El sorgo vuelve a ganar terreno: no hospeda la chicharrita y suma cada vez más ventajas frente al maíz

La elevada presencia de la chicharrita mantiene en alerta a los productores de maíz, mientras el sorgo consolida su crecimiento por una combinación de ventajas sanitarias, agronómicas y comerciales. Menores costos, mayor estabilidad en ambientes restrictivos y una demanda internacional sostenida explican el renovado interés por el cultivo.

La chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios para la agricultura argentina. Aunque el invierno suele reducir la actividad de numerosos insectos, los últimos monitoreos muestran que en buena parte del norte del país las poblaciones siguen siendo elevadas, un escenario que obliga a planificar con especial cuidado la próxima campaña de maíz.

Los relevamientos de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis reflejan esa realidad. En el NOA, el 95 % de las 42 localidades evaluadas registró presencia de la plaga y el 83 % alcanzó la categoría de máxima abundancia, con más de 100 adultos capturados por trampa. En el NEA, la situación también preocupa: el insecto estuvo presente en el 98 %de los sitios monitoreados y más de la mitad registró poblaciones muy elevadas, con casos destacados en Bandera y Tacañitas, en Santiago del Estero.

A este escenario se suma la presencia de plantas voluntarias de maíz, conocidas como “guachos”, que funcionan como puente verde y permiten la supervivencia del insecto entre campañas. Esa combinación mantiene elevado el riesgo sanitario para el cereal y vuelve a poner sobre la mesa alternativas que reduzcan la exposición de los productores.

Una ventaja sanitaria que hoy pesa más que nunca

En ese contexto, el sorgo presenta un diferencial claro: no es hospedero de Dalbulus maidis, por lo que no participa del ciclo biológico de la chicharrita. Esa característica adquiere especial importancia en las regiones donde la presión de la plaga continúa siendo alta.

El sorgo vuelve a crecer en Argentina impulsado por su estabilidad productiva y su menor exposición a la chicharrita del maíz.
El sorgo vuelve a crecer en Argentina impulsado por su estabilidad productiva y su menor exposición a la chicharrita del maíz.

Sin embargo, el renovado interés por el cultivo va mucho más allá de la coyuntura sanitaria. En los últimos años, el sorgo comenzó a recuperar protagonismo gracias a una combinación de costos competitivos, estabilidad productiva, buena adaptación a ambientes con restricciones hídricas y una demanda exportadora que continúa firme.

Una campaña que marcó un punto de inflexión

La campaña 2024/25 significó uno de los mejores ciclos recientes para el sorgo argentino. La superficie sembrada creció alrededor de un 25 % respecto del ciclo anterior y se aproximó al millón de hectáreas, mientras que la producción se ubicó entre 2,9 y 3,2 millones de toneladas, según distintas estimaciones del sector.

Tras ese crecimiento, las primeras proyecciones para la próxima campaña ubican la superficie de sorgo granífero en torno a las 800.000 hectáreas. No obstante, el resultado final dependerá de variables como la evolución de los precios, el comportamiento climático y la situación sanitaria que enfrente el maíz durante la nueva campaña.

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China sostiene la demanda y fortalece el negocio

El mercado internacional también explica el buen momento que atraviesa el cultivo.

Actualmente, entre el 90 % y el 95 % de las exportaciones argentinas de sorgo tienen como destino China, especialmente durante la ventana comercial comprendida entre mayo y septiembre. Esa fuerte demanda permite que, cuando el gigante asiático incrementa sus compras, el sorgo mejore rápidamente su competitividad frente a otras alternativas agrícolas.

    El sistema radicular del sorgo mejora la exploración del suelo y aporta mayor estabilidad en ambientes con restricciones hídricas.
El sistema radicular del sorgo mejora la exploración del suelo y aporta mayor estabilidad en ambientes con restricciones hídricas.

