Sube la imagen de Milei, pero el 75% siente que el salario pierde contra la inflación

Aunque la mayoría percibe que el salario pierde contra la inflación, mejora la imagen presidencial y crecen las expectativas de rumbo, según el último Monitor de Opinión Pública.

a fotografía social de la Argentina de comienzos de 2026 expone una paradoja que empieza a ordenar el clima político. Mientras tres de cada cuatro personas sienten que su salario pierde contra la inflación, la imagen positiva del presidente Javier Milei muestra una mejora y vuelve a ubicarse en un terreno de paridad, según la última medición del Monitor de Opinión Pública.

El contraste no es menor ni circunstancial. El 74,7% de los encuestados afirma que sus ingresos no logran ganarle a la inflación, un dato que atraviesa a todos los niveles socioeconómicos y que sigue marcando la vida cotidiana, pero que convive con una lectura política más compleja que en meses anteriores.

El salario como núcleo del malestar persistente

El informe confirma que la pérdida de poder adquisitivo continúa siendo el principal factor de presión social. Solo un 20,8% considera que su salario logra empatar o superar la inflación, mientras que el resto describe un escenario de ajuste permanente, con dificultades para sostener consumo, ahorro y gastos básicos.

A este diagnóstico se suma una brecha de credibilidad que sigue pesando en la percepción pública. El 56,4% no cree que el dato de inflación publicado por el INDEC refleje lo que vive en la calle, aunque el 41,4% reconoce que el índice oficial comienza a acercarse más a su experiencia cotidiana. Esa mejora relativa en la confianza estadística no alcanza, sin embargo, para revertir la sensación de asfixia en los presupuestos familiares.

La distancia entre los números macro y la economía doméstica ayuda a explicar por qué la inflación puede desacelerarse en términos técnicos sin generar todavía una percepción de alivio real. Los precios sensibles, los servicios y los costos fijos siguen funcionando como anclas del malestar.

Una economía que sigue siendo negativa, pero menos cerrada

La evaluación sobre la situación económica del país continúa siendo mayoritariamente crítica, aunque muestra un giro en el margen. En enero, el 48,2% califica la economía argentina como negativa, pero el 31,4% ya la evalúa como positiva, un porcentaje que creció respecto de mediciones anteriores.

Aunque la mayoría percibe que el salario pierde contra la inflación, mejora la imagen presidencial y crecen las expectativas de rumbo, según el último Monitor de Opinión Pública.

Ese corrimiento no expresa euforia, sino comparación. Parte de la sociedad no percibe que la economía esté “bien”, pero sí observa un escenario menos caótico que en meses previos, con señales de orden o previsibilidad que comienzan a pesar en la evaluación general.

La encuesta también revela una diferencia relevante entre economía personal y economía nacional. La percepción sobre la situación individual muestra valores algo más favorables que la mirada sobre el país, una dinámica que suele anticipar cambios de humor más amplios cuando se consolida en el tiempo.

Expectativas 2026: empate técnico y cautela

Cuando la mirada se proyecta hacia adelante, el escenario aparece prácticamente dividido en mitades. El 48% cree que la situación económica del país será negativa en 2026, frente a un 47,4% que proyecta un escenario positivo, una diferencia mínima que describe un clima social expectante, pero lejos del optimismo pleno.

El informe introduce, no obstante, un dato clave para interpretar ese empate. La intensidad del pesimismo es mayor que la del optimismo, ya que el 39,6% se declara “muy pesimista”, frente a un 27,4% “muy optimista”, lo que muestra que la incertidumbre sigue siendo un componente central del humor social.

En ese marco, el equilibrio no significa confianza, sino transición. La sociedad empieza a imaginar un 2026 algo más previsible, aun cuando el impacto sobre los ingresos siga siendo el dato más contundente del presente.

Milei mejora su imagen sin mejora inmediata en el bolsillo

En este contexto, la imagen de Javier Milei registra una mejora significativa respecto del cierre de 2025. En enero, el presidente alcanza un 45% de valoración positiva, frente a un 48,2% negativa, un resultado que lo devuelve a una zona de paridad política.

El dato sugiere un cambio en la forma en que parte de la opinión pública procesa la coyuntura. La evaluación presidencial empieza a incorporar con mayor peso la percepción de rumbo, las expectativas de estabilización y la comparación con el pasado reciente, incluso cuando la mejora no se traduce todavía en el día a día.

En contraste, la imagen del gobernador bonaerense Axel Kicillof muestra un deterioro más marcado. Con 31,7% de imagen positiva y 59,4% negativa, profundiza un saldo adverso que refleja el desgaste de algunas figuras opositoras en un electorado que exige señales concretas y resultados visibles.

Venezuela y la grieta trasladada a la política exterior

El Monitor de Opinión Pública incorpora además un capítulo que excede la economía y expone la profundidad de la polarización política. Frente a la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el 48,3% se manifestó a favor y el 42,9% en contra, pero el dato más contundente surge al observar la segmentación por voto.

Entre votantes de Milei, el respaldo a la intervención es casi total, mientras que entre opositores ocurre exactamente lo inverso. La política exterior aparece así como un tema espejo de la grieta local, replicando alineamientos internos con una fidelidad llamativa.

Un clima social en transición

El informe de enero no describe una sociedad satisfecha, pero sí menos encapsulada en el pesimismo absoluto. La mejora en la imagen presidencial, el leve giro en la evaluación económica y el empate en las expectativas para 2026 conviven con un dato que no pierde centralidad: el salario sigue perdiendo contra la inflación.

Esa convivencia de percepciones define el momento actual. El presente continúa siendo exigente, pero el futuro dejó de estar completamente clausurado, y en ese espacio ambiguo empieza a reconfigurarse el clima social y político de la Argentina.

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