La siembra directa “no trabaja sola”: cómo La Juanita combina suelo, rotación y datos para cuidar el agua
Una gira técnica por campos de Marcos Juárez dejó en evidencia por qué esa zona de Córdoba es considerada una de las más valiosas del mundo para la agricultura. La combinación de suelos profundos, clima benigno y manejo local la distingue frente a otros grandes cinturones agrícolas como el medio oeste norteamericano y Ucrania.
El reconocimiento llegó de la mano del investigador Chad Lee, quien calificó los suelos de Marcos Juárez como “unos de los mejores del mundo” tras visitar el establecimiento La Juanita. Ese elogio puso en foco la gestión a largo plazo del suelo y la visión de productores que piensan en décadas, no solo en la campaña anual.
La visita que reunió a productores de tres países
La recorrida se realizó el 3 de agosto, un día antes del inicio del Congreso Aapresid en Rosario, y reunió a delegados de Bolivia, Brasil y Argentina interesados en prácticas agrícolas. La Cooperativa General Paz y la chacra La Juanita fueron paradas centrales donde se discutió la historia y el presente de la siembra directa en la zona núcleo.
Además de la charla técnica, la comitiva visitó fábricas de sembradoras en Las Parejas y campos en Monte Buey, Corral de Bustos y Monte Maíz. Fue una experiencia práctica que recordó cómo la innovación local se consolidó desde los años 70 y fue fortalecida por grupos regionales creados hace cerca de 30 años.
El modelo productivo de La Juanita
En la visita, el ingeniero agrónomo Valentín Gentiletti explicó el trabajo de la Regional Los Surgentes–Inriville que Aapresid desarrolla en la zona. La gestión regional apunta a combinar técnicas para sostener la productividad en condiciones con limitaciones hídricas.
Gentiletti sintetizó la realidad con una frase contundente: “Nuestra principal limitante acá es el agua. Nuestra segunda principal limitante es el agua”. El déficit hídrico promedio reportado es de 280 milímetros, una cifra que condiciona decisiones de cultivo y manejo.
La producción se realiza en un 95 % en secano, sin riego, y la demanda atmosférica promedio (evapotranspiración) es de 1.170 milímetros frente a una lluvia anual de 890 milímetros. Ese balance hídrico obliga a optimizar cada milímetro de agua almacenado en el perfil del suelo.
Los tres pilares para sostener la siembra directa
La Regional afirma que la siembra directa “no trabaja sola” y la sustenta en tres pilares: la técnica de conservación en sí, las rotaciones de cultivo y la gestión de datos. Ese tripié técnico busca evitar el desperdicio de agua y mejorar la salud del suelo.
- Siembra directa: conserva estructura y materia orgánica, favoreciendo la infiltración y el almacenamiento de agua en profundidad.
- Rotación de cultivos: alternan maíz, soja y trigo con cultivos de servicio como vicia, centeno y triticale para mejorar cobertura y nutrientes; la Regional calcula una reducción del 40 % en emisiones de dióxido de carbono gracias a esa estrategia.
- Gestión de datos: llevan registros de campañas desde 2011 y monitorean napas y cuencas; además crearon una chacra experimental en 2018 para evaluar prácticas locales.
El suelo ayuda: predominan clases 1 y 2, Argiudoles y Hapludoles con buena capacidad de almacenaje en profundidad. Ese capital físico es clave para la eficiencia del sistema en años secos y húmedos.
El agua, mirada desde el exterior
Visitas como la de la directora científica del Soil Health Institute y asesores brasileños aportaron comparaciones útiles para dimensionar la ventaja local. Un productor de Río Grande del Sur destacó que en su región llueve más volumen anual pero menos en los meses críticos para los cultivos de verano.
Según esa lectura climática, solo alrededor del 30 % de la lluvia en su zona cae durante el período de mayor demanda de los cultivos, un contraste con la distribución pluviométrica de Marcos Juárez. Las napas freáticas también difieren: en Marcos Juárez aparecen a 50–80 centímetros, mientras que en otras zonas están mucho más profundas.
Caytiba: manejo familiar y decisiones productivas
La empresa familiar Caytiba abrió sus tranqueras y mostró un manejo sobre 4.100 hectáreas, con cerca de 3.500 hectáreas agrícolas y 600 hectáreas ganaderas entre los distintos miembros del grupo. La escala familiar permitió ver decisiones técnicas de corto y largo plazo en un contexto real.
En esa chacra no usan Brachiaria por adaptación climática y priorizan centeno y triticale como gramíneas de servicio. El triticale se beneficia del nitrógeno residual del maíz previo, mientras que el centeno aporta biomasa y control de malezas.
Nutrición, estructuración del suelo y maíz tardío
El equipo técnico realiza análisis de suelo y mide nitratos entre 0 y 60 centímetros antes de decidir dosis. En trigo de alto potencial apuntan a 160 kilogramos de nitrógeno por hectárea, y ese día el lote había recibido 200 kilogramos de urea en presiembra.
Detectaron estructuras laminares a unos 5 centímetros de profundidad y usan una estrategia recurrente resumida así: “gramínea, gramínea, gramínea” combinada con nutrición correcta. Entre las tácticas de manejo aparece el maíz tardío, sembrado entre el 10 y el 15 de diciembre, para aprovechar mayor mineralización y nitratos disponibles.
Las mediciones indican que en diciembre el suelo puede llegar con 100 a 120 kilogramos de nitrato por hectárea frente a 50 a 60 kilogramos en septiembre, lo que mejora la respuesta del cultivo tardío. El trade-off es un barbecho más largo que aumenta costos y exige planificación.
Perspectivas y balance
Para Chad Lee, el valor del sistema argentino no se mide solo por rindes sino por la gestión que contempla mejoras a 10 o 20 años. Ese enfoque de largo plazo fue destacado por productores y técnicos presentes en la gira.
Verónica Ballario, parte de la cuarta generación a cargo del campo, recordó que la agricultura sigue siendo una producción a cielo abierto con riesgos inherentes. La combinación de siembra directa, rotación y gestión de datos aparece como la apuesta concreta para mejorar la resiliencia climática y asegurar la sustentabilidad productiva de la zona núcleo.