Este escenario aporta previsibilidad comercial y explica por qué cada vez más productores vuelven a incorporar el cultivo dentro de sus planteos agrícolas.

Mucho más que un cultivo para ambientes marginales

Durante muchos años el sorgo fue considerado una opción destinada exclusivamente a lotes de menor potencial productivo. Esa percepción comenzó a cambiar de manera acelerada.

Hoy, con híbridos modernos y un manejo agronómico adecuado, el cultivo puede expresar un potencial muy superior al que muestran los promedios nacionales. Si bien el rendimiento promedio argentino suele ubicarse entre 4.000 y 5.000 kg/ha, en ambientes favorables es posible alcanzar entre 8.000 y 12.000 kg/ha.

La última campaña dejó numerosos ejemplos de ese potencial. Provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríosregistraron promedios de entre 60 y 70 qq/ha, mientras que muchos establecimientos superaron ampliamente esos valores.

Un aliado para mejorar el suelo

Otra de las fortalezas del sorgo aparece debajo de la superficie.

Su sistema radicular, abundante y profundamente ramificado, le permite explorar un mayor volumen de suelo que otros cultivos estivales, acceder a agua y nutrientes en profundidad y mantener una mayor estabilidad productiva cuando las lluvias escasean.

Además, genera una importante cantidad de biomasa aérea y subterránea. Ese aporte incrementa el ingreso de carbono al perfil, favorece la formación de materia orgánica y mejora progresivamente la estructura física del suelo.

El abundante rastrojo también protege la superficie frente a la erosión, disminuye las pérdidas de agua por evaporación y contribuye a conservar la humedad disponible para los cultivos siguientes. Diversos trabajos técnicos señalan además que el desarrollo radicular del sorgo favorece la infiltración del agua y ayuda a reducir problemas de compactación en determinados ambientes.

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La fecha de siembra define buena parte del rendimiento

El momento elegido para implantar el cultivo continúa siendo uno de los factores que más condiciona el resultado final.

Las siembras tempranas permiten capturar el mayor potencial cuando existe buena disponibilidad hídrica, mientras que las tardías suelen ofrecer mayor estabilidad en campañas secas, aunque requieren híbridos de ciclo corto o intermedio debido a la reducción de la ventana efectiva de crecimiento.

Los especialistas recomiendan planificar la fecha de siembra para que el período crítico del cultivo —entre aproximadamente 20 días antes y 20 días después de la floración— coincida con la mejor disponibilidad de agua esperada.

Tecnología para reducir riesgos

La implantación también influye sobre el potencial del cultivo. La siembra con placa mejora la uniformidad respecto de la siembra a chorrillo y favorece una distribución más homogénea de las plantas, mientras que las distancias entre surcos suelen ubicarse entre 42 y 52 centímetros, ajustándose según el ambiente y el objetivo productivo.

En materia genética, la tolerancia al pulgón amarillo se transformó en una característica prácticamente indispensable para reducir riesgos productivos.

Dentro de las alternativas disponibles, RAGT Semillas ofrece el híbrido TOB 1078 IG, orientado a producción de grano y planteos de doble propósito, y el TOB 1074 IG, desarrollado para silaje de alta calidad y con tolerancia tanto al pulgón amarillo como a herbicidas del grupo de las imidazolinonas.

Ambos materiales forman parte de la plataforma SFull, que integra las tecnologías Igrowth® y SProtect®, desarrolladas para facilitar el manejo de malezas y disminuir el impacto de una de las principales plagas que hoy enfrenta el cultivo.

Más allá de las tecnologías disponibles, el panorama actual confirma que el sorgo dejó de ser una alternativa de nicho para convertirse en una opción cada vez más estratégica dentro de los planteos agrícolas argentinos. Su combinación de menor riesgo sanitario, estabilidad productiva, aporte a la conservación del suelo y una demanda exportadora consolidada explica por qué vuelve a ocupar un lugar destacado en la planificación de la próxima campaña.

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