíz se prepara para desplegarse en el centro del país, la atención de los técnicos y productores deberá estar puesta en la gestión de enfermedades, el monitoreo de plagas y las decisiones estratégicas de siembra. Octubre será un mes clave, y el clima —una vez más— tendrá la última palabra.

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