La incertidumbre domina el escenario internacional. La invasión rusa en Ucrania, lejos de resolverse, continúa alterando los flujos comerciales de commodities agrícolas. A ello se suman las tensiones geopolíticas crecientes entre Estados Unidos y China, que afectan no solo a los granos, sino también a la economía global en general.
En un artículo publicado en La Nación, el analista de mercados Enrique Erize trazó un panorama de alta volatilidad, con múltiples focos de preocupación para el productor argentino. Según Erize, las señales que llegan desde el exterior son confusas y requieren una lectura atenta, más aún cuando el mercado de futuros opera con márgenes de error muy estrechos y con expectativas que cambian semana a semana.
La Reserva Federal de EE.UU., por ejemplo, mantiene una política monetaria restrictiva, lo que sostiene el valor del dólar y presiona sobre las monedas emergentes. Esto, junto a los recortes en las cosechas de Brasil y el retraso en las siembras del hemisferio norte, configura un tablero donde las variables externas son cada vez más difíciles de anticipar.
Entre la indefinición oficial y la urgencia del productor
En este marco internacional inestable, la situación local añade una dosis extra de incertidumbre. El ministro de Economía, Luis Caputo, aún no ha confirmado si continuará vigente la baja temporal de retenciones al maíz, una medida que vence a fin de mes y que ha sido clave para dinamizar las ventas de los productores en las últimas semanas.

El cereal, que hoy tributa un 9,5% frente al 12% habitual, se volvió más competitivo para la exportación, lo que generó un repunte en las operaciones. La expectativa de los ruralistas, expresada a través de distintas entidades, es que el Gobierno prorrogue la medida al menos por 30 días más, lo que permitiría descomprimir la presión sobre las decisiones comerciales de la campaña.
Pero hasta el momento, el silencio oficial mantiene en vilo al mercado. Como advirtió Enrique Erize en La Nación, no se trata de una medida menor. Su continuidad podría significar una diferencia clave entre mantener el flujo de exportaciones o frenar la comercialización en plena campaña fina.
Al mismo tiempo, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires alertó sobre los posibles impactos que tendría la discontinuación de este alivio fiscal. Si bien los márgenes mejoraron gracias a la baja coyuntural de insumos como herbicidas y agroquímicos, el aumento en los costos de servicios agrícolas —como labores, fletes y almacenaje— sigue ajustando la rentabilidad del productor.
La mirada del mercado: qué señales siguen los analistas
Los operadores del mercado local también monitorean de cerca la demanda china y los movimientos del real brasileño. China viene recortando sus compras de maíz, lo que impacta directamente en la balanza exportadora sudamericana. A su vez, la moneda brasileña volvió a depreciarse, lo que da una ventaja competitiva a sus exportadores y obliga a la Argentina a ajustar su estrategia.
Frente a esto, las señales de política económica local se vuelven determinantes. Una prórroga en la baja de retenciones al maíz no solo aliviaría la presión sobre los productores, sino que también enviaría una señal de previsibilidad al mercado.

Erize remarca que la incertidumbre es el peor enemigo del agro, más aún en un país donde la carga fiscal y las dificultades logísticas ya son altas. Por eso, más allá de su impacto puntual en el precio de exportación, lo que está en juego con esta medida es la credibilidad de las reglas de juego.
La decisión que marcará la próxima campaña
Con el clima jugado a favor en varias zonas productivas, especialmente en la región núcleo, la ventana de siembra triguera se acorta, y los productores necesitan tomar decisiones con rapidez. Pero la falta de definiciones oficiales sobre la política fiscal agrava la parálisis de muchas decisiones de inversión.
Según diversos analistas, entre ellos Erize, si no hay continuidad en la medida, el efecto podría traducirse en una caída de ventas, menor flujo de divisas y una desaceleración en la siembra temprana de maíz para la campaña 2025/26, una de las grandes apuestas del nuevo ciclo.
Mientras tanto, desde las entidades agropecuarias insisten en que prorrogar la baja no tendría un costo fiscal significativo, pero sí ofrecería un alivio importante para un sector que sigue siendo clave para la generación de divisas.


