En una jornada organizada por Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, empresarios y referentes del sector agroindustrial discutieron los principales obstáculos y desafíos para producir e invertir en la Argentina. La discusión giró en torno a la carga tributaria —con énfasis en las retenciones, el impuesto al cheque y el impuesto sobre los ingresos brutos— y a la necesidad de incorporar tecnología, aumentar la industrialización y elevar la eficiencia productiva para recuperar competitividad.
Las retenciones a las exportaciones agropecuarias, reinstaladas después de la crisis de 2002 y modificadas en distintos momentos, siguen siendo un punto conflictivo. Su peso en la economía rural fue recordado como un factor que distorsiona decisiones de inversión y producción, con un pico de tensión en 2008 por la Resolución 125, que establecía retenciones móviles y desencadenó un fuerte enfrentamiento entre el gobierno de entonces y las entidades del campo.
Cristiano Rattazzi, uno de los oradores más destacados, repasó su trayectoria empresarial y familiar vinculada a la Argentina y argumentó que el país aún conserva condiciones para crecer si resuelve sus problemas estructurales. Rattazzi criticó la estructura impositiva actual por su complejidad y los efectos que tiene sobre la inversión. Señaló como especialmente gravosos impuestos como las retenciones y el llamado “impuesto al cheque”, y consideró a Ingresos Brutos —de carácter provincial— como el más distorsivo para la producción. Propuso, a modo de alternativa temporal, sustituir las retenciones mediante un préstamo externo que permita eliminarlas durante un período de un año, con la idea de que luego se reorienten hacia Ganancias.
Además de cuestionar la presión tributaria, Rattazzi apuntó a la dificultad que generan las incertidumbres judiciales y la falta de previsibilidad normativa. Mencionó el caso de una ley laboral aprobada por el Congreso que quedó paralizada por una intervención judicial, algo que describió como un obstáculo insólito para la certezas de largo plazo. Según su visión, esa inestabilidad desalienta la inversión y fomenta la preferencia por rendimientos financieros sobre proyectos productivos.
Rattazzi también hizo hincapié en el rol del interior del país para el desarrollo y sostuvo que no es razonable pensar que el Gran Buenos Aires sea el único motor de crecimiento. Para él, el desarrollo vendrá de las provincias y de la actividad agropecuaria, por lo que es necesario crear condiciones que favorezcan la inversión y la transformación productiva en esas regiones.
En el mismo encuentro, Christian Angió, director del negocio agropecuario de Ledesma, puso el foco en la productividad y en transformar las ventajas naturales de la Argentina en competitividad concreta. Recordó que el país estuvo entre las economías más prósperas hace un siglo y sostuvo que recuperar altos niveles de desarrollo es posible si se aumentan rendimientos sin necesidad de expandir la superficie cultivada. Angió explicó que la empresa trabaja en un plan estratégico hacia 2030 para reducir brechas productivas y estimó que en las hectáreas actuales existe un potencial de aumento del 30% mediante incorporación de tecnología, mejores insumos y eficiencia en procesos tanto agrícolas como ganaderos.
Tanto Rattazzi como Angió coincidieron en la necesidad de estabilidad macroeconómica, acceso al crédito y reglas de juego claras para permitir inversiones de largo plazo y promover la industrialización. Angió subrayó que la baja industrialización observada en la producción se relaciona con la falta de incentivos para pensar en plazos largos y con la dificultad para financiar proyectos que agreguen valor localmente. Para convertir ventajas comparativas —como clima, suelo y acceso a puertos— en ventajas competitivas, afirmó que hacen falta instituciones sólidas, reglas estables y apertura comercial mediante acuerdos de libre comercio.
Un tema recurrente fue la urgencia de incorporar tecnología y elevar el valor agregado de la producción. Rattazzi advirtió sobre el avance de la industria automotriz china y la velocidad de cambio en tecnologías productivas, lo que exige adaptaciones rápidas para no perder competitividad. A su juicio, la Argentina debe orientarse hacia actividades de mayor valor agregado y mayor contenido tecnológico, tanto en la industria manufacturera como en el agro.
En la discusión se remarcó también la necesidad de simplificar el sistema tributario. La multiplicidad de impuestos y la carga administrativa que representan, especialmente a nivel provincial, fueron señaladas como barreras que complican la actividad empresarial y productiva. La simplificación fiscal, junto con certeza judicial y previsibilidad normativa, aparecen como condiciones necesarias para atraer inversiones sostenidas.
Otro punto destacado fue el cambio de lógica empresarial que el contexto actual exige. Durante años, gran parte de la rentabilidad de muchas empresas estuvo asociada a actividades financieras más que a incrementos en la productividad real. Rattazzi sostuvo que esa situación debe revertirse y que las empresas deben orientarse a mejorar eficiencia, incorporar tecnologías y optimizar procesos productivos. La mirada, dijo, tiene que pasar de estar permanentemente atada al valor del dólar a enfocarse en la productividad y en cómo aprovechar mejor los recursos y la capacidad instalada.
El encuentro incluyó la participación de diversos actores del agro y la industria vinculada, quienes plantearon reclamos similares: reducción de la carga impositiva, mayores incentivos para la industrialización, reglas de juego estables y políticas que favorezcan la inversión en tecnología. También se destacó la responsabilidad del sector privado en impulsar procesos de mejora continua y en buscar formas de agregar valor internamente, siempre con el soporte de políticas públicas coherentes.
En síntesis, la jornada organizó un diagnóstico compartido: la Argentina tiene potenciales naturales y capacidades productivas que pueden ser la base de un crecimiento sostenido, pero estas solo se concretarán si se actúa sobre tres frentes principales. Primero, una reforma del marco tributario que alivie la presión sobre la producción y simplifique las cargas, con especial atención a retenciones, impuesto al cheque e Ingresos Brutos. Segundo, mayor previsibilidad institucional y judicial que permita planificar inversiones a largo plazo. Tercero, una apuesta decidida por la adopción de tecnología, la eficiencia productiva y la industrialización para transformar ventajas comparativas en ventajas competitivas. Sin estos cambios, coincidieron los expositores, será difícil que la inversión y la producción alcancen su potencial pleno. Con ellos, en cambio, la Argentina podría recuperar dinamismo y generar oportunidades de desarrollo en el interior del país.





